Raúl Rodríguez: «Reconectar nuestras músicas con África nos permite saber más de quiénes somos»

El músico Raúl Rodríguez, protagonista de la noche de hoy en el Parapanda Folk de Íllora./J.J.GARCÍA
El músico Raúl Rodríguez, protagonista de la noche de hoy en el Parapanda Folk de Íllora. / J.J.GARCÍA

El músico, hijo de la cantante Martirio, actúa esta noche en el Parapanda Folk

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

Hijo de la cantante Martirio, aprendió a amar la música en casa, en el entorno de la contracultura sevillana de los 70 y 80. Comenzó como batería y guitarrista eléctrico de blues y rock. Se formó como guitarrista flamenco estudiando el toque de Morón y, a través de los viajes y contactos con las músicas latinoamericanas, realizó la primera incorporación del tres cubano al flamenco hasta diseñar un nuevo instrumento, el tres flamenco. Sus dos discos han sido premiados por la originalidad con que incorporan toda la música del mundo. Estará en el Parapanda hoy sábado 28 junto a Bohemia Lanzarote. Y gratis.

-Viene al Parapanda, donde estuvo con su madre, pero solo y a su aire. ¿Qué aprende actuando a su lado?

-Al lado de mi madre aprendo que formo parte de una tradición creativa que se sostiene gracias a un mandato ético y emocional: «Para hacer lo que se ama, hay que amar lo que se hace».

-Sus gafas negras son un misterio como las de Miles Davis o Graham Parker... ¿qué hay detrás?

-Detrás hay un ser humano con mucha capacidad inventiva y ganas de repartir gusto entre la gente, que usa el teatro del mundo para hacer realidad sueños que también son colectivos. Las gafas le han permitido vivir una vida al margen de los focos de la fama y poder tener la paciencia de construir una obra memorable. Me gusta sentir que en nuestra familia nos tomamos la cultura como un cultivo más que como un culto.

-También le hemos visto con Ruibal, Auserón... ¿Le ha costado dar el paso delante de ponerse bajo el foco al borde del escenario?

-He aprendido y sigo aprendiendo mucho de todos los artistas a los que he tenido la suerte de acompañar desde hace 25 años. Ahora compruebo que haber estado como operario en bandas y como escudero de cantautores me ha enseñado muchas cosas útiles a la hora de ponerme como mascarón de proa de mis propias canciones. Puedo decir que conozco un poco los dos oficios y sé algo de las dificultades y ventajas de cada uno.

-¿Su especialidad en Antropología le ha enriquecido la música?

-Muchísimo, soy un mixtolobo que me alimento de esas dos maneras: la mirada del antropológo y la imaginación del sonero. Hay que comprender que las músicas populares han sido creadas siendo vividas como un hecho cultural colectivo y tienen siempre una relación directa con su contexto, que hay que querer conocer. Impulso esta idea con esto a lo que me dedico que llamo «AntropoMúsica»: el antropólogo que quiera estudiar la música popular ha de aprender a tocar algo. Y entonces sí, uno se integra y se convierte en un garbanzo más del puchero y empieza a comprender la performance del cante, «qué es lo que pasa cuando pasa». Si no, se ve desde fuera y se adquiere y se transmite una mirada que puede estar muy alejada de la realidad. De otro lado, entiendo que el músico que trabaje con músicas creadas por otros, de «raíz popular», debe querer saber, intentar tener esa querencia por estudiar algo de historia cultural para poder comprender, más allá de los relatos oficiales.

De vuelta a África

-Comenzó haciendo versiones de Hendrix... ¿Así se explica todo lo que ha venido después?

- Creo que sí, puede que aquel calambre primero sea el que me gobierne. Me acerco a las tradiciones buscando esos calambres que provocan la emoción y luego trato de conectarlos a otras redes eléctricas, a ver si, aunque sea por un instante, se quieren poner de acuerdo el pasado con el futuro.

-'El viajero' nos lleva al corazón de África...

-Las rutas del tráfico de esclavos han dibujado un mapa oculto de músicas derivadas de la diáspora africana que están interconectados y que es un circuito en el que también participa la música andaluza. España y Portugal fueron centros de compra y venta de esclavos africanos durante siglos y de aquella barbarie surgieron muchas músicas que comparten rasgos comunes. Es muy necesario hacer esta revisión histórica porque nos ayuda a comprender lo que sucede hoy, de nuevo. En el campo musical, si uno estudia con cierta profundidad, puede ver el proceso según el cual, como en una venganza dulce, los ritmos que llegaron como esclavos son hoy danzas que nos hacen libres. Reconectar nuestras músicas con África nos permite saber más de quiénes somos.

-Su concierto en el Parapanda va a ser...

-Estaremos en trío, con las guitarras mágicas de Mario Mas y la percusión y la sabiduría de Pablo Martín Jones, y será un viaje por todas estas músicas que están interconectadas (Flamenco, Son, Blues, AfroBeat...), a través de canciones nuevas que buscan «retroceder hacia el futuro», haciendo música creativa de raíz.

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