Los Secretos, cualquier tiempo pasado sigue igual

Un momento del concierto de Los Secretos, anoche en la plaza de toros de Granada./JUAN JESÚS GARCÍA
Un momento del concierto de Los Secretos, anoche en la plaza de toros de Granada. / JUAN JESÚS GARCÍA

La banda reunió a más de 3.000 personas anoche en una nueva cita con sus clásicos en la plaza de toros de Granada

JUAN JESÚS GARCÍA

Hace 36 años, en una discoteca de La Zubia, Los Secretos, con los tres hermanos Urquijo al frente, dieron su primer concierto en Granada. Media vida después con Álvaro en la proa se han dado en la Plaza de Toros un baño de multitudes (dejémoslo en ducha), sin desmerecer su paso por el Zaidín. Precisamente cuando estaban saliendo de la 'fase valle', y alguna vez dijeron que supuso un considerable empujón moral, cuya inercia llega hasta hoy. Y con cerca de tres mil personas delante Los Secretos lo son, pero a voces.

Se presentaron con un equipo de sonido y luz digno de la situación, incluyendo una pantalla donde se podían ver instantáneas y vídeos familiares de 'Una vida a tu lado', proyección que añadió un plus de sensibilidad a la presentación por la presencia de los ausentes convertidos en luz. Esta actuación ha sido planteada como de «agradecimiento» al público que les ha permitido estar cuarenta años en escena. Aunque sin hacerles caso, ya que llevan cuatro décadas años pidiendo a voces que les 'dejáramos', y ahí estaban todos, incluso alguno/s que lo hicieran también aquella noche del siglo pasado en La Zubia.

El sector granadino de esos 'insistentes' se dio cita en el coso taurino para, sobre todo cantar a coro y aplaudir agradecidos sus canciones. Público del que quisiera todo artista, respetuoso y atento, con ganas de compartir y establecer todo tipo de complicidad con el artista. Y del que también desean los empresarios, ya que, bien talludito, es de los que hacen saltar la caja de venta de tiques de avituallamiento.

Los Secretos evolucionaron de un fresco y compacto power-pop inicial hacia una suerte de country rock fronterizo con la llegada de Ramón Arroyo. En estos términos el grupo creció en intensidad emocional y refinó mucho su puesta en escena, logrando un sonido perfecto y soberbiamente recreado en directo, antes y ahora con nitidez de Nikon y una mezcla muy rock. Entorno ideal para potenciar la emotividad de las historias taciturnas (en su mayor parte) cantadas por Enrique Urquijo, poseedor de una de las voces más conmovedoras que se han escuchado en un escenario de este país.

Álvaro, que como confirmaba ayer en estas páginas no duerme en el arcón congelador aunque lo parezca por su lozanía, se mueve en una tesitura vocal próxima en afectación a su hermano, con voz de lija fina, timbre familiar pero carente de la intensidad dramática de Enrique, por lo que los temas a partir de su voz se notan distintos y menos dolientes. En directo el quinteto rueda suelto, a velocidades legales y dentro de una regularidad sonora del trotamundos (y ahora maldito) gasoil, galopando tranquila y devorando kilómetros. La voz siempre estuvo en su sitio, y los optimistas punteos de Álvaro (sobre todo con la 12 cuerdas) magistralmente acompañados por Arroyo (en ocasiones surfeando por el mástil o el lap steel), con un completo fondo de armario de guitarras, y previstas individualmente casi para cada canción; si bien con tanto cambio se pierde algo de ritmo en el concierto. Contar con la exquisita decoración del pianista Jesús Redondo es un lujo para los amantes de lo sureño, casi el Chuck Leavell de la Urquijo Brothers Band.

La conexión con el público fue inmediata desde que grupo asoma al coso, ya por la arena incluso. Y además fue creciendo según discurría la noche e iban saliendo canciones, ya que Los Secretos juegan siempre sobre seguro y con una baraja de cartas tan marcadas que forman parte ya de, no sólo de nuestra particular historia, sino casi ya de la memoria sentimental de este país, por utilizar los términos que patentó Manolo Montalbán. Ray Davis sacó un disco de sus Kinks titulado 'Give The People What They Want', y al contrario que otros grupos más pretenciosos, los Secretos es lo que hacen, y lo que llevan haciendo muchos años, dar a la gente lo que han venido a buscar, y todos felices, que es de lo que se trata. Y más a estas edades en las que no se está ya para experimentos.

Nada más salir 'Volver a ser un niño' disparó la coral y el pálpito, y cada tres o cuatro canciones de nuevo un pico endorfinas sacudía la personal: 'Y no amanece', 'Buena chica', 'Aunque no los sepas', 'Quiero beber...', 'Ojos de gata', 'Gracias por...', 'Ojos de perdida, 'Nada más', 'Sobre un vidrio'...Y nuevamente -y van...- ese 'Déjame' trucado porque no hay manera de que suceda. Munición cargada de romanticismo y vivencias añadidas personalmente para los que ocasionalmente pasean durante un par de horas largas por la calle de al lado de la otra, la del recuerdo. Y es que con Los Secretos, cualquier tiempo pasado sigue igual.

 

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