José James: A Prince muerto, Prince puesto

José James: A Prince muerto, Prince puesto
JUAN JESÚS GARCÍA

James es no encaja en ninguna clasificación, o encaja en todas. Es un artista que va por muy libre, y así, ahora, el cantante de Minneapolis vino dispuesto a ocupar el espacio sonoro (y visual) de su exvecino Prince

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

El concierto de José James supuso un nuevo lleno completo en el festival Jazz en la Costa, y es que este cantante de ascendencia panameña roza ya al gran público. Le vimos muy comedido invitado por el monstruo McCoy Tyner, y luego más suelto pero ajustado a legado estrenando en Granada su disco dedicado a Billie Holiday. Y si en algo coincide público y crítica -para bien o no tanto- sobre James es que no encaja en ninguna clasificación (¡o en todas!), es un artista que va por muy libre, y así, ahora, el cantante de Minneapolis vino dispuesto a ocupar el espacio sonoro (y visual) de su exvecino Prince.

Margaritas en mano, vestuario digno de la California del flowerpower, pañuelo al cuello y una bola de pelo digna de cualquier cinta Blaxploitation (para los más jóvenes: el 'ocho-ocho-ochentayocho'), José James se propuso convertir el Majuelo en una sucursal del Fillmore con Sly Stone y Jimi Hendrix de telonero en el cartel. Y lo consiguió: en la segunda pieza todo el auditorio estaba ya sudando.

A quien recordara su estremecedora recreación de 'Strange Fruit acumulando capas de voz para 'autoacompañarse' en una presentación coral cargada de dramatismo, le habrá costado reconocer al renacido James, lejos de su cálida y templada voz de barítono-soul y completamente arrebatado por el calambre funk. Solo faltó la bola de espejos y Clint Eastwood en la puerta pidiendo la documentación.

El material de Bill Withers que le ha servido para su último disco (el tercero que hace de 'covers', o mejor dicho: 'recovers', porque los hace suyos) le ha abducido para la comunidad de la pata de elefante. En el centro de un trío rotundo hasta el rock, con un emulo del 'negrindio' de Seattle a la izquierda y una bajista y corista de una voz racial y perfecta para compensar el educado registro del patrón, James se dio un baño de masas, literalmente, porque hasta se bajó del escenario para dejarse tocar.

Además de los refunkecidos temas del autor de 'Ain't no sunshine' (con la que abrió) acudió también al familiar Stone y recordó a un 'amor supremo' casi como lo hubiera hecho un Miles Davis, más cerca del hiphop callejero que del jazz espiritual de su autor. El James más untuoso salió para 'Come to my door', con ese timbre que rememora al Sam Cooke más gustoso. Se dejó en el camerino un comodín auténtico como el eclesial 'Lean on me', acaso para no parar el festín de bailables, y solo frenó para el bis, a guitarra y solo voz; esa voz que funciona en cualquier registro, estilo, época y guardarropía. Un camaleón 'en modo Prince' hasta la próxima vez, que será otro James.