Mi Daenerys

«Está mal hecho», «que lo repitan», «esto es insulto», «qué vergüenza...»

Mi Daenerys
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Alguien debería escribir una tesis doctoral titulada 'Las noticias falsas y Juego de Tronos'. Porque lo que está sucediendo con el final de la serie es, creo, sintomático de los males que nos definen como sociedad. ¿El final de la serie no es lo que yo esperaba? «Está mal hecho», «que lo repitan», «esto es insulto», «qué vergüenza...» Es el mismo proceso del que nacen las noticias falsas, los bulos que conforman nuestra forma de pensar. «Si todos creemos que el final de Juego de Tronos es malo, es porque es malo». Y no, mira. Ni lo cree todo el mundo ni existe ninguna ley por la que te deba gustar lo que el autor ha escrito. Se nos está yendo la cabeza. Y nos estamos volviendo imbéciles.

Es que hay gente religiosamente convencida de que el final que ellos tenían en mente es ¡el de verdad, el bueno! Las historias tienen un principio, un nudo y un final. Y nosotros, lectores y espectadores, estamos invitados a vivir esa experiencia, a hacerla nuestra, a sentirnos parte. Pero no tenemos derecho a cambiar nada. De hecho, esa idea, la de hacer finales e historias pensados para contentar al público general es, precisamente, lo que está matando la creatividad.

No hago más que pensar en esos padres que llamaron a su hija 'Daenerys', imaginando a su niña como una heroína, una inspiradora líder de masas. O esos partidos políticos que colocaron a la khaleesi como imagen de su campaña electoral. Esa gente decidió que algo que no había pasado era símbolo, era válido. Por eso, todo lo que no sea aquello que ya habían decidido, les parece mentira. Un insulto. Algo pobre. Cuando, en realidad, es una genialidad.

'Juego de Tronos' ha trascendido la pantalla. Se ha metido en nuestra vida. Y, cuando estaba dentro, muy dentro, ha ejecutado el plan. Como harían Cersei, Varys, Meñique o Tyrion. Un juego del que ya nos avisaron nada más empezar: aquí no gana nadie.