Rozalén es naturalidad

Las canciones que escribe y compone la artista de Letur curan y alegran el alma. Ríes, sonríes, lloras y bailas. Te reconcilian con el mundo

Rozalén, durante su actuación anoche en Granada./JUAN JESÚS GARCÍA
Rozalén, durante su actuación anoche en Granada. / JUAN JESÚS GARCÍA
ROCÍO R. GAVIRAGranada

La naturalidad es el sello de Rozalén. Eso no se finge. "Me encantas desde la primera vez que te escuché", le solté anoche a la cantante. La de Letur, donde todo pasa, después de ofrecer su concierto en el Palacio de Congresos de Granada (cojo aire), salió a saludar a sus seguidores. Un grupillo de unas veinte personas esperábamos tras unos biombos con la esperanza de verla al finalizar el concierto. "Siempre sale", confirmó su compañero Ismael Guijarro a una de sus fans que sujetaba el último disco, 'Cuando el río suena...'. Y salió. A la chiquilla se le veía cansada. No es de extrañar, fueron casi tres horas de concierto sin pausa. Firmó discos, entradas del concierto, posó para tropecientas fotos y mantuvo la sonrisa.

Conocí la música de Rozalén allá por el 2013. Ese videoclip de '80 veces' en blanco y negro, gesticulado de principio a fin por ella y su otra mitad, Beatriz Romero, la intérprete de lenguaje de signos. Ni el 'Google Translate' traduce tan ligero como esta profesional, chiquillo. Una flor verde es la nota de color de ese vídeo. Y la complicidad que existe entre las dos tampoco se finge.

Ella, su música, su banda, enganchan. Y el 'gesticuleo'. La escucho desde entonces y hablo de ella, parece que demasiado para algunos. Recuerdo esas primeras veces que me decían "¿y quién es Rozalén? No me suena". Pues te va a sonar. Algunos más se enganchan, otros no. También acudo a los conciertos que puedo. A Rozalén y su banda los pude ver por primera vez aquí en Granada, en el Planta Baja. Era su primera gira con su disco 'Con derecho a...'. Allí estábamos todos como sardinas en lata y nos daba igual porque queríamos escucharla. Casi cinco años después y dos discos más bajo el brazo ('Quién me ha visto...' —el concierto fue en La Copera—, y 'Cuando el río suena...'), se presentó en un Palacio de Congresos con 1.800 personas. Casi . "Nos estáis animando a que nos subamos al escenario a decir lo que pensamos".

Rozalén es una artista que ha crecido poco a poco, con mimo, como se logra que broten los buenos proyectos. La noche de este pasado 8 de marzo en Granada prometía ser más especial. Y se cumplió. Una cita marcada por ser el Día de la Mujer, por ser la fecha de la primera huelga feminista en España. "Hoy es un día para recordar a todas aquellas mujeres que nos permitieron, y nos permiten, tener los derechos que tenemos nosotras. Es evidente que algo está pasando. El feminismo es respeto e igualdad. Y queremos a los hombres, los queremos cerca", expresaba la cantante que acababa de cantar 'Llorona' de Chavela Vargas y '¡Ay, Dolores!' de los Reincidentes. Los aplausos continuos del público casi no le permitían hablar. Un público de lo más variopinto y de todas las edades, desde los más pequeños a los más mayores. La emoción y la magia flotaban en el ambiente. Asegura que cuando estaba componiendo 'La puerta violeta', ese portazo contra la violencia machista, por los derechos de la mujer, tampoco era muy consciente de que estaba siendo una canción tan explícita. Se le entrecortó la voz, se le saltaron las lágrimas. Mirabas a tu alrededor y media platea estaba igual. "Hacía tiempo que no me despertaba con tanta emoción", confesaba la manchega.

Las canciones que escribe y compone Rozalén curan y alegran el alma. Te reconcilian con el mundo. A la segunda canción, 'Vivir', ese himno a la vida por las que luchan contra el cáncer de mama, medio Palacio de Congresos estaba de pie. "Con las prioridades puestas en su sitio, bienvenidos a este río de canciones", prosiguió. Y la muchacha, además, es graciosa. Estudió psicología y por eso, dice, está un poco "pa'llá". Te partes de risa mientras cuenta, entre tema y tema en el concierto, la historia que se esconde detrás. Aunque muy escondido no queda, porque como ella misma reconoce "en este disco lo he 'cascao' todo. Lo mío y lo de mi familia". 'El hijo de la abuela', 'Justo', 'Amor prohibido'. Sonaban palmas sordas, tambores de guerra. "La falta de empatía es la enfermedad del mundo. Hablad con vuestros abuelos, tienen mucho que contar".

El equipo de Rozalén sobre el escenario.
El equipo de Rozalén sobre el escenario. / R. GAVIRA

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de estar en su concierto de Barcelona, en el Palau de la Música Catalana. Allí también estaba todo hasta los topes y el público se entregó en ese sitio de cuento. Pero lo de anoche en Granada fue bien diferente, de principio a fin. Dicho por ellos mismos: "esto no va a ser un concierto normal". "Granada va ganando en aplausos", aseguraron también. Por no hablar de la cantidad de niños que subieron al escenario para el tema 'Las hadas existen'. Según aterrizaban en el tablado se lanzaban a sus brazos. No sé cómo no acabó sepultada entre tanto crío. Eso sí, una estampa muy entrañable. Pero me quedo con los niños que estaban en mi fila. Dos hermanos, niño y niña, de entre 7 y 10 años de edad, con sus piernas encogidas sobre el asiento. No despegaban los ojos de la actuación. Hasta hubo pedida de matrimonio. "Esto no estaba ensayado, lo prometo", explicó Rozalén nerviosa. Y fueron muchos los que bajaron a la platea para bailar las últimas letras de cierre del concierto.

Ella afirma estar siempre nerviosa, no se hace al cuerpo a cantar delante de tanto personal. "Os estoy mirando pero como si no estuviérais ahí". 'Berlín', La belleza', 'Bajar del mundo', 'Será mejor'. Rozalén y su banda desprenden buen rollo desde el escenario. Muchísimo. La conexión con Beatriz es un hecho. Miradas que lo dicen todo con cada uno de los músicos, desde Álvaro Gandul hasta Ismael Guijarro. Ay, y ese Samuel Vidal (desde ya mi Kevin Johansen) que canta al son de María cada canción, a golpe de guitarra y con sus labios. La sigue. Nada de esto se finge tampoco. Temas como 'Me arrepiento', 'Girasoles' o 'Respect' lo dejaron claro.

Las canciones de Rozalén salen del corazón, de su corazón. Ríes, sonríes, lloras y bailas. Son historias reales con las que, mínimo, uno se siente identificado. Algunas incluso erizan el vello y eso ocurre en pocas ocasiones. Dice mucho de ella, de su equipo, que tras casi tres horas de concierto salga a saludar a sus seguidores. Arte y salero, naturalidad como sello. El sello de todos ustedes. Y eso no se finge.

Gracias por todo lo que aportáis, 'apañaos'. Valéis un potosí.

P. D. Recuerda, "... y tú te mereces dos, una por tu...".

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