«Hay que valorar cómo el Covirán levantó la cabeza y tener los pies en la tierra para exigir»

Migue Zapata posa para IDEALen una reciente visita a Granada/JOSÉ MANUEL PUERTAS
Migue Zapata posa para IDEALen una reciente visita a Granada / JOSÉ MANUEL PUERTAS

El ala-pívot granadino hace balance de su primera temporada fuera de España mientras espera un nuevo destino sin cerrar ninguna puerta

JOS-E MANUEL PUERTAS

La suya es la historia de un nómada del baloncesto. Tras pasar por varios clubes locales, llegó al CBGranada en 2006. Dos años después, se sentó en el banquillo del primer equipo junto a Trifón Poch. Ese es el punto de despegue de una carrera que ya le ha llevado a Irán, México o Alemania, además de a dirigir en LEBPlata al Lucentum Alicante. Ahora, Migue Zapata (Granada, 9 de marzo de 1980), ejerce como ayudante de Pedro Calles en el Rasta Vechta, equipo revelación de la BBLBundesliga alemana, clasificado para Europa en el año de su debut en la categoría, tras una temporada para enmarcar.

–¿Lo logrado en Vechta supera cualquier expectativa inicial?

–Sí, creo que ha sido irrepetible en todos los aspectos. Ni a principios de temporada ni ya a mitad pensábamos que acabaríamos así. No sólo por lo deportivo, sino por la química del equipo y la conexión con los aficionados, incluso le diría que con los de equipos rivales que disfrutaban con nuestro juego. Ha sido un año más de película que de realidad del baloncesto profesional actual.

–Para una ciudad como Vechta será el gran evento ahora mismo.

–Tiene 30.000 habitantes, y los sábados no hay mucho más que hacer. No viene sólo gente del pueblo, sino también de los alrededores. Nos hemos acostumbrado a tener el cartel de 'no hay billetes', con incluso gente de pie en los partidos. Y cuando acaba el encuentro, siguen en el pabellón donde ponen música y bebidas. Se ha convertido en algo social.

–¿Cómo le convence Pedro Calles para dejar un equipo subcampeón en México por un recién ascendido teutón?

–Inicialmente buscaba a alguien con experiencia en Alemania, pero sí sabía que yo reunía el perfil por mi experiencia en ACB. Fue difícil porque estuve muy bien en México, pero volver a Europa y a una liga como la alemana que no para de crecer me gustó. No me costó mucho decirle que sí.

–¿Cómo han gestionado un éxito tan abrumador?

–Pedro fue muy exigente desde el día uno, dejando las cosas claras a los jugadores. Siempre tuvo claro que no habíamos conseguido nada y que queríamos once victorias para firmar la permanencia. A partir de ese momento a la plantilla ya no había que explicarle que no había que creerse nada, y como su ética de trabajo ha sido estupenda, no costó demasiado ponerle los pies en el suelo, aunque Pedro insistiera en ello hasta el último día. En disfrutar sin creernos nada.

–¿Qué tal es enfrentarse a Aíto García-Reneses?

–Él no es muy táctico, sino que deja jugar al equipo. Así que cuando juegas contra él tienes que ir de tú a tú. Tu estilo contra el suyo, sabiendo qué es lo que va a hacer. Intentas minimizar su potencial y disfrutar de un partido contra el Alba Berlín, que es un grande del país.

–¿Y cómo les ha tratado, al ser dos entrenadores españoles y muy jóvenes?

–Cuando vinieron a Vechta quedamos para cenar la noche antes del partido. Es muy cercano. Pese a todo lo que lleva conseguido no es nada pretencioso. Ha habido gran relación.

–Este año jugarán competición europea.

–Toca dar el siguiente salto, sabiendo que el objetivo es la permanencia en la Bundesliga. El presupuesto no ha aumentado demasiado. En la Champions League buscaremos ganar el mayor número de partidos pero sin grandes objetivos. A partir de ahí, lo que venga.

–Acaban de fichar a Steve Vasturia, del Palencia. ¿Han pedido informes a Pablo Pin?

–Yo he hablado más con 'Zamo' Fernández. Pero sí, nos han dado grandes referencias de él.

–¿Se planteaba hace 15 años todo lo que le ha llegado después?

–Si echo la vista a atrás no tengo claro cómo he llegado aquí. Aposté por algo que no es fácil. Algo de suerte he tenido, pero intenté muy fuerte crecer en un trabajo muy inseguro.

–¿Cómo fue regresar al Palacio en 2016 con el Lucentum Alicante?

–Emocionante. No lo había pisado desde el día que dejé el 'Cebé'. Se movieron muchas cosas por dentro, pues había desaparecido mi equipo. Hubo más melancolía que nervios.

–Tras el tiempo fuera, ¿Teme que se olviden de usted en Granada?

–Creo que sí. Son ocho años fuera, me fui con 32 y no hice mucho ruido aquí. Pasé sin pena ni gloria, yéndome por la puerta de atrás. No creo que se acuerden mucho de mí.

–¿Le da pena eso?

–Es parte del trabajo.

–¿Piensa en su vida a medio plazo?

–Es muy difícil, y si no eres un entrenador de altísimo nivel, tienes que jugar con que máximo en dos o tres años tendrás que buscar un sitio nuevo. Casi cada año pensar en nuevas experiencias, en conocer sitios. Lo perfecto sería estar ocho años en mi casa, con mi familia de forma estable. Pero es muy difícil.

–¿Las condiciones en Alemania son mucho mejores que las españolas?

–A nivel laboral sí, excepto para los primeros entrenadores de ACB. El resto están muy por debajo del salario y garantías de un entrenador de la misma categoría en Alemania.

–¿Cómo sigue el baloncesto granadino desde Vechta?

–Lo sigo esté donde esté. En México o Alemania. Es mi equipo de pequeño y el de mi ciudad. Cuando competíamos en Plata obviamente yo quería ascender, pero no escondía a nadie que después quería que subieran ellos. Tiene mucho mérito cómo levantaron la cabeza. Hay que valorarlo y tener los pies en la tierra para exigir objetivos. Llegar a ACB es muy difícil y si sigue muchos años en Oro se debe disfrutar.