Los que somos de Berto

Que yo les quería hablar de Berto. Berto Romero. A quien conocí una madrugada, viendo Buenafuente, cuando salió a cantar con su amigo Lagarto

Los que somos de Berto
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Supongo que es como los que dicen «hemos ganado el partido» o «qué bien hemos jugado» después de que su equipo de fútbol venza. Una expresión que me hace mucha gracia, por cierto, como si la pasión del forofo pudiera decidir el resultado del encuentro. Así, en plan «estoy mandando mi energía vital para que Fulanito meta un gol». Siempre me resultó divertido imaginar a uno de estos, al terminar de ver una película porno, encendiendo un pitillo mientras suspiran con orgullo: «cada día lo hago mejor».

Que yo les quería hablar de Berto. Berto Romero. A quien conocí una madrugada, viendo Buenafuente, cuando salió a cantar con su amigo Lagarto. Yo estaba en casa, en pijama, y él salía en la tele. Hace tiempo ya. Ni yo era el apuesto alopécico que soy ahora ni él era, ni de cerca, el famoso que es hoy. Quiero decir, que es como si nos conociéramos desde el principio de los tiempos, que nos hemos visto crecer, que hay una especia de absurda confianza que nos da derecho a mandarnos elegantemente a la mierda, si fuera necesario, y nos seguiríamos respetando. Que son muchos años.

Pero no es el caso. Berto está en mi equipo. Bueno, yo estoy en el suyo. Y cada vez que hace algo nuevo miro la pantalla y hago como los fanáticos del fútbol cuando hay gol: aplaudo. Me gusta su manera de entender y de hacer humor. Su capacidad transgresora, amable incluso cuando habla de niños hostiables. Su inquietud por las historias, la fantasía y la ciencia-ficción. Y su nobleza para hacer el chiste de su nariz primero y luego de la del resto.

Resulta que alguien ha denunciado su serie de Movistar, 'Mira lo que has hecho', por un comentario «desafortunado». Tenemos una tontería encima importante. Es ficción, amigos. Y, encima, humor. Si seguimos así, con la censura suelta, llegará el día en que los defensores de las narices grandes denuncien a Berto por un chiste que hizo una vez sobre su propia nariz. Berto, ni caso, nosotros seguimos, que cada día lo hacemos mejor.