Baloncesto

La aventura irlandesa del nazarí Jesús Sanmartín

Sanmartín (7), durante un partido en Irlanda./Jordan Cummings
Sanmartín (7), durante un partido en Irlanda. / Jordan Cummings

El pívot granadino afrontará el próximo curso su tercera experiencia internacional en el Sligo All Stars de la República de Irlanda

José Manuel Puertas
JOSÉ MANUEL PUERTAS

Hay ocasiones en las que una llamada cambia el escenario de la forma más inesperada. Eso es exactamente lo que le ocurrió a Jesús Sanmartín en el verano de 2017 mientras afrontaba la recta final de una grave lesión en el labrum del hombro que se había producido jugando en el Almassera de la Liga EBA. «Me estaba planteando dejar el baloncesto porque no había opciones económicas interesantes y ya tenía 30 años», reconoce. Había terminado sus estudios de fisioterapia y un nuevo horizonte profesional era una realidad cada vez más palpable. Entonces, sonó el teléfono, con el técnico granadino Alberto García al otro lado. Le comunicó que le habían ofrecido un proyecto a medio plazo en la República de Irlanda y que quería contar con él para el mismo. «Me llamó mucho la atención el poder jugar fuera de España», admite. Ahora acaba de renovar y el próximo curso será su tercero en el Sligo All Stars de la segunda división irlandesa, con el claro objetivo de dar el salto a la primera categoría del país.

Sanmartín, nacido en Xerez de la Frontera pero granadino desde los seis meses, dejó la ciudad en 2008 tras su último año en el Atarfe de Liga EBA. Se convirtió entonces en un trotamundos del baloncesto, pasando por Molina de Segura, Murcia, Alfaz del Pi y Almácera. En sus dos últimas paradas ya ejerció como fisioterapeuta en sus clubes para poder mantener su carrera, pues la situación económica no permitía vivir solo del baloncesto. Tampoco era fácil la cuestión física. A Sanmartín le han operado tres veces del ligamento cruzado de la rodilla y otra del hombro. Lo suyo es casi una cuestión de supervivencia, pero la aparición del Sligo le hizo mantenerse en activo más tiempo en el noroeste irlandés. «Tengo tantas lesiones que lo único que quiero es dejar el baloncesto cuando yo quiera, no que me deje él a mí», asegura.

En Sligo se ha convertido en una de las caras más reconocibles del club, que el curso pasado se quedó a solo siete puntos de poder ascender a la elite, tras un 'basketaverage' perdido en una segunda prórroga de infausto recuerdo. Ahora ha firmado por una temporada con opción a otra, y sueña, claro, con «poder jugar en una primera división», por más que reconozca que el baloncesto en su país de acogida «puede ser el sexto o séptimo deporte». El fútbol y el rugby están a años luz. Pero también modalidades tradicionales en la cultura celta como el fútbol gaélico y el hurling. De hecho, algunos de sus compañeros de equipo no sólo practican baloncesto, sino algunos de los citados deportes. Y es que realmente quien marca la diferencia en la liga son los americanos. «Alguno podría jugar en LEB Plata tranquilamente o incluso en Oro», avisa.

Su vida en Sligo es intensa. El club le proporcionó un trabajo en un supermercado con horarios flexibles ya que «por la mañana voy al gimnasio y por la tarde tenemos cancha», explica. Eso sí, no se ve en Irlanda mucho más allá de los dos años firmados. Echa de menos más horas de sol. Pero la experiencia de poder jugar fuera de su país cuando casi ni él daba un duro ya por ello nadie se la podrá quitar. Que le quiten lo 'bailao', piensa él. Imagínense si además el Sligo asciende este curso.