Renacidos en Granada: bebés hiperrealistas a 300 euros

Mari Carmen es la única granadina que realiza, de manera artesanal, auténticos 'bebés reborns', como parte de una terapia de superación

Mari Carmen del Moral trabaja en uno de sus bebés reborns, en el taller que tiene montado en su propia casa. / FOTOS: ALFREDO AGUILAR
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

«¡Muslos rebajados! ¡Están jugosos! ¿Cuánto le pongo?» La charcutera dirige la mirada de sus clientes a la nevera. Allí, sobre el cristal, una octavilla pegada primorosamente con celo destaca sobre los trozos de carne: 'Venta bebés reborn', se lee. En la imagen, un bebé de piel sonrojada vestido con un jersey de punto sonríe con un gesto extrañamente real;vivo. «Llame», dice la charcutera, «llame a Mari Carmen, que son preciosos. Hace unos bebés preciosos».

Mari Carmen del Moral (Granada, 1967) abre la puerta de su casa con una sonrisa de bienvenida. Vive con su hija mayor, la que parió, y con sus siete bebés, «mis niños». Como sabían que venía visita, todos están de punta en blanco, peinados para la ocasión –los que tienen pelo– y bien sentaditos en una enorme cuna de tela blanca. Siete: Raquel, Carlota, Martina, Laura, Rico, Hugo y Candela. «¡Estoy enamorado de todos!», dice mientras les da un repaso con el cariño propio de una abuela que se chupa el pulgar para limpiar la comisura de los labios del nieto.

«Antes de hacer bebés tomaba 13 pastillas al día. Ahora, aunque sigo fastidiada, estoy mejor»

Los bebés reborns son muñecos hiperrealistas hechos a mano que se venden a precios de joyería:de los 200 a los 400 euros (los hay que superan los 1.000). Mari Carmen es, posiblemente, la única granadina que hace bebés reborn en la ciudad. «Creo que en Motril hay alguien más, pero no lo tengo confirmado», apunta. Estos bebés, en algunos casos, hacen la función de caros juguetes infantiles;en otros son objetos de coleccionismo para adultos; y, en casos muy concretos, cumplen funciones inesperadas: «Yo los hago por terapia –dice Mari Carmen–. Mi médico empezó a recomendarme que hiciera muchas manualidades para que no le diera tantas vueltas a la cabeza. Antes de hacer bebés tomaba 13 pastillas al día. Ahora, aunque sigo fastidiada, estoy mejor».

Superación

Mari Carmen lleva 8 años superando un duro episodio familiar. Un drama personal que le dejó una pesada carga en forma de depresión, ansiedad e innumerables problemas de espalda y cervicales. «Son muchos años de sufrimiento. Sigo con la psicóloga y voy a talleres donde aprendo a asimilar las cosas... Cuando le dije al médico que iba a probar a hacer bebés reborns se alegró mucho. 'A ver si te vamos quitando pastillas', me dijo. Y mira... me relaja muchísimo y me encanta verlos. ¡Me encantan todos!»

El primer bebé llegó inesperado, tras un penalti que ni ella misma vio venir. Llevaba dando la murga a su actual pareja durante meses:quería un bebé reborn. «Ya te he dicho que me encantan, de siempre». Y un día su pareja le dijo que sí, que venga, que se lo regalaba. «El caso es que nos pusimos a buscar por Internet y vimos que había cursos para aprender a hacerlos. ¿Y si te pago el curso y en vez de regalarte un bebé te lo haces tú?, me propuso». Así fue como se marchó a Madrid a realizar un curso intensivo en el que aprendió todos los secretos para dar a luz a Raquel, Carlota, Martina... Y a todos los que están por venir.

«Tienen mucho trabajo, ¿sabías que llevan de 15 a 30 manos de pintura?»

Entonces, ¿ayudan los bebés? «¡Muchísimo! Lo cierto es que si fuera por mí no vendería ninguno. Pero no puede ser. Los vendo para poder seguir haciendo el tratamiento y poder costearme hacer más muñecos. Tienen mucho trabajo, ¿sabías que llevan de 15 a 30 manos de pintura?»

Proceso artesanal

Son bebés granadinos, pero lo cierto es que la cigüeña los trae de Alemania, Estados Unidos y Canadá. Bueno, no trae a los bebés tal cual, trae el kit de montaje. A saber:brazos, piernas, cabeza y, según el modelo, cuerpo. «La mayoría los hago con un cuerpo de tela», explica. Sea cual sea la opción, cuerpo y cabeza se rellenan de guata (el relleno típico de los cojines) y cristalillos, que le darán el peso de un bebé recién nacido. «Tres medidas en el cuerpo y dos en la cabeza. La sensación es idéntica a la real».

