Baloncesto

El 'fango' ahoga a los gladiadores

El balón se le escapa a Rubio y Wright (derecha) por la línea de fondo, como al Covirán el triunfo./RAMÓN L. PÉREZ
El balón se le escapa a Rubio y Wright (derecha) por la línea de fondo, como al Covirán el triunfo. / RAMÓN L. PÉREZ

Tras un lamentable inicio, el Covirán remonta 16 puntos para luego caer en un cara o cruz con Oviedo tras no pitarse unos claros pasos de Arteaga

JUANJO MARTÍNGRANADA

El Covirán completó ayer en su duelo contra el Liberbank Oviedo media hora de una soberbia defensa y buen baloncesto en general. El problema fue que tiró los primeros diez minutos, lo que terminó por provocar la derrota, la primera de la temporada en el Palacio de los Deportes (70-73). Los aficionados podrán discutir sobre el mayor o menor impacto de las decisiones de los colegiados, especialmente en el tramo final del choque en el que barrieron para el cuadro visitante. Aun así, la idea que debe fijarse en la mente no es que los árbitros provocaron el tropiezo, sino que no se habría llegado a un desenlace a cara o cruz de haber actuado con mayor consistencia en su juego durante los cuatro períodos, y no sólo después de verse contra las cuerdas por su lamentable inicio.

Cualquier epíteto con carácter negativo se queda corto a la hora de calificar el horrible arranque de partido de los nazaríes. Por enésima vez, los discípulos de Pin saltaron a la cancha a verlas venir y lo que se toparon fue con el bólido dirigido por Javi Rodríguez. El exbase supo encauzar el encuentro de primeras hacia los derroteros que más le convenían a los visitantes. Su rápida circulación de balón posibilitó buenas opciones de tiro ante una defensa pasiva que se conformó con ver al contrincante lanzar con comodidad, lo que incrementó enormemente sus porcentajes de acierto.

Los astures firmaron un 6/8 en tiros de dos y 5/8 en triples en el primer período, lo que les disparó en el marcador hasta los 29 puntos anotados. Especialmente entonado estuvo Rosa, ala-pívot cedido por Unicaja que metió ocho puntos casi seguidos en un auténtico recital que se perdieron los dirigentes de Unicaja. Carlos Jiménez y Luis Casimiro, junto a Alfonso Reyes, llegaron unos minutos tarde al Palacio y, para cuando se sentaron, el 'show' de Rosa ya había finalizado (2-10).

El Covirán intentó engancharse al partido en vano, pues sólo los destellos de Olmos y Marín fueron incapaces para mantener a raya al Oviedo. Cuando Pin empezó a mover el banquillo el resultado fue aún peor. Las posesiones de los rojinegros se eternizaban a base de tanto bote y concluían a la carrera al agotarse el tiempo sin haber encontrado una idónea opción para mirar al aro. Parecía que los anfitriones transitaban al ralentí, mientras que el club carbayón hacía rato que había metido la directa (16-29).

Una vez perdida la batalla del juego en estático, el técnico granadino optó por enloquecer el encuentro y transformarlo en un correcalles. Hacía falta un revulsivo, pero la ausencia de cordura no jugó a favor de los intereses del Covirán. En ese sentido tuvo mucho que ver el nuevo accidente desde el perímetro (1/9 al descanso). Sin puntería en los tiros de tres puntos, la defensa rival se encerró sobre su aro cual armadillo y el duelo pasó a tener una baja anotación (13-11 en ese acto).

Al Oviedo le vino mal al principio la nueva dinámica de jugadas en transición y lanzamientos en pocos segundos. No supo adaptarse a ese nuevo ritmo, aunque no tardó en pillarle el gusto. A 4:27 del intermedio estableció la máxima ventaja (20-36), lo que forzó el tiempo muerto de Pin. Ahí se atisbó la clave para no darse por vencidos, con varias acciones defensivas de gran calibre que otorgaron esperanza. Sin embargo, los triples liberados no entraron y eso atemperó el espíritu de rebelión de los rojinegros.

