BALONCESTO

«Cuando llegué a Granada no me imaginaba que la temporada fuese a salir tan bien»

Un reverso de Ferrán Torres con garra y calidad./FERMÍN RODRÍGUEZ
Un reverso de Ferrán Torres con garra y calidad. / FERMÍN RODRÍGUEZ

El pívot Ferrán Torres se despide con palabras de agradecimiento a la afición tras su regreso obligado a Tarragona por motivos laborales

JUANJO MARTÍNGRANADA

El primer equipo de la Fundación CB Granada prácticamente va a repetir en pleno la próxima campaña en la LEB Oro. A las seis renovaciones ya garantizadas tras el ascenso -De Cobos, Rodríguez, Marín, Almazán, Bortolussi y Wright- hay que sumar la continuidad de Carlos Corts y David Iriarte, confirmada ayer oficialmente por el club y avanzada por IDEAL. Sin embargo, uno de los que no podrá seguir a las órdenes de Pablo Pin, aunque lo desease el técnico granadino, es Ferrán Torres.

El pívot apenas ha militado una campaña en el conjunto nazarí, pero le ha bastado para ganarse el cariño y la admiración de la parroquia rojinegra. En ese escaso lapso de tiempo, sus movimientos en el poste bajo y su tremenda habilidad a la hora de sumar en las cercanías del aro impresionaron gratamente a los seguidores. La grada reconoció al interior su esfuerzo y su aporte en el curso del ascenso, más allá de lo que muestren sus números (6'3 puntos y 3'7 rebotes para 6'1 de valoración).

Torres admite que no esperaba un año tan redondo cuando salió de Tarragona, el club en el que ha desarrollado el grueso de su carrera deportiva. «Al principio no me imaginaba que todo iba a salir tan bien, aunque una vez vi el equipo que se había formado tenía claro que iba a salir algo bueno. El proyecto era ambicioso, pues había que quedar primeros y ascender sin pasar por los 'play offs'. Se formó un grupo muy majo y los resultados acabaron llegando», expresa.

Los pivots rivales siempre se afanaron por aminorar el efecto de Ferrán en la cancha, si bien su 'kriptonita' de este año fueron las lesiones. Una rotura de fibras y un problema en el tobillo frenaron su ritmo, algo que el catalán achaca a que «llevaba años sin entrenar mañana y tarde», además de añadir con humor que «también tengo ya una edad (30 años) y eso al final pasa factura».

Esas trabas físicas casi le impiden jugar la final de la Copa LEB Plata, en la que salió a pista para disputar únicamente los últimos segundos. «Pablo Pin me dijo que quería que yo ganara la Copa como jugador, no en el banquillo. Hice la rueda de calentamiento pero en realidad no estaba vendado para poder jugar. Cuando salí a cuatro segundos del final los 'fisios' me dijeron que ni saltara ni hiciera nada (risas). Fue un bonito detalle del entrenador».

El técnico granadino se deshace en elogios para hablar de Ferrán, al que define como «un jugador muy honesto que ha tirado del grupo en la sombra». El pívot comenta con humildad que «sé lo que cuesta cumplir los objetivos y lo que hay que sudar, por eso intento aprovechar al máximo cada oportunidad».

Ese reto de exprimir cada segundo de acción se contempló especialmente en la recta final de temporada, en la que Torres brilló con especial intensidad y sacó a relucir su don para anotar canastas, con independencia de que no fuese especialmente ortodoxo en su manera de mirar al aro. «Cuando me llamaron para fichar les avisé de que estéticamente yo no era muy corriente. Cuando era un chaval y estaba empezando, Berni Álvarez -exjugador y actual ayudante en la selección sub 18- me dijo que daba igual cómo lo hiciera, pero lo importante es que la pelota entrara. Sé que tiro raro y este año no he tenido la efectividad de otras temporadas, pero siempre intenté aportar».

