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Tete cumplió su sueño cuando se vio en lo más alto del Teatro Isabel la Católica. PEPE MARÍN

Tete Rojas, la 'navaja suiza' del teatro granadino

Técnico multitarea del Teatro Isabel la Católica, actor, profesor, director, autor... Un pulgar hacia arriba cambió su existencia, y los escenarios se han convertido en su casa

Martes, 2 de diciembre 2025, 23:28

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José Manuel Rojas Rodríguez, Tete Rojas en el universo teatral, ha aprendido a hacer de todo. Es la auténtica 'navaja suiza' de la última generación del teatro granadino. Su tarea más identificable es la de ser el técnico que comanda la cabina del Teatro Isabel la Católica, pero no es, ni mucho menos, su único trabajo relacionado con los escenarios. Después de tres décadas de ir y venir, como un auténtico cómico de la legua, ahora las compañías más prestigiosas de nuestra escena –incluyendo Etcétera, por ejemplo– le han convertido en su 'halcón de referencia', capaz de sobrevolar los cielos de luces apagadas guiado tan solo por un instinto cultivado a lo largo del tiempo.

Tete fue un joven de Pinos Puente que aspiraba a ser maestro, y que incluso terminó la carrera. Era un idealista, según propia confesión. «Quería cambiar el mundo desde la educación, pero me di cuenta de que muchos de mis compañeros de clase lo único que querían era ser funcionarios. Aquello me desencantó, y me di cuenta de que aquel era un partido que no quería jugar». Paralelamente, en él había crecido la pasión por el teatro, una actividad que entró en su vida siendo un adolescente. Un amigo le invitó a un taller que impartía Chari Sánchez, alma mater del teatro en su localidad. «Recuerdo que la primera vez leí unas frases delante de Chari. No me pareció gran cosa. Sin embargo, cuando salimos, ella, que se marchaba a casa, me felicitó, me dijo que lo había hecho muy bien, y me manifestó su aprecio por mi trabajo señalando con su pulgar hacia arriba. Aquel gesto tuvo una importancia fundamental para mi vida».

Rojas, con algunos de los actores más pequeños a los que introduce en el teatro. A. T. R.

Señala muy gráficamente que el teatro es un bicho que si te pica, permanece en ti durante el resto de tus días. «Pensé que acabaría viviendo de esto, a pesar de que, según las estadísticas, menos del 10% de los profesionales lo consigue», asegura. Su primer salario –siendo aún menor de edad– se lo proporcionó una gira estival con el Aula de Teatro de Pinos Puente donde emularon a La Barraca, recorriendo varias poblaciones de Andalucía y representando 'Bodas de sangre'. Desde entonces, como actor, ha participado en múltiples montajes de teatro familiar –una especialidad que reivindica siempre–, ha trabajado en recreaciones históricas y mercados medievales, donde ha mostrado su talento en diversas artes, ha actuado con compañías de calle, ha interpretado dramas de Shakespeare, teatro del Siglo de Oro... «Los actores estamos al servicio de los directores, dispuestos a hacer lo que nos pidan. No hay texto malo; cualquiera de ellos se puede defender si se quiere». Con el paso del tiempo, quiso aportar su experiencia a la dirección y la dramaturgia, aunque afirma con modestia que no se considera ni director ni autor. En puridad, sin embargo, ha dirigido numerosos montajes para niños y jóvenes y ha escrito ya siete textos. El más reciente, 'La dimisión de Papá Noel' se estrenará este mes de diciembre, y cuenta la invasión del Polo Norte por parte de los defensores de Halloween, lo que provoca que el gordo y rojo personaje diga «hasta aquí hemos llegado». «Intento combinar humor y mensaje en mis creaciones. Cuando ves una obra tuya montada en el escenario, y observas que emocionas cuando debes emocionar y que los chistes funcionan, la sensación es difícilmente igualable», dice.

Salvavidas

Suele afirmar que las tablas le salvaron la vida. «Yo era un adolescente sin muchas inquietudes, y el teatro me dijo al oído cuál era mi lugar en el mundo». Impartir clases de teatro para niños de 8 a 12 años es, para él, no tanto una oportunidad para crear a los próximas estrellas de la escena, sino una ocasión para inocular en su vida el interés por una actividad que supera el individualismo en el que está instalada nuestra sociedad. «El teatro es compartir, es relacionarse, es involucrarse en un objetivo común, más allá de la soledad de la consola o el teléfono móvil», destaca.

Hace ocho años que ocupa la cabina del Teatro Isabel la Católica. Su hijo, Neo, vino con un pan bajo el brazo. Nunca dejará de valorar el sacrificio de su pareja, quien le animó a aceptar la oferta que le hicieron. Ha vivido múltiples anécdotas, como aquella vez en que se apagó la luz justo en mitad del ensayo de un lanzador de cuchillos, o cuando aquel compañero quiso tirarse en plancha sobre una cama de atrezzo, quedando magullado. Para él, un fin de semana puede comenzar acompañando a Etcétera en Almería con una función de 'El retablo de Maese Pedro', puede continuar con un ensayo de la nueva producción de Fantabulosa 'Los vecinos del sexto', que se estrenará el 21 de febrero en el Teatro del Zaidín, o de esa 'Misericordia' que el 13 de diciembre repondrá su 'Aula Mater' de Pinos Puente. Admira a Rafael Álvarez 'El Brujo' –le define como «un ser de luz»– y a los actores de comedia «porque hacer reír es para valientes». Desde ese idealismo que nunca ha abandonado, pide a quienes mandan que no dejen caer al teatro, que lo apoyen y lo sostengan como un bien imprescindible para una sociedad madura. Él va a seguir dando todo por las tablas.

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Tete Rojas, la 'navaja suiza' del teatro granadino