Indies, barbudos y flamencos, en comunión

Encuéntrate en la galería del Granada Sound /A. AGUILAR Y PEPE MARÍN
Encuéntrate en la galería del Granada Sound / A. AGUILAR Y PEPE MARÍN

Granada Sound reúne a más de 15.000 personas en su primera jornada, una fiesta capaz de juntar a las tribus de la ciudad

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZ

La música, la buena música, tiene la capacidad de amansar a las fieras y de juntar a los divergentes. Lo puso de manifiesto ayer Granada Sound. El festival, que atrajo a más de 15.000 personas en el primero de sus dos asaltos, fue capaz de reunir a barbudos vaqueros, indies con pantalón pitillo y flamencos con pantalón pitillo con un cartel en el que se entretejían formaciones bien asentadas y otras más emergentes, una mezcla que funcionó bien y que no se vio salpicada, al menos hasta el cierre de la edición, de ningún incidente digno de mención.

La calma marcó el inicio de la cita. A las cinco de la tarde, cuando el año pasado el público se agolpaba para recoger acreditaciones, el rápido discurrir de la gente hacia inexistentes las colas. El calor apretaba, eso sí, como en 2017. Algunos de los agentes se aplicaban crema para evitar quemaduras. «El calor es tremendo, no sé cómo vamos a echar la tarde», lamentaba uno de ellos.

Dentro, el recinto mostraba todas sus posibilidades. Locales de comida rápida -kebabs, pizzas, perritos...-, puntos de bebida -cerveza, energética, ron y vodka- y un espacio para probar un dispositivo de realidad virtual eran las opciones no musicales que aguardaban al público. Para pagar, un sistema de tokens que ahorraba a los camareros manejar dinero y agilizaba el servicio, otro de los problemas del año pasado.

Colectivo Da Silva, ganadores del certamen Emergentes, abrieron fuego por la tarde

La música comenzó al filo de las seis. Abrió Granada. Colectivo Da Silva, ganadores del ciclo Emergentes que organiza el Ayuntamiento, estrenaba el escenario Poliakov, uno de los dos principales. Su propuesta de pop-dream, con un sonido muy electrónico y una presencia multitudinaria de músicos, atrajo los primeros aplausos.

Tras ellos, Elefantes. La banda liderada por Shuarma se comió literalmente el escenario Alhambra. Su directo se llenó de guiños a su discografía, no faltaron clásicos como 'No lo sabía', pero también a gigantes de la música española de toda la vida. José Luis Perales fue uno de ellos. Su 'Te quiero' embaucó a los primeros miles de asistentes que los contemplaron.

Al mismo tiempo, en la zona Defestivales, dedicada a la electrónica, Arturo Mondo armó una buena zapatiesta. Firmó una sesión de altura que atrajo a muchos al escenario, cientos de personas que bailaron -cerveza en mano- los temas que fueron brotando de la mesa del pinchadiscos.

Juanito Makandé puso a bailar al público con canciones como 'Tocar las nubes' o 'Kamikaze'

«La verdad es que me está encantando», decía Irene Jiménez. Estudiante de Derecho de la UGR, venía con otras tres amigas con las que comparte interés por la música y curiosidad por el Granada Sound. Dos de ellas, Mónica y Laura, ya estuvieron hace dos ediciones. «Me encantó la actuación de Amaral. No paré de bailar, de llorar... Fue muy emocionante», recordaba Laura. Las cuatro habían sido de las primeras en entrar y a esa hora aguardaban sus artistas favoritos. «Tenemos ganas de ver a Dorian, a Rayden, a Sidecars y a Crystal Fighters».

Cerca de ellos, una niña pequeña bailaba. El Sound es para todos los públicos, como demostraba Alba, de seis años. Sus padres la traían por primera vez. «Le encanta la música, todo lo que le pone su padre, y queríamos probar esto con ella», aseguraba su madre, África Bermúdez.

Comunión

Para entonces, sobre las ocho de la tarde, se había organizado una comunión extraordinaria que reunía a barbudos, indies, flamencos y otros tipos de tribus. Todos alucinaban con el directo de Corizonas, esa superbanda fruto de la fusión entre Los Coronas y Arizona Baby. Su desenfadado sonido vaquero, su fortaleza musical y el esfuerzo por hacer partícipe de su sonido que desplegaba el cantante organizaron la primera verdadera multitud frente al escenario Poliakov.

La vez se la dio Juanito Makandé. El gaditano se alzó como su 'Niña voladora' acompañado por otros seis músicos con los que firmó temas de su último trabajo. El público coreaba su nombre -«Juanito, Juanito, Juanito»- mientras el artista brindaba por la salud y la libertad y lanzaba condones al público. «Lo que hay que hacer es pelear menos y follar más». 'Kamikaze' o 'Tocar las nubes' fueron algunas de las canciones más aclamadas.

Rufus T. Firefly cambió de tercio en el escenario Negrita. Allí el sonido era menos jondo, más electrónico y distorsionado. El grupo de Aranjuez lanzaba cañonazos bailables como 'Nebulosa Jade' o 'Río Wolf', canciones marcadas por un muro de sonido capaz de remover estómagos y machacar cabezas.

Para cuando terminó la guerra, Sidecars se había atrevido a honrar a los Beatles y lanzarse cuesta abajo con los miles, sí, miles de espectadores que los animaban. Con 'Fan de ti', su hit por unanimidad, hicieron un alegato contra la manada y en favor de las mujeres. Fue una explosión. Entonces estaba el recinto de bote en bote, caliente como una olla a presión, con chicas que bailaban entre las casetas, chavales que escribían por whatsapp la penúltima declaración de amor de la noche y barbudos que bautizaban con espuma de cerveza en la puerta de los baños. Así siguió la cosa hasta que saltaron los suecos de Mando Diao y los relevaron los dioses granadinos de Niños Mutantes y hubo de ponerse el punto final.

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