Baloncesto

El dulce recuerdo nazarí de 'Rambo' Sigalas

Giorgios Sigalas posa para IDEAL en una cancha callejera de Atenas. /J. M. PUERTAS
Giorgios Sigalas posa para IDEAL en una cancha callejera de Atenas. / J. M. PUERTAS

Pese al amargo resultado deportivo, el alero griego rememora su paso por Granada con un enorme cariño hacia el club

JOSÉ MANUEL PUERTASAtenas

El verano de 2002 fue uno de esos tantos que resultó tumultuoso en el baloncesto granadino. Las divergencias entre Carlos Marsá y José Julián Romero y la incertidumbre en torno al CB Granada habían provocado la pérdida de varias piezas atadas en el mercado de fichajes. Entre ellas, Richard Scott o Francesc Solana. Sin embargo, los nazaríes se las apañaron para adquirir a Giorgios Sigalas, un laureado y fortísimo alero griego pieza clave en el Olympiakos campeón de la Copa de Europa en 1997 y durante una década en la selección helena. Y cabría imaginarse que los recuerdos del jugador sobre su paso por la ciudad serían negativos, dada su salida a Italia con el equipo desahuciado a perder la categoría en el mes de abril. Pero nada más lejos de la realidad.

«Mis recuerdos son maravillosos, de verdad. Y lo digo cada vez que hago una entrevista en Grecia, no porque hoy esté usted aquí», avisa. El motivo de tan dulce recuerdo va más allá de lo que pasó en la cancha, llega al componente humano. «La forma en que me trató la gente, la directiva, el entrenador y los compañeros nunca la olvidaré, estoy siendo muy sincero», continúa. Obviamente, los resultados no ayudaron y «fue triste la forma en que salieron las cosas y que el equipo descendiera», pero Sigalas insiste: «Fue una gran experiencia para mí a nivel personal, venía de un periodo muy malo y encontré gente que me entendió y se preocupó por lo que pensaba, así que por eso les respeto mucho y aquel tiempo fue más importante de lo que parece para mí», sentencia.

A Sigalas, quien actualmente trabaja con el Ministerio de Educación griego en la creación de programas de deporte escolar, además de en entrenamientos de técnica individual con algunos de los jóvenes valores de la canasta helena, quizá le tocó en Granada cumplir un papel equivocado. Considerado como uno de los mejores defensores europeos de la época, los citados problemas en el mercado de fichajes le forzaron a tener que adoptar una excesiva responsabilidad ofensiva en el equipo de Antonio Gómez Nieto. En una plantilla con demasiados nombres con poca experiencia en la ACB «me tocó hacer algo a lo que no estaba acostumbrado porque necesitábamos ese jugador exterior que pudiera meter puntos», evoca.

No eludió la responsabilidad y se fue a más de 14 puntos de media en las primeras cuatro jornadas, incluyendo su determinante recta final en el primer triunfo del curso, ante el Gran Canaria. Pero era obvio que aquello no era suficiente. «Podía anotar y creo que lo demostré, pero para un equipo como Granada en una liga como la ACB, quizá aquella no fue la mejor decisión», valora. Y con el paso de las jornadas, el equipo, competitivo de inicio, se desangró. «Fue una pena porque perdimos varios partidos muy ajustados», analiza.

La anécdota de la nariz

Efectivamente, aquel curso acabó tan mal como se vaticinaba al poco de comenzar, pero más de dos décadas más tarde el positivo. «Dos años antes jugué en el PAOK de Salónica la primera Euroliga de la historia con un gran equipo, y de pronto, en tres meses, se cargaron todo y nos tocó pelear por salvar la categoría y hasta nuestros salarios con 500 personas en el pabellón. En Granada, aunque íbamos en la zona baja, había siempre 6.000 o 7.000 hinchas en la grada y si uno es jugador, tiene que serlo a las duras y a las maduras, y aceptar que los otros fueron mejores, porque eso es el deporte», matiza.

'Rambo', como era su mote por su fortaleza física –hoy aún se encuentra muy musculado aunque note el lógico paso de los años–, no acabó la temporada, pero dejó el recuerdo de alguien implicado que hizo honor a su mote, como demostró al fracturarse la nariz, lo que en el fondo fue el principio del fin. «Me la puse en mi sitio yo mismo, fui al hospital, me operaron y me fui a casa a las dos horas aunque el médico me decía que estaba loco», recuerda entre sonrisas. Así era 'Rambo', la estrella europea que quizá llegó a Granada en el año equivocado, aunque desde luego dejó su sello.

El tipo implicado que rechazó al Barça campeón de Euroliga

Probablemente el detalle que mejor muestre el nivel de implicación que llegó a tener Giorgios Sigalas en Granada lo sea el hecho de que rechazara una oferta del Barcelona justo tras las fiestas navideñas. Pese al indiscutible mal momento de los nazaríes, con apenas dos triunfos en dieciséis partidos, y empezando a estar demasiado lejos de la permanencia, el heleno decidió no bajarse del barco.

«La forma en que la gente de Granada me trató me mantuvo todo el año intentando ser mejor cada día, trabajando más y más duro», argumenta hoy el griego para razonar aquel rechazo al equipo de Svetislav Pesic. «Fue triste perder tantos partidos y claro que yo no estaba habituado a eso, pero había que seguir», prosigue.

El hecho es que finalmente Sigalas declinó la propuesta azulgrana y continuó en Granada unas semanas más, hasta que su lesión en la nariz le hizo «perder el ritmo» y la posterior percepción de que el equipo bajó definitivamente los brazos con la llegada de la primavera acabó en su marcha al Reggio Calabria italiano a primeros de abril, cerrando su periplo rojiverde.

Lo curioso es que la historia termina con el Barcelona ganando la primera Euroliga de su historia esa misma temporada. Y sin embargo, Sigalas no se arrepiente de haber seguido en Granada hasta que su adiós ya fuera lo mejor para todos. «Lo que pasó ese año era algo que tenía que vivir», concluye.