LEB Oro

Cemento armado en la guarida del MVP de la Liga

Carlinhos y Bortolussi se saludan a la izquierda tras asegurar el triunfo en el Pez Volador. /AGENCIA LOF
Carlinhos y Bortolussi se saludan a la izquierda tras asegurar el triunfo en el Pez Volador. / AGENCIA LOF

El Covirán asfixia a 'Tyson' Pérez con un excelente trabajo defensivo y vuelve a ganar fuera de casa

JOSÉ MANUEL PUERTAS

Junto a la M-30 madrileña, el Real Canoe emerge discreto como una instalación añeja pero con tradicional sabor deportivo. Allí se puede hacer desde waterpolo a kickboxing, o jugar al baloncesto con el traje de equipo grande, como hizo ayer el Covirán Granada en su visita. En el histórico pabellón los granadinos no se dejaron amedrentar por la sensación casi claustrofóbica de una instalación angosta, lejana de los estándares de la LEB Oro, y en la que suele campar a sus anchar el mejor jugador de la competición, el hispano-dominicano 'Tyson' Pérez. Pese a no realizar un excelso juego ofensivo, la demolición impuesta desde atrás por los de Pin marcó el devenir de un duelo que permite a los nazaríes seguir soñando con casi cualquier cosa esta temporada.

Apenas el inicio generó incertidumbre. Ante la corta rotación local el Covirán buscó balones para cargar de faltas a los interiores rivales. El rápido 10-5 no fue más que un espejismo que se resolvió cuando los visitantes entraron en calor y ahogaron la ofensiva madrileña. Lastrado el Canoe por su escasa amenaza exterior, el primer descanso de Pérez ya vislumbró lo que llegaría. En un primer cuarto igualado, el paso de cuarenta segundos del ala pívot por el banquillo puso a los granadinos siete arriba (13-20).

La trampa defensiva no hacía más que generar pérdidas de los bases locales. En ataque, el celestial estado de forma de David Iriarte empezó a poner un muro tan infranqueable en el marcador como su trabajo defensivo sobre 'Tyson'. El de Santo Domingo, hipotecado por la escasa ayuda de los suyos, no encontraba opciones cómodas ante el aro nazarí, y cuando llegaba a sus cercanías lo hacía fundido por el desgaste físico al que le sometían Iriarte y Bortolussi. Para colmo de males local, su tobillo se torció a poco del descanso.

Salieron los amarillos del vestuario quemando su última bala, con el traje de kamikaze puesto. El arbitraje les permitió subir la defensa a un nivel similar al granadino, con el escaso peaje de la rápida tercera falta de Martínez pero logrando que el Covirán se atascara, pese a que Iriarte seguía siendo un dolor de muelas para Pérez, limitado a anotar desde el tiro libre. Una canasta de Olmos quitó el tapón del aro madrileño tras cuatro minutos y medio de sequía, pero el triple de De la Rúa acto seguir obligó a Pin a pedir tiempo muerto y cambiar a su quinteto al completo (33-40).

Dureza extrema

Por entonces, el partido había alcanzado un nivel de dureza extremo, de esos que precisan jugadores con los que uno podría irse a la guerra, si fuera necesario. Pin reclutó a Bortolossi, que en la batalla se mueve como nadie, y en su Vietnam particular, sus intangibles mantuvieron extenuado a 'Tyson', cambiando de nuevo la dinámica defensiva rojinegra, con lugartenientes de lujo en el trabajo sucio como De Cobos y Almazán. Pese a no estar demasiado acertado en ataque, con sólo tres canastas en juego en el tercer periodo, el Covirán logró ampliar la renta para encarrilar la victoria ante un rival cada vez más cansado.

Apenas faltaba un último giro de tuerca, que llegó cuando Pérez, con un triple, vislumbró una rendija de cansancio en Bortolussi. Ahí Pin tiró de Rubio aceptando el reto, y éste le respondió devolviendo el mazazo desde el 6´75, secundado por otro de Pardina. Acto seguido, un robo de De Cobos para lucirse con un mate puso el 45-64 y el punto y final emocional a un duelo en el que el Covirán volvió a demostrar que su cemento defensivo es el camino para seguir soñando.

 

Fotos

Vídeos