Liga Femenina 2

«Es la quinta vez que un club decide no contar conmigo, pero las otras cuatro sí lo entendí»

Quique Gutiérrez posa para la entrevista con IDEAL./Pepe Marín
Quique Gutiérrez posa para la entrevista con IDEAL. / Pepe Marín

El técnico admite su sorpresa por no seguir y en su adiós recalca tanto las dos permanencias en LF-2 como los sacrificios personales realizados

JUANJO MARTÍNGranada

Menos de 24 horas después de que le comunicaran que no seguiría al frente del Hafesa Ramón y Cajal, Quique Gutiérrez aún no se lo creía. El sevillano de nacimiento (1963) y granadino de adopción pasó rápidamente de festejar la permanencia del cuadro nazarí en Liga Femenina 2 a conocer de boca del presidente que su contrato, que finalizaba este verano, no se iba a renovar. El técnico muestra su resignación al respecto al considerar que no sólo era el entrenador de la escuadra rojilla, sino que fue un elemento que ayudó a poner el club donde está ahora, en la segunda categoría nacional. Sin embargo, eso no ha bastado a una directiva que ha decidido que sea otra persona la que lleve las riendas del 'Raca' la próxima temporada.

–¿Le ha sorprendido por la decisión del club de no renovarle?

–Sí, es algo que no me lo esperaba. No me han dado explicaciones pero tampoco yo se las he pedido. Cuando dicen de no querer continuar la relación contigo pueden darte más o menos información, pero a mí ya me daba igual.

–¿Lo considera injusto?

–No es justo ni injusto. El club es soberano a la hora de tomar esa decisión. Evidentemente no me gusta, pero ellos tienen la potestad de fichar al entrenador que quieran.

–¿Cómo se le queda el cuerpo tras cumplir el objetivo de la permanencia y no continuar?

–Nunca hemos estado en puestos de descenso, ni siquiera el primer año que el objetivo era salvarse como sea. Esta temporada esperábamos que fuese algo más desahogado y no pasar tantas fatigas. Al final lo hemos conseguido y hemos sacado dos victorias de margen al descenso, pero si el club decide que no le ha gustado cómo he manejado la situación o el baloncesto que hemos hecho pues ya está, no hay nada que discutir al respecto.

–¿Qué se le pasa por la cabeza ahora mismo?

–Se pasa mal porque es el club de mi ciudad y el estandarte del baloncesto femenino, con el que me había comprometido estos años e incluso he puesto de mi patrimonio. He hecho mucho por colaborar para que vaya bien. No soy un mercenario ni mi relación era puramente mercantil, había mucho más. Después de haberle puesto todo el cariño y deseo del mundo, de hacer tu trabajo y cumplir los objetivos, no continuar... Me habría gustado al menos una reunión previa para que me dijeran qué cosas no les gusta y qué debía cambiar. En estos tres años he vivido situaciones que no eran fáciles de manejar y lo hemos hecho bien. Pronto hemos pasado de ser un equipo de colegio, en el buen sentido de la palabra, a un club profesional, y lo cierto es que no lo somos, por mucho que queramos vender la 'moto'. Afortunadamente somos un equipo de colegio y hemos actuado magníficamente como tal. Todos, incluido yo, hemos hecho grandes sacrificios estos tres años para que esto funcione. Por eso, de pronto no puede romperse como si fuésemos un club profesional. Hay que hacer las cosas de otra manera, pero cada uno es mayorcito para saber lo que se hace.

–¿No tenía ningún indicio de que optaran por no renovarle?

–Hace unas semanas, después del partido contra Leganés, hablé con la directiva de que el equipo necesitaba renovarse para competir y aceptar nuevos retos. Traer más refuerzos para mantener un equipo en Liga Femenina 2 y que la gente de Granada pudiera tener un trampolín en el que dar el salto al baloncesto profesional. En ningún momento me dijeron nada, ni que estaban descontentos conmigo, ni que las jugadoras no me querían, ni que no sabía manejar el grupo. Nada.

–Sin duda un final abrupto para una temporada en la que se consiguió la permanencia, pese a que hubo momentos en que parecía todo lo contrario.

–Granada seguirá en LF-2 pero es cierto que hubo momentos en que lo pasamos francamente mal. El partido de Alhaurín fue el que marcó la permanencia, pues de haber perdido ese habría estado muy complicada la permanencia.

–«La semana previa a jugar en Alhaurín no se la deseo ni a mi peor enemigo». Eso dijo tras sellar la permanencia del equipo.

–Había mucha tensión y lo he pasado mal porque pensaba en el descenso y me parecía una catástrofe. Con lo que había costado salir en Liga Femenina 2 y estabilizarnos, el año que más controlado estaba todo a nivel de club corríamos el peligro de bajar y habría costado mucho volver. Los equipos de Primera Nacional se están gastando mucho dinero para subir, por lo que descender habría sido horrible.

–¿Qué ha cambiado para que el curso anterior se lograse una salvación medio tranquila y en este haya sido tan agónica?

–Confluyen varios factores. Por un lado el año pasado la ilusión de debutar en LF-2 nos dio un plus que este año no lo hemos tenido con tanta intensidad. Por otro lado ha subido el nivel de la Liga y había menos involucrados en la pelea por el descenso. Luego está que hemos tenido un calendario que empezaba duro y aflojaba, cuando el año pasado fue al revés. Eso son datos objetivos. También es cierto que en casa no hemos estado bien con los rivales de abajo y hemos perdido contra Alhaurín, Magec y Murcia. Afortunadamente fuimos capaces de ganar a equipos de la zona media como Claret, Gran Canaria, Canoe y Alcobendas, que es lo que finalmente nos ha dado la salvación.

