LEB Oro

Bajo el estigma de las personales

Bajo el estigma de las personales

El juego del Covirán ha girado en torno al espigado pívot siempre que estaba en pista, algo poco habitual por sus problemas de faltas

Juanjo Martín
JUANJO MARTÍNGranada

Medir 2'13 metros puede venir muy bien en algunos aspectos del baloncesto, como adentrarse con garantías en las cercanías el aro y cuerpear con las torres rivales sin miedo a salir repelido con fuerza. Sin embargo, para otras no resulta tan útil. Así lo reconocía mediada la temporada Sergio Olmos, quien afirmó entonces que «siempre he tenido problemas de faltas. Juegas al límite y, al ser tan grande, se te ve bastante». Puede parecer una visión simplista reducirlo todo al tamaño del infractor, pero lo cierto es que el pívot alicantino ha terminado este curso acribillado por las personales.

Los colegiados no han tenido piedad del 'center' del Covirán, al que a poco que se movía ya le estaban indicando falta. En ese sentido, el propio Olmos fue en ocasiones demasiado evidente, metiendo la mano sin opción real de robo al inicio de la posesión del oponente o en las ayudas en las salidas de los bloqueos. En otros lances sí que hubo cierto ensañamiento de los árbitros, que no le dejaban pasar ni medio contacto al pívot. Es decir, la bula que sí tienen otros interiores históricos en LEB Oro como Otegui o Arteaga no era extensible a Olmos, pese a que méritos acumula para ello al haber cumplido ya diez campañas en la segunda categoría nacional.

La introducción del tercer colegiado en pista –novedad de este curso– y, sobre todo, el hecho de portar la elástica de un recién ascendido como el conjunto nazarí han jugado en su contra. De los 29 encuentros disputados en la fase regular, Olmos ha alcanzado la cuarta personal en 17 de ellos. Es decir, en más de la mitad (59%) tuvo que comedirse en defensa o directamente enfiló con prontitud el banquillo. Eso le otorgó el dudoso honor del primer puesto en el ránking de faltas cometidas de toda la Liga (3'45 por partido). En los 'play offs' se mantuvo esa dinámica, pues en tres de los cinco encuentros ante Palma se cargó igualmente de faltas (3'6).

Eso tuvo el efecto inmediato de que su estancia en cancha cayó en picado. Mientras que en su última temporada en Coruña jugó poco (poco más de 16 minutos de media) por decisión técnica –el veterano Hernández-Sonseca le desplazó en la rotación–, en Granada ha terminado jugando prácticamente lo mismo (17) y no por deseo de Pablo Pin. Al técnico le habría gustado contar más tiempo de juego con el pívot, pero el estigma en que se convirtió su problema con las personales frustró esa intención.

El anhelo del entrenador granadino quedó patente al ser el balón interior a Olmos la tradicional primera jugada de ataque del Covirán durante este año. Una vez con la bola en su poder, el eldense solía resolver en acciones de uno contra uno que finalizaba con su característico gancho. Su estilo podrá resultar poco ortodoxo, pero la efectividad del mismo resulta incuestionable de un tipo de lanzamiento que depuró durante su estancia en la estadounidense Universidad de Temple.

Así castigó en las primeras jornadas a Ourense (17 puntos) y a Canoe (20) en un arranque liguero en el que los de gris aún no le habían captado la matrícula. No obstante, el paso de las semanas cambió ese panorama y que el '5' tuviera que abandonar de manera forzosa la cancha se convirtió en una estampa demasiado habitual. Con más tiempo de juego, su promedio de rebotes podría haber crecido a unos números más reconocibles en un pívot de su talento, en lugar de ostentar un registro de 3'2 rechaces que se antoja un tanto pobre.

Por si su tendencia a cometer infracciones resultaba poca traba, Olmos sufrió una fascitis plantar que le obligó en marzo a parar durante cinco partidos. Esa lesión no alteró su concurso posterior, pues cuando se recuperó fue el mismo de siempre y pudo librar una memorable batalla contra Fran Guerra en los 'play offs' ante Palma. Fue el último servicio del curso de un pívot que tendrá otro año más como nazarí para reivindicarse y mostrar su baloncesto sin la cortapisa de las faltas.