Veinte años de ríos revueltos

Enredos burocráticos y falta de financiación eternizan las actuaciones que permitan solucionar los problemas de limpieza, vegetación y malos olores

JUANJO CERERO , JAVIER MORALES y FOTO: RAMÓN L. PÉREZGranada

En 1995, la capital volvió a asomarse al río Genil. Los anteriores reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, descubrían la placa que conmemora la reforma del cauce: caudal amplio, con embarcadero, un complejo sistema de compuertas abatibles engalanado con todo tipo de ornamentos, zona deportiva… pero también maloliente cuando aprieta el calor, cubierto de suciedad en algunos tramos e imán para los mosquitos en cuanto confluyen ambas condiciones.

Las obras que subsanarían estos problemas se vienen pregonando desde hace dos décadas, pero la realidad es que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) nunca las ha llegado a poner en marcha. Junta, Ayuntamiento y Confederación se reparten la tarta de los retrasos en varios proyectos anunciados desde mediados de los años 90