–La lesión de Sydnor tampoco ha ayudado demasiado.

–El año pasado tuvimos muchos problemas de lesiones y en este curso le han llegado los problemas a una jugadora muy importante como Sydnor. Sólo ha jugado sana el primer partido de la segunda vuelta. Los demás, o no los ha jugado o lo ha hecho con dolor en el hombro de tiro. Eso ha hecho que todo fuese más difícil de lo previsto.

–En más de una ocasión ha puesto el grito en el cielo por la indolencia de sus jugadoras. Parecía que les daba igual ganar o perder.

–Personalmente he sufrido mucho porque la posibilidad de descenso era real y quería convencer al grupo de había que reaccionar rápido. Eso ha generado mucho desgaste y tensión. Las jugadoras lo han pasado mal, pero tenía que generar ese ambiente para que despertáramos. Hay mucho de verdad en lo que he dicho, pero al final somos personas y los estados de ánimo pesan en las jugadoras. Ellas se merecen todo mi respeto por lo logrado y lo que lograrán, pero son personas y no todos los días puedes estar al máximo. El problema es que algunos de esos días eran significativos y se hicieron malos partidos, como Leganés con el pabellón lleno.

–Después de esos rapapolvos públicos, ¿notó una mejoría?

–No. Percibía al equipo muy presionado. Ellas siempre han peleado por ascender y verse en una pelea por evitar el fracaso cuesta mucho mentalmente. No es algo fácil de manejar y, si no lo has vivido nunca, resulta aún más complicado.

–¿Sirve como excusa que la plantilla esté formada por jugadoras semiprofesionales?

–Si fuésemos una plantilla netamente profesional algunas cosas habrían sido más fáciles, pero era algo que sabíamos desde el primer día de pretemporada, así que no es excusa. El año que viene será aún más difícil la LF-2 y no es cuestión de que las jugadoras echen más horas, sino de que haya refuerzos suficientes desde el principio, aunque eso obligue a un esfuerzo económico del club. Si estás siempre comprando boletos para descender, al final bajarás.

–Una de las grandes noticias de este año ha sido Marina Gea. Pese a su juventud ha mostrado valentía y talento bajo presión.

–Desde que la vi en cadete de primer año deseé entrenarla. Nos ha dado mucho, se ha adaptado perfectamente al grupo y aún es júnior. Ojalá haya más casos como el de ella de gente de Granada que pueda jugar en LF-2, ya sea de 'Raca' o de otros clubes.

–A nivel estadístico ha habido un descenso individual con respecto al año pasado. ¿Tan profundo ha sido el cambio de roles en el equipo esta temporada?

–Sí. El año pasado Arrivi, Ganter y Arrojo no empezaron la temporada y al final los minutos se repartían entre ocho o nueve jugadoras. Este año ha sido más difícil al haber doce. La pérdida de importancia a nivel estadístico de algunas jugadoras se ha debido a una construcción distinta del equipo.

–El anterior curso se acusó la rotación corta por las lesiones y en esta el pecado ha sido por exceso.

–Quisimos solucionar el problema del año pasado de pasar meses entrenando sólo con nueve jugadoras y hemos partido de la base de doce. Todas se merecían estar y al final hubo 'overbooking'. Algunas lo han pasado mal y yo también al verlas, pero son las circunstancias.

–Ese problema sobre todo se concentró en el juego exterior, pues por dentro se quejó de que sólo tenía dos pivots.

–Hubo partidos en la parte 'blanda' del calendario que se escaparon porque Sydnor y Rodríguez asumieron demasiados minutos previamente. En la segunda vuelta, ya con Miscenko, iba a ser distinto pero vino la lesión de Maryah.

–Natabou primero y Miscenko después. La pintura ha dado quebraderos de cabeza esta campaña.

–A Natabou creo que la competición no le apasionaba, y tampoco el esfuerzo sostenido por competir y mejorar. No daba ese perfil. Sobre Miscenko, si pensamos que la fichamos para salvarnos, ha hecho su trabajo. Hizo dos partidos a buen nivel, los ganamos y nos hemos salvado. Eso sí, quitando esa variable de la permanencia, su rendimiento no ha sido bueno, pero sin ella no continuaría el club en LF-2.

–Haciendo examen de conciencia, ¿considera que ha hecho todo lo que estaba en su mano para merecerse seguir en 'Raca'?

–Esta es la quinta vez que un club decide no contar conmigo y las otras cuatro sí las entendí perfectamente. Hubo motivos más que objetivos para tomar esa decisión, como haber descendido, no estar el equipo bien y llegar un partido importante, tener la plantilla dividida... Pero esta vez no lo he entendido. No quiero ser arrogante ni falto de humildad, pero me siento muy orgulloso de haber liderado todo lo que se ha hecho en estos tres años. Nadie habrá venido a grabarnos nuestros partidos para enseñarlos en una clase y mis entrenamientos seguro que no son los mejores, pero el trabajo realizado para llegar a la meta cada año ha sido de mucho mérito por parte de todos. Hemos lidiado con situaciones que la gente desde fuera no tiene ni idea de lo que hemos hecho y al final siempre hemos cumplido con el objetivo de la permanencia. Por eso no sólo estoy tranquilo, sino que me siento orgulloso, y es la primera vez que digo algo así públicamente.