La pasión de Lorca revive en Granada

Así fue el espectáculo de Lorca en el Generalife./PEPE MARÍN
Así fue el espectáculo de Lorca en el Generalife. / PEPE MARÍN

Éxito de Marina Heredia y su compañía en el arranque del espectáculo lorquiano en el Generalife

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ

Lorca hizo de la pasión su vida. El arte impregnó su ser desde la cuna. Ya cuando hacía sus primeros teatrillos de marionetas para las criadas de su casa en la vega ponía lo mejor de su imaginación para crear tramas que divirtieran, pero con intención. Ese 'ojo clínico' lorquiano para enganchar con el público lo ha heredado una generación de artistas granadinos que ha puesto en pie el espectáculo 'Lorca y la pasión. Un mar de sueños' que desde anoche y hasta el 31 de agosto va a protagonizar la programación del ciclo veraniego 'Lorca y Granada en los Jardines del Generalife'.

La gala del día de San Federico, tradicional fecha de inicio del espectáculo, contó con invitados de excepción, tanto en el patio de butacas como sobre el escenario. La presencia del viceconsejero de Cultura, Alejandro Romero, el presidente de la Diputación, José Entrena, o la subdelegada del Gobierno, Inmaculada López, amén de concejales y otros cargos institucionales, se vio acompañada sobre las tablas por otras presencias que, aunque no van a ser permanentes durante el verano, sí que vinieron a darle lustre al estreno. Tal es el caso del cantaor barcelonés Miguel Poveda, un habitual, por otra parte, de la agenda cultural granadina desde aquella primera vez en que rindiera homenaje a Luigi Nono en el Hospital Real, siendo aún muy joven. Y también de Farruquito, uno de los bailaores de más hondo predicamento entre los aficionados al flamenco.

Este 'Lorca y la pasión', objeto de un sonoro y largo aplauso tras la conclusión de su estreno, ofrece dos horas de diversión y reflexión en torno al papel de la mujer en cuatro títulos claves del repertorio escrito por el más universal de los poetas granadinos: 'El público', 'La casa de Bernarda Alba', 'Así que pasen cinco años' y 'Mariana Pineda'. Una mezcla muy equilibrada entre lo más cercano y lo, en ocasiones, más difícil de la obra del de Fuente Vaqueros. Explicarlo bien, saber hacerlo sin caer en la tentación de lo excesivamente popular, pero sin tampoco subirse a las 'nubes' creativas, es uno de los grandes méritos de este montaje. También, sin duda, una coreografía de diez, y ver entre los rostros del cuerpo de baile a algunos artistas que dejan atrás su papel de estrellas en otros foros –que lo son-, para, humildemente, prestar lo mejor de su saber hacer al esfuerzo común de este montaje.

Tierra, agua, aire y fuego, medidos todos ellos por la implacable aguja del tiempo, se muestran en un espectáculo que 'baila' al son de un guion que la actriz y directora jienense Rosario Pardo –muy vinculada a nuestra ciudad-, y que cuenta con unas evocadoras proyecciones y efectos audiovisuales del realizador granadino José Sánchez Montes.

Julieta de 'El público', vive un amor entre romántico y violento, entre encuentros y desencuentros. Poncia sobrevive a la tiranía de Bernarda con el deseo anidado en el rostro y el halda, mientras cose en un hogar teñido de luto. El maniquí de 'Así que pasen cinco años' busca por el escenario a quien entregar ese amor que le supura por su piel de plástico. Y Mariana, la sempiterna heroína, se la juega por el amor más grande: el amor a la libertad.

El conjunto es mucho más que un homenaje a Lorca. Es un homenaje a esa energía que mueve el mundo, y que, lo han adivinado, no es otra que la pasión. La de Lorca y la de todos. La que se muestra encima del escenario, y la que hay que poner a diario en el escenario de la vida, esa gran tragicomedia.