A lo largo de la campaña, a Torres nunca le asaltaron las dudas sobre la consecución del ascenso, ni siquiera después de las derrotas. El interior señala que «perder ante Alicante no fue doloroso, ni en la primera vuelta ni en la segunda en el Palacio, pues ese día nosotros estuvimos bien pero ellos lo metieron todo. Lo que sí dolió fue perder ante Martorell y Murcia, porque nos podía haber costado no acabar en la primera posición».

Ese liderato al término de la fase regular permitió el ascenso directo a la LEB Oro, algo que tomó más valor si cabe tras ser testigos desde la distancia de la revelación de Canoe en las eliminatorias para subir. Ferrán comenta al respecto que «al final da igual la posición en la tabla, cuenta mucho más el estado físico y la dinámica de equipo. La Roda vio el ascenso directo muy cerca y le costó mentalizarse por tener que aguantar un mes y medio más. Lo que ha hecho Canoe era impensable pues nosotros les ganamos los dos partidos con comodidad. Sus series frente a Albacete y Alicante han sido sorprendentes», reconoce.

Ese trance de los 'play offs' se lo ahorraron los nazaríes, quienes se vieron con el ascenso en el bolsillo «tras ganar a Ávila, cuando estuvimos viendo en el vestuario el partido entre La Roda y Albacete. Ahí fue cuando supimos que ya lo teníamos en la mano». La certeza se produjo una semana después en Pamplona, donde la euforia por subir no quedó eclipsada lo más mínimo por el hecho de que Torres no podría continuar en Granada. «Ya sabía desde enero que no iba a seguir, pero más que tristeza lo que sentí fue alegría de poder marcharme tranquilo tras conseguir el objetivo».

La excedencia laboral de la que ha disfrutado sólo podía ser de un curso, dado que «mi tío se ha cansado y he tenido que coger las riendas de la empresa familiar. Es mejor hacerlo ya que apurar un par de temporadas más y luego tener que empezar de cero con la compañía». Así las cosas, Ferrán regresó a tierras catalanas para dedicarse de nuevo a ser pintor, su verdadera profesión y algo que le llevó a ser objeto de bromas por parte de sus compañeros.

«Estos últimos años en Tarragona, Berni me dejaba entrenar sólo tres tardes para compaginarlo con el trabajo. Llegaba a los entrenamientos siempre con la hora justa y con la ropa del trabajo, lleno de pintura. Los compañeros se lo pasaban muy bien a mi costa, mientras que los nuevos, sobre todo los extranjeros, se quedaban al principio con cara de preguntarse '¿de dónde han sacado a este tipo?'», detalla entre risas el pívot catalán.

Ferrán Torres también desea constatar el apoyo recibido durante su breve estancia en Granada. «El alcalde Paco Cuenca me dedicó unas bonitas palabras en la charla que tuvimos. También doy las gracias a los aficionados, sobre todo a las peñas. El cariño que me han mostrado es difícil que me lo den en otro sitio. No he hecho nada que no hiciera normalmente y en un equipo con Wright y Bortolussi apenas he podido demostrar mi juego, pero siempre me dedicaron aplausos y eso se lo agradezco».

De cara a la próxima campaña, Torres aún no sabe si podrá fichar por algún equipo. «Primero he de ver si el trabajo afloja de aquí a septiembre, pues ahora estoy acabando a las siete y media de la tarde y no puedo formar parte en un equipo. Una vez llegue ese momento, y si el físico me lo permite, intentaré seguir jugando». Con independencia de su futuro deportivo, el pívot asegura que estará muy pendiente de la escuadra nazarí, sobre todo cuando jueguen en Cataluña.

En su despedida, Ferrán añade con ilusión que «espero que el año que viene Granada disfrute de la LEB Oro. Ojalá se metan en 'play offs', pues si conservan el grupo hay buenas mimbres para ello». Así dice adiós un jugador al que le bastó un año para mostrar su habilidad para moverse en el poste bajo, pero apenas unos días para ganarse el corazón de la familia nazarí.

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