El verano de 2018 en Granada es el menos caluroso de los últimos cinco años

El verano de 2018 en Granada es el menos caluroso de los últimos cinco añosGráfico

Los meteorólogos aseguran que la causa hay que buscarla en la inestabilidad vivida durante el mes de julio, el más frío desde 1997

Juanjo Cerero
JUANJO CEREROGranada

Desde que comenzó el verano el pasado 21 de junio hasta el cierre del mes de agosto, la temperatura media registrada en Granada ha sido de 26,01 grados centígrados. Se convierte así, de momento, en el verano menos caluroso del lustro, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Hay que remontarse hasta el mismo momento de 2014 para encontrar un valor más bajo, de 25,33 grados. Un respiro tras años de estíos sofocantes, sobre todo debido a que la inestabilidad atmosférica fue una constante durante buena parte del mes de julio en Granada como en el resto de España. Agosto se comportó de manera más habitual y tuvo picos altos de temperatura, en especial durante la segunda mitad del mes. Los expertos recuerdan que, aunque pueda haber variaciones leves entre un año y otro, la tendencia de calentamiento no se va a detener, y que a este ritmo puede tener consecuencias adversas sobre la economía, a causa de los nuevos problemas que genera, por ejemplo, en el terreno de la agricultura, así como sobre la salud de las personas. Los datos de la serie histórica de temperaturas que la Aemet recoge desde 1973 en el Aeropuerto de Granada les dan la razón; el número de días en los que la temperatura máxima supera los 35 grados ha aumentado un 40% en la última década.

El dato

44%
es el incremento en el número de días en los que las temperaturas máximas superaron los 35 grados entre esta última década y la anterior, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la estación que se encuentra en el Aeropuerto de Granada.

Luis Fernando López Cotín, delegado territorial de la Aemet en la provincia, afirma que la causa principal que explica que se esté acabando el verano menos tórrido del último lustro es «un mes de julio por debajo de lo normal» en cuanto al nivel de calor, sobre todo por una «inestabilidad atmosférica significativa» y un «importante nivel de precipitaciones en toda España». La consecuencia se ve también en los datos: para encontrar un julio con temperaturas medias más bajas que de 2018 hay que retrotraerse hasta 2011. Y si lo que se compara son las temperaturas mínimas hay que irse mucho más lejos. En concreto, 21 años, hasta 1997. Aquel año el promedio de los valores más bajos recogidos por la Aemet fue de 14,57 grados; este año, de 14,83. Un 10% por debajo del promedio de la última década.

Los datos registrados durante agosto, ya más acordes con lo que cabría esperar dada la serie histórica, entroncan, según López Cotín, con la tendencia de lo que llevamos de 2018. «En el conjunto del curso se constata, no sólo en Granada sino a nivel global, un proceso progresivo de calentamiento que se deja notar en cualquier valor de temperatura que se analice en un rango de tiempo lo suficientemente largo». La serie histórica de la que el instituto meteorológico dispone en Granada, que abarca hasta 1973 en la zona del aeropuerto, le da la razón. La temperatura media registrada en este verano, que destaca por no especialmente caluroso, ya supera en 1,77 grados la registrada aquel año. Si la comparación se hace en términos más amplios, como por ejemplo entre décadas, el diferencial es aún mayor. Las temperaturas registradas por la Aemet en los diez veranos que van entre 2009 y 2018 son más de dos grados superiores a las de la década anterior -2,63 grados de incremento en las máximas, 2,35 en las medias y 2,07 en las mínimas-.

«Hay calentamiento, pero no todos los años van a ser más cálidos que el anterior», recuerdan desde la Aemet

Un incremento de dos grados es considerado muy significativo en los estudios del clima. Según diversos estudios de los últimos años, entre ellos uno de 2016 publicado en la revista 'Earth System Dynamics', incluso una variación de medio grado, en términos globales, puede tener consecuencias graves tanto para el medio ambiente como para las poblaciones humanas.

Más días de calor extremo

Uno de los indicadores que ayuda a comprender mejor el fenómeno del calentamiento, más allá de los promedios, es el número de días por verano con calor extremo. Por ejemplo, se puede comparar el número de días en los que los termómetros registraron máximas por encima de los 35 grados. Durante los veranos de la década justo anterior a la actual, la que abarca desde 1999 a 2008, la Aemet contabilizó 336 días en los que se produjo este hecho. En los últimos diez años, esta cifra se ha disparado hasta los 473. Un incremento del 40,7% en términos porcentuales. Según un estudio reciente del Climate Impact Lab, si la situación sigue evolucionando como hasta ahora, en cincuenta años prácticamente ocho de cada diez días del verano -el 77,4%- vivirán temperaturas máximas de más de 35 grados.

Por eso, advierten los expertos, no hay que dejarse engañar. La evolución del clima año a año «tiene forma de diente de sierra», explica el delegado territorial de la Aemet en Granada. «Que haya en marcha un innegable proceso de calentamiento no significa que todos los años vayan a ser más cálidos que el anterior», recalca.

Este proceso, que López Cotín define como «una de las grandes amenazas a las que se enfrenta hoy la humanidad», tiene, además, consecuencias sobre el ecosistema y las personas más allá del incremento de las temperaturas y el descenso progresivo del nivel de precipitaciones. Algunos de ellos son ya conocidos, como la creciente frecuencia con la que ocurren fenómenos meteorológicos extremos que pueden destruir comunidades enteras. Hay estudiosos que afirman que, si no se cumplen los acuerdos sobre cambio climático adoptados en París en 2015 y cuya verdadera prueba de fuego comienza a partir de 2020, no tardarán mucho en verse las primeras migraciones masivas causadas por la mala climatología.

López Cotín afirma que ya se puede notar en muchos lugares en actividades como la agricultura. Más allá de la lluvia, explica, un calentamiento progresivo puede provocar la aparición de algunos tipos de plagas menos comunes hasta ahora o la explosión demográfica de algunas especies, que pueden llegar a amenazar los cultivos.

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