Carisma de Almazán

Fue el capitán Eloy Almazán quien enardeció a las tropas en el tercer cuarto. Con un '2+1' y su carisma para liderar a sus compañeros despertó a los gladiadores locales, quienes se enfundaron el mono de obra para bajar al lodo y defender a una intensidad al alcance de pocos. La diferencia se redujo por debajo de la decena y poco a poco se fue acercando el Covirán en el electrónico. Los triples de Nuutinen y Geks apenas hicieron mella en la escuadra local, pues Guille Rubio ofreció una réplica con la que refrescó el olvidado concepto de que los hombres de Pin sí saben meterla de tres.

Corts y Bortolussi -el argentino por partida doble- golpearon desde más allá del 6'75 para devolver la igualdad al partido. Los colegiados empezaron a hacer de las suyas al no aclararse el orden en que debían lanzarse los tiros libres de Llorente con el de la técnica señalada a Javi Rodríguez por sus protestas. No obstante, ese desbarajuste palideció en importancia ante los robos de balón de los nazaríes, que atrás mordían con saña. Una contra lanzada por Pérez y remachada por De Cobos empató el choque (59-59) y culminaron una reacción que deparó un encuentro 'nuevo' de sólo diez minutos, los del último período.

Los pivots del Oviedo estaban cargados de personales, pero el que salió de la cancha por ese motivo fue Olmos, quien a los diez segundos se vio con cuatro faltas. Wright tomó el relevo para frenar a Arteaga y con una canasta en transición puso Bortolussi al Covirán por delante por vez primera. Esa circunstancia generó desconcierto a partes iguales entre ambos equipos, pues a los locales les pudo la responsabilidad de llevar la iniciativa y a los visitantes les costó asimilar que su renta de dieciséis puntos había volado.

El balón iba de un lado a otro de la cancha sin que nadie anotara hasta que Manu Rodríguez introdujo una pizca de serenidad. Aunque dudó a la hora de levantarse de cara al aro, una canasta del escolta granadino y una asistencia para Rubio colocaron a los nazaríes cuatro puntos arriba, todo un mundo a tenor de cómo estaba el choque (65-61). Con los de Pin ya en 'bonus', la intensidad en pista trasera tuvo que reducirse, por lo que el Oviedo fue capaz de no perderle la cara al compromiso.

A tres minutos del final, el luminoso reflejaba tablas a 67 y los más agoreros agacharon la cabeza tras el tapón de Rosa a Rubio, quien se empecinó en terminar la jugada tras capturar el rebote ofensivo en lugar de buscar un pase fuera y evitar así la maraña de brazos que siempre se cernía sobre el catalán. El Oviedo tuvo opción de recuperar el mando, si bien Pardina robó de manera providencial y sirvió para que Pérez anotara su único triple y pusiera el Palacio patas arriba (70-67) con algo más de cien segundos por jugarse.

En ese instante aparecieron en escena las controvertidas indicaciones de los colegiados. Rubio se excedió a todas luces y cometió una antideportiva que no tuvo su reflejo en otro duro manotazo de los visitantes al otro lado de la pista. Esto habría sido anecdótico de no pesarle los nervios a Pardina, quien falló dos tiros libres del mismo modo que antes había perdonado Jakstas.

Con 70-69 Pérez asumió sin éxito el tiro que podría haber dado la victoria. Los astures se encomendaron a Arteaga, quien anotó tras cometer unos claros pasos que sólo los árbitros no detectaron (70-71). Aún restaban siete segundos, tiempo suficiente para un último ataque, pero los 'trencillas' tampoco vieron nada punible en la penetración de Josep. El balón se marchó por la línea de fondo del mismo modo que la opción de ganar un partido en el que el Covirán se enfangó tanto que, al final, acabó ahogándose.

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