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Mozart llena de belleza el Palacio de Congresos

Mozart llena de belleza el Palacio de Congresos

JOSÉ ANTONIO LACÁRCEL

Efectivamente, cada mes el Palacio de Congresos se llena de belleza, de calidad, de arte en su sentido más noble y puro,gracias a la genialidad de Mozart que se constituye en el gran protagonista de las mañanas dominicales. Los conciertos para piano que escribiera el genio de Salzburgo están siendo desgranados mes a mes, completando un ciclo de enorme interés y gracias a la iniciativa de Miguel Sánchez Ruzafa quien, al frente de la Orquesta Clásica de Granada, brinda una gran oportunidad a numerosos pianistas y directores, de encontrarse con esos verdaderos monumentos musicales que son los conciertos que para piano y orquesta creara Mozart.

En la sesión musical que nos ocupa fueron dos pianistas y dos directores diferentes los que protagonizaron el acontecimiento. Germán Prieto se hizo cargo de la interpretación, al piano, del Concierto nº 23, K. 488, teniendo al frente de la orquesta a la granadina Azucena Fernández Manzano. Fue una simbiosis musical muy interesante. Prieto posee una técnica muy buena, tiene un sonido muy bello y entendió perfectamente el mensaje que encierra la partitura de Mozart de la que fue afortunado intéprete y a la que dotó de gran sensibilidad en todo momento. Su actuación fue muy meritoria, destacando el profundo lirismo que subyace en el andante de una enorme belleza y que fue prácticamente «cantado» por el pianista que también rayó a buena altura en los dos movimientos restantes, el allegro inicial y el brillante presto con el que acaba la obra. Al frente de la orquesta hizo una meritoria labor Azucena Fernández Manzano, muy atenta y respetuosa con el solista y especialmente acertada al buscar el necesario equilibrio entre masa orquestal y solista. Fue la suya una dirección eficaz, con seguridad en marcar el ritmo, en hacer vibrar a la orquesta y destacar ese inmenso mundo sonoro que posee la obra de Mozart.

Y una segunda actuación, esta vez con Eugenia Gabrieluk al piano y con Ruzafa en el podio para ofrecer el conocidísimo Concierto nº 21 en Do mayor, donde la calidad rítmica se aúna con una belleza melódica dificilmente superable. Es obra que goza del favor de todos los públicos, pero es que es una obra de una hermosura, de una calidad, de una capacidad para conmover como pocas. Fue Eugenia Gabrieluk una afortunada intérprtete, segura, contudente en el primer allegro maestoso para extasiarse y contagiar esa profunda emoción en el conocidísimo andante, donde bordó su interpretación que culminó con el brillante allegro vivace final. Fue muy meritoria su labor, segura, elegante en el fraseo, llena de sensibilidad y emotividad a lo largo de toda la actuación. Tuvo la estupenda colaboración de una orquesta muy segura, bien empastada y una dirección firme y muy eficaz de Sánchez Ruzafa, consiguiendo el entusiasmo del público que hizo posible que pianista, orquesta y director «regalaran» la repetición del andante. Una buena muestra de que se pueden hacer cosas importantes poniendo trabajo, seriedad y vocación. Enhorabuena a todos.

 

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