«Algo estaremos haciendo bien cuando vienen jóvenes y no ven a un tipo viejo»

«Algo estaremos haciendo bien cuando vienen jóvenes y no ven a un tipo viejo»

El grupo repasa lo mejor de su trayectoria esta noche en la Plaza de Toros a partir de las 21 horas

JUAN JESÚS GARCÍAGranada

Si hay un grupo español que no necesita mayores presentaciones es Los Secretos, ya que cualquier lector de esta entrevista puede tararear varios de sus estribillos (¡y todos a coro el 'Déjame'!). Ahora al mando de Álvaro y con Ramón Arroyo en el timón, cuentan como pocos con el cariño de su público. A partir de poner el cartel de 'no hay entradas' en la Plaza de las Ventas recogen lo sembrado en cuarenta años. Baño de cariño y multitudes que se darán en la plaza de toros (hoy, 21 horas). Álvaro Urquijo presenta este concierto da las 'gracias por elegirle' y queda con sus seguidores para dentro de otros cuarenta años.

–¿Conserva todavía la Hoffner que preside su primer disco?

–Por supuesto, es mi guitarra preferida. Esta viejecita y no la saco mucho, pero sí la uso para grabaciones y citas importantes.

–¿Ariel Rot y usted duermen en el arcón congelador?

– Creo que tanto él como yo tenemos una buena genética, y ayuda haber tenido cara de niños muchos años.

–Los Urquijo, como los Lapido, han sido los tres hermanos músicos...

–En realidad es casualidad porque no tenemos tradición. Fue nuestro padre el que nos aficionó a la música... (sonrisas) Mantuvimos el grupo en secreto, de ahí el nombre, hasta que tuvimos un disco en la calle y ya no había marcha atrás. (Risas) Mi hermano Javier se apartó en el 84, cuando el grupo casi se deshace sin proyectos, aunque ha vuelto a cantar con otros miembros y como cantautor.

–Porque en su generación todos han pasado su propia travesía del desierto... La suya fue a mitad de los 80...

–Clarísimamente. Por alguna razón a los ojos de un director artístico no éramos comerciales, y a los tres discos nos despidieron diciendo que no nos enterábamos. Luego Pedro murió ey aquello nos mandó al valle de la muerte.

–¿Qué fue de aquel AR que decía que «olían a vacas»?

–Era alguien que estaba recién contratado y como todos los AR, como los entrenadores de fútbol, piensan que hay que echar a gente y meter a los suyos. Y este señor, con tanto olfato, lógicamente se dedica ahora a otra cosa. (Risas)

–Todo lo contrario que Paco Martín, que les dio una segunda oportunidad, como a Rosendo o Danza Invisible...

–Tuvo un gran olfato natural para descubrir grupos y fue un buen director artístico de grandes compañías. A los tres nos recogió cuando estábamos al borde de la nada y nos sacó adelante con la confianza que necesitábamos en aquellos momentos tan bajos. Yo le quiero mucho.

–¿Qué canción, propia o ajena, les dio la clave del sonido que querían para Los Secretos?

–No lo sé... fue una suma de casualidades. A finales de los 70 influyó que me gustara mucho el sonido de las guitarras y cómo les sonaban a los grupos sureños. Yo estaba mucho tiempo en las tiendas hasta que tropecé con una de doce cuerdas usada que fue la definitiva. Entre lo que oía por ahí y mucho trabajo en casa, por casualidad, salió ese sonido nítido y colorista del primer disco que ha sido nuestra personalidad y que a día de hoy se mantiene.

–En la última entrevista que hicimos anunciaban que ya pronto...

–Sí, llevamos anunciándolo muchos años. (Risas) Pero la gente tiene que entender que con tanto repertorio y trabajo no tenemos mucho tiempo. Y también hay que reconocer que el esfuerzo de componer y grabar tiene una recompensa muy pequeña porque las discográficas no dan rendimiento ¡apenas mil euros a repartir entre cuatro del último!.. Así que no hay mucho que te anime a sacar un disco.

–Porque además han gastado ya el comodín del directo, las versiones, la sinfónica...

–Yo ya tengo siete canciones compuestas y va a salir muy bonito. A ver, con 80 conciertos al año no hay tanto tiempo para hacerlo, porque de Secretos viven 16 familias, así que estamos obligados a tocar mucho. Pero me comprometo nuevamente.

Público

–En su última actuación aquí había espectadores que estuvieron también en la primera... ¿Cómo se fideliza al público tanto?

–Es una cuestión de tratarles bien, de ser profesionales y hacerlo lo mejor posible. De ser humildes, cercanos a la gente y dejar bien el pabellón. Así poco a poco hemos pasado de recintos pequeños a sitios más grandes. Algo estaremos haciendo bien cuando vienen jóvenes y no ven a un tipo viejo de 54 años sino a uno de los suyos.

–Pero sus fans de entonces son ahora directivos de empresas, ¿se escuchan igual las canciones?

–(Carcajada) Ahora lo que nos pasa es que las entradas más baratas son las que más nos cuentan vender (risas), porque este público más mayor y con trabajo quiere estar cómodo y se lo puede pagar. (Risas)

– 40 años, por 40 conciertos... Por cierto, siempre en gira propia ¡no van a festivales!

–Hemos hecho un par de ellos nada más, no nos quieren y no sé por qué.

–Si bien su música bebe directamente de América, ¿es una asignatura pendiente o ya ni lo piensan?

–Seguimos yendo pero seguimos en la fase de promoción, porque lo curioso es que conocen nuestras canciones por algunas versiones que se han hecho allí, pero no nos conocen a nosotros. Hemos ido varias veces, en alguna ocasión incluso contratados. Estuvimos en Perú, Argentina, Bolivia y estuvo bien porque cubrimos gastos, pero a América ir de promoción cuesta mucho esfuerzo físico.

–¿En los conciertos de esta gira hacen buena la frase de Ray Davis de «dar a la gente lo que la gente quiere»?

–Sí, piensa que vas a un concierto con toda la ilusión y buscando calidad y te encuentras que la actitud es pésima, el sonido malo y que no cantan lo que quieres oír... pues no vuelves. Como en casi todo lo que escribió Ray Davis, tiene razