Baloncesto

La mejor LEB Oro de la última década

Guille Rubio./FERMÍN RODRÍGUEZ
Guille Rubio. / FERMÍN RODRÍGUEZ

Betis y Bilbao dan lustre a una categoría revitalizada desde que puede ascenderse a la ACB

JUANJO MARTÍN / JOSÉ MANUEL PUERTASGranada

Hubo un tiempo en que en la LEB Oro se disparaba con pólvora de rey. El aliciente de estar a un solo paso de la ACB, considerada entonces la segunda mejor Liga del mundo por detrás de la NBA, resultaba demasiado goloso para resistirse y un sinfín de ciudades se volcaron con tal de codearse con Real Madrid, Barcelona, Baskonia o Unicaja, entre otros. Los presupuestos millonarios se multiplicaban cada año y estrellas que podían jugar en la máxima categoría lo hacían en la segunda división a fuerza de talonario. Sin embargo, todo cambió a raíz de la crisis económica y la triste realidad de que lo que se presumía el salto a la élite nacional en realidad significaba precipitarse al vacío.

Los equipos realizaban esfuerzos titánicos por reunir el dinero suficiente para ser competitivos y gobernar en Oro para después darse de bruces con el muro del canon y otros desorbitados requisitos económicos que imponía la Patronal de la ACB. Durante varias campañas el acceso a la élite estuvo restringido, de manera que se produjo el sinsentido de que los conjuntos que deberían descender no lo hacían, y los que tenían que subir se quedaban donde estaban. Imposible mantener un esquema en el que jugadores, aficionados y patrocinadores se sentían estafados por el nulo efecto de los esfuerzos realizados durante todo un año, por lo que la competición organizada por la FEBpasó de ser catalogada como la segunda mejor de Europa a caer en desgracia. Los jugadores cambiaron sus miras a otros países más pujantes y el nivel continuó así su descenso en picado.

Ese panorama cambió drásticamente hace dos años, cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia levantó el dedo acusador hacia la ACB y provocó un 'tsunami' que derivó en un acuerdo para abaratar el acceso a la máxima división del baloncesto español. Guipúzcoa y Burgos consolidaron entonces en los despachos el ascenso deportivo labrado en la pista y se recuperó la ansiada normalidad. Atrás quedaron los años que el conjunto castellano subía en abril o mayo para luego conocer en julio que no podría hacer realidad el sueño de su hinchada. Esa década oscura llegó a su fin y hace unos meses se confirmó este nuevo amanecer con los ascensos por segunda campaña consecutiva de los mejores sobre la cancha (Breogán y Manresa).

Con esa certeza, los clubes han vuelto a realizar una apuesta potente en lo económico al ver que la senda a la ACBestá de nuevo abierta. Ese camino lo quieren emprender de manera ascendente Betis y Bilbao tras hacerlo el pasado curso en sentido descendente. Sevillanos y vascos dan lustre con su presencia y sus multimillonarias plantillas a una LEB Oro a la que acaba de llegar el Covirán. Los nazaríes están centrados en una salvación temprana, para así dejar un resquicio abierto a la ilusión de un Palacio que sueña con volver a la ACB.

Ese anhelo popular choca con la realidad de que los rojinegros no están ni siquiera cerca del grupo principal de favoritos. Betis, Bilbao, Coruña, Palma, Palencia o Melilla, por mencionar algunos, adelantan a los granadinos en las cábalas. Eso sin olvidarse de la revelación que aparece de cuando en cuando y hace saltar los pronósticos, como le sucedió a Prat la temporada anterior. La humildad debe marcar cada paso efectuado por la escuadra de Pablo Pin, que tendrá que aprender a marchas forzadas lo que supone estar a las puertas de la élite para, cuando llegue la oportunidad, cruzar ese umbral con la confianza de estar preparado para dar la talla.

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