Carlota se deja querer y, pese a que no levanta los brazos pidiendo que la alcen, cae en el pecho exactamente igual que un bebé a punto de dormirse. Al tocar el plástico del brazo se rompe un poco el hechizo, pero el efecto está tan conseguido visualmente que engaña; es un trampantojo de piel. «Lo primero que hago con las piezas –cuenta Mari Carmen– es limpiarlas muy bien con alcohol para que no tengan ninguna mancha. A continuación empiezo con la pintura».

Mari Carmen se levanta del sofá y se coloca en su mesa de trabajo. La tabla está repleta de cajones, utensilios, cubos, pinceles y esponjas. «Es una pintura especial, Génesis, se llama, diluida con disolvente. No tiene olor». Conforme abre uno de los pequeños cajones, saca los botes con los colores «necesarios» para obtener un tono de piel «auténtico»:rojo, amarillo, azul, morado, rosa, marrón, blanco, beis... «Y alguno más». Mari Carmen elige un pincel que tiene pegada una etiqueta que dice 'rojo'.

«Los pinceles y los cubos no se limpian nunca con agua. Todo con toallitas de bebé. Y cada pincel tiene un único color». El pincel, sin embargo, no toca al futuro bebé, sólo sirve para colocar la pintura en la herramienta correcta. «Ahora uso esto –dice mientras saca de otro cajón un trozo de esponja–». Con la esponja aplica una capa de pintura poco a poco, a pequeños golpes, para conseguir que parezca carne. Mari Carmen acerca la luz del flexo, se olvida de la visita, y se pone a trabajar mientras canturrea lo que parece una nana.

Una vez que completa el color por toda la cabeza, anuncia el siguiente paso: «Después de cada capa, al horno». El horno de aire caliente está colocado junto a la mesa, en un estante más alto. Viendo la pieza dentro resulta fácil comparar el aparato con una suerte de barriga gestante. «Así se impregna bien el color. Luego dejas que se enfríe y... a seguir pintando».

Como Arguiñano, Mari Carmen abandona la pieza que acaba de pintar y saca un bebé que ya está prácticamente terminado. «Mira, ¿ves los pliegues? Cada rayita la pinto con un pincel finito, marcando y matizando para que no queden rojos, rojos». Para terminar el proceso de pintura, una última capa de barniz mate. «La magia llega ahora, con los detalles:ojos y pestañas;lágrimas artificiales;un toque de humedad en la nariz y en los labios, para que brillen; y si el bebé lo pide, el pelo. El pelo lo hace todo más laborioso aún porque hay que injertarlo con una aguja, uno a uno. Yo uso pelo natural, de las extensiones de mi hija, y pelo de mohair, que es carísimo».

El sexo del bebé

Lo de «si el bebé lo pide» es literal. Al igual que los padres que no quieren saber el sexo del bebé hasta que nace, Mari Carmen no imagina nada hasta que abre la caja del kit. «De hecho, cada cara de los muñecos es distinta, hasta que no los veo no sé qué tono les voy a dar o qué detalles les voy a poner». Detalles como la ropa, de recién nacido. «Eso es algo bueno también de estos bebés:la ropa de recién nacido le dura más de un día... ¡y sólo hay que poner un pañal!» Porque sí, llevan pañal.

«Me cuesta desprenderme de ellos»

Cada bebé tiene largas horas de trabajo en un proceso artesanal con materiales caros y, en algunos casos, difíciles de conseguir. «Por eso los vendo por 300 euros. No es mucho, comparado con los precios que se ven en Internet. Pero aun así hay mucha gente que se extraña». Si quieres llevarte uno a casa, puedes contactar con ella en su página de Facebook 'Los reborn de Masmen' o seguir las instrucciones de las octavillas que ha pegado por algunos locales del centro. «Me cuesta desprenderme de ellos. Por eso he puesto los carteles por aquí... Me gustaría pensar que se quedan cerca».

El origen de los bebés reborns:la guerra

Durante la Segunda Guerra Mundial, en Alemania, muchas familias tuvieron que guarecerse en refugios y escondites en los que había escasez de casi todo. Las madres, para poder regalar a sus hijas juguetes 'nuevos', reparaban viejas muñecas para darles un aspecto limpio y realista. Aquella idea perduró en el tiempo, como una de esas costumbres de las que se habla en las casas. Hasta que, a mitad de los 90, llegó a Estados Unidos. Allí fue donde los bebés reborns se transformaron en una moda de las clases altas, convirtiéndose en auténticos objetos de lujo. El precio medio de un bebé reborn auténtico ronda los 400 euros, pero los hay que superan los 1.000 euros. En el mundo hay, incluso, varias asociaciones que se encargan de defender la calidad y la ética en el proceso de creación.

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