LOS SAETEROS ESTÁN CIEGOS

Numerosos cantaores granadinos se han especializado en la última década en el cante de saetas a los pasos de las cofradías de la ciudad | Este palo flamenco es el emblema de la fusión entre religiosidad y cante

Enrique y Estrella Morente cantan en la salida de la cofradía del Huerto de los Olivos./G. MOLERO
Enrique y Estrella Morente cantan en la salida de la cofradía del Huerto de los Olivos. / G. MOLERO
JORGE FERNÁNDEZGRANADA

Cantaba Enrique Morente por tangos, ‘Los saeteros están ciegos, pero como el amor, están ciegos los saeteros’. La saeta es una flecha. Quién canta saetas lo hiere un arrebato de pasión. Porque la saeta no es sólo un cante flamenco, enmarcado dentro de los llamados a palo seco (sin acompañamiento de guitarra), sino todo el sentimiento de un pueblo desgarrado en la boca de un cantaor o una cantaora. El espíritu religioso andaluz queda patentizado en este cante. Según Manuel Machado, la saeta es la manifestación que maneja los tópicos cardinales del cante hondo: el amor y la muerte, la pena y la madre y que se inspira en el dolor.

Orígenes de la saeta

La saeta es un cántico popular que se extiende por toda España, documentado por primera vez en Sevilla entre los frailes del convento de Nuestro Padre San Francisco, en 1691, que tenía por objeto incitar a la devoción y a la penitencia y se practicaba con ocasión de un Via Crucis. Su posible origen se remonta a los cantos sinagogales, de influencia mozárabe, que los judíos conversos entonaban para dar muestras de cristiandad. Molina y Mairena, en ‘Mundo y formas del flamenco’, distinguen este cante como la corrupción de salmodias litúrgicas católicas, que se recitan, más que se cantan, en la intimidad, durante toda la cuaresma, y en contadas localidades andaluzas. La saeta flamenca, continúan los dos estudiosos, no es más que una derivación de la toná, que se canta en calles y plazas durante los días de pasión. Esta costumbre de cantar saetas flamencas durante las procesiones no se popularizó hasta mediados del siglo XIX. El compositor sevillano Joaquín Turina (1882-1949), calificaba a la saeta de brillante desde que el cantaor flamenco se apropia de ella.

El tema literario de las saetas está claro: la pasión y la muerte de Jesucristo, el dolor de su Madre y las circunstancias que rodean estos hechos. En su estilo actual podemos distinguir la saeta cordobesa vieja, la cuartelera de Puente Genil o la samaritana de Castro del Río. Se trata de una copla de tres, cuatro o cinco versos octosílabos (romance), con cinco fragmentos cadenciales (tercios) y de ritmo libre, que cantan por seguiriyas, martinetes o carceleras.

Evolución de la saeta

Inicialmente las saetas eran cantes monótonos y desnudos, que fueron evolucionando en la voz de cada intérprete y, por tanto, en cada zona andaluza, hasta configurarse como un cante manifiestamente definido en el universo flamenco. Las cofradías contrataban a cantaores para que, con la voz en cuello, ilustrasen su estación de penitencia, al igual que se pagaba a los costaleros hasta hace relativamente poco tiempo.

Seguramente Silverio, el Nitri, los Cagancho, Marruro, Curro Durse, Enrique el Mellizo, y en general los maestros de la seguiriya y de las tonás en el siglo XIX fueron los pioneros de estos cantes. En el XX se distinguen, a una altura excepcional, Manuel Torre, Niño Gloria, Pastora Pavón, Tomás Pavón, Manuel Centeno y Manuel Vallejo.

Tradición granadina

La saeta, nos recuerda Marcos Escánez, en ‘Semblanzas’, ha ido naciendo del corazón de decenas de granadinos sin nombre artístico ni vocación cantaora. Federico García Lorca las improvisaba para que las dijeran los cantaores a su alrededor. José Palanca confiesa: «En una semana Santa granadina canté varias saetas a la Virgen de las Angustias que Federico me dictaba improvisadamente a mis espaldas. Entre saetas mías y saetas suyas, aquella semana fue inolvidable para los granadinos».

Se puede decir que la tradición saetera en nuestra ciudad se remonta a los primeros años de siglo XX con María ‘la Gazpacha’, gran conocedora de estos cantes, ganadora de varios premios durante el Concurso del 22. El mismo fervor que encendía esta gitana del Sacromonte por las calles granadinas, al decir de Eduardo Molina, se produjo entre los espectadores del Cine Coliseo Olimpia, donde se proyectaban películas mudas sobre la Pasión, en las que ‘La Gazpacha’ le cantaba desde el proscenio arropada por alguna banda de tambores y cornetas.

Destacaron igualmente en esa época Carmela Salinas ‘Carmelilla del Monte’, que se distinguió también, siendo niña, en el Concurso de los Aljibes; Miguel López ‘Miguelillo el de las Saetas’; María y Angustias ‘Las Cabreras’, que siempre interpretaron saetas al paso del Cristo de los Gitanos por el barrio del Sacromonte; Francisco González Arquero ‘Paquillo el del Gas’; Rosario ‘la del Parranda’; Joaquín Bernabé ‘el Niño del Tornero’; Antonio Tamayo ‘el Corbatillas; José Corbacho; etc.

Más adelante surgiría un nuevo órdago de saeteros granadinos integrados por Manolo Montes, «quien, año tras año, ha dicho la saeta precisa en el lugar justo», apunta José Luis Navarro García en ‘Cantes y bailes de Granada’; ‘Cobitos’; Antonio Cuevas ‘el Piki’; Manolo Osuna; Concha ‘la Tenazas’; Manuel Ávila; Alfredo Arrebola; Curro Albaicín; Javier Montenegro; Antonio Trinidad; Curro Andrés; Antonia Maldonado; o Enrique Morente; algunos de ellos se les ha escuchado recientemente por las calles y los balcones de la ciudad.

La generación de jóvenes que en esta última década han cultivado la semilla saetera es innumerable. Se suelen asociar sentimentalmente a una Hermandad determinada, pero indistintamente le cantan a cualquier paso que le inspire. Podemos citar, para hacernos una idea, a Estrella Morente, Marina Heredia, María Gómez, Juan Pinilla, Gilberto de la Luz, Iván Centenillo, Ana Mochón, Tomas García, Azahara María, Antonio González, Sonia Leyva, Alicia Morales, Jesús Zafra, Aroa Palomo, Noelia Membrilla, Antonio Arrufat, Marta la Niña, Fernando Reinoso, Anabel Collado, Christian Delgado, Antonio ‘el Turry’ o Jesús de María.

Aquí en Granada también se le cantan a un Cristo o una Virgen salves gitanas, tangos del Camino y otros estilos acompañados de palmas, y a veces de guitarra, con letras alusivas. Curro Albaicín, en el libro, ‘Mujeres del Sacromonte’, en colaboración con Dolores Fernández y Rafael Carmona, reconoce: «Yo fui el primero que hizo el cambio de las saetas por tangos. Los jóvenes dijimos de hacer las saetas por tangos, con letras alegóricas, religiosas pero por tangos y no tan serias. En un principio fue interpretado como un sacrilegio».