Recuperan una oda dedicada a Lorca que solo se interpretó una vez

Enrique Escudé-Cofiner aprendió de su padre, gitano de Valls, los sonidos del flamenco, un género que se entrevera en sus composiciones./FAMILIA ESCUDÉ
Enrique Escudé-Cofiner aprendió de su padre, gitano de Valls, los sonidos del flamenco, un género que se entrevera en sus composiciones. / FAMILIA ESCUDÉ

El asesinato del poeta inspiró a Enrique Escudé-Cofiner, que compuso una pieza en su honor. La obra, estrenada en Barcelona en 1937, nunca volvió a interpretarse por el temor del músico a la represión franquista

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZ

El asesinato de Federico García Lorca, en agosto de 1936, impactó a la España de la época. Intelectuales, a uno y otro lado de las trincheras, amigos que habían compartido con el granadino charlas, viajes e intimidades, reaccionaron con tristeza a los rumores que apuntaban al fallecimiento del escritor víctima de la represión instaurada en Granada por José Valdés Guzmán y las temidas escuadras negras. Pronto, algunos de ellos, como Antonio Machado, Luis Cernuda o Joaquín Romero Murube, dedicaron piezas al autor de 'La casa de Bernarda Alba' que están entre las más logradas de la literatura escrita en la Guerra Civil.

Pero también hubo honra y homenaje desde otros campos como la música. Enrique Escudé-Cofiner Graugés, compositor catalán, fue probablemente el más destacado de los que recordaron a Lorca desde una partitura. El músico nació en Barcelona en 1909 en una familia de origen gitano. Su padre, guitarrista flamenco, fue el que lo introdujo en el instrumento antes de que entrara en la Escolanía de la Capella de la Mercè, entonces dirigida por uno de los compositores más importantes de la música catalana de principios del siglo pasado, Lluís Millet.

Su aprendizaje, con un pie en el flamenco que le venía por línea paterna y otro en la música clásica que le llegó de figuras como Mossen Masvidal o Francesc Montserrat, entre otros, le permitió convertirse en el organista principal de Santa María del Pi con apenas 16 años. Fue entonces cuando publicó sus primeras composiciones. Fueron 'Écija' y 'Ayerbe', dos pasodobles que editó en París y con los que logró un gran renombre en la Barcelona de la época.

Un libro-disco recupera las principales obras de Escudé-Cofiner, entre ellas la oda a Lorca

La Guerra Civil convulsionó la capital catalana. Militante de Esquerra Republicana de Catalunya, Escudé-Cofiner abandonó Santa María del Pi después de que fuera incendiada en los primeros días del conflicto. Su ideal pacifista lo alejó del frente y fue así como la noticia del asesinato de Federico García Lorca lo marcó y lo empujó a componer. Lector impenitente del granadino, se encerró y creó la llamada 'Oda sinfónica', una pieza en la que el maestro legó el dolor que le había producido la noticia.

La composición apenas pudo ser interpretada una sola vez. «El lugar y el día no se conoce, pero sí está confirmado que se presentó en algún sitio de Barcelona el mismo año que la hizo, 1937», asegura Isabel Escudé, hija del músico. Ella, heredera del legado del artista, lleva muchos años investigando la suerte de aquel trabajo, un proyecto musical que enlaza a dos figuras de la cultura española del siglo XX y sobre el que el devenir de la historia ha arrojado sombras hasta ahora. Y es que la obra, que nunca volvió a sonar, volverá a ser interpretada a finales de año cuando salga al mercado un disco que recupera esta y otras composiciones de Escudé-Cofiner.

Imágenes de España

«Estamos muy contentos porque es un proyecto que recupera una parte de su obra completamente desconocida hasta ahora», explica Isabel Escudé. Se refiere la hija del músico a 'Oda sinfónica' pero especialmente a la heredera de aquella pieza, 'Imágenes de España'. Se trata de un proyecto con el que el catalán quiso ir un paso más allá y ampliar el gesto hacia el poeta. Lo hizo unos años después, marcado por la experiencia de la guerra y su paso por un campo de concentración. Escudé-Cofiner conservó la partitura original y la transformó en un concierto para piano y orquesta dividido en cuatro partes: Rondó gitano, Embrujo, Sierra Morena y Nocturno.

Aquel trabajo nunca llegó a montarse en un escenario, pero sí pudo ser escuchado por los amigos del músico que visitaron su casa durante los años de la guerra. «Aquellas partituras él se las llevó, las escondió y las rehizo; el franquismo dejó a la gente temerosa y probablemente a él le preocupó la reacción que podría haber por la obra, así que no volvió a hablar de ella hasta mucho tiempo después», cuenta Isabel Escudé.

La carrera del músico, mientras tanto, tomó altura. Tras formar una orquesta de música ligera, giró por Egipto, Líbano y Alemania, entre otros países. De ahí, en los 50, dio el salto a la zarzuela y la revista, un género en el que compuso con libretistas como Muñoz Román, Manuel Paso, José Luis Navarro, Romero Merchent e Ignacio Ballesteros. De sus manos salieron canciones como 'Secreto de estadio', 'Lo que me pida', 'La espera', 'Pasión tango', 'Sevillanas del clavel', 'Saudade' o 'Me gusta mi novio'. Escudé-Cofiner también fue director de orquesta de artistas como Antonio Molina, Manolo Escobar, Luis Linares, Rafael Farina o Imperio de Triana, figuras muy populares en aquella España.

En sus últimos años, tras ser miembro del consejo de la SGAE, volvió nuevamente a subirse a un escenario con un espectáculo creado junto a Sabicas, 'Gipsy concierto'. Sin embargo, su muerte llegó antes de que 'Oda sinfónica' y 'Imágenes de España', las dos piezas dedicadas a Federico, pudieran estrenarse en la nueva España. «Él se quedó con la cosa de que no se hubieran interpretado y estoy segura de que le habría encantado que sonaran en Granada», dice su hija. En diciembre, el primer paso, la publicación estará dado. El segundo es decisión de la provincia.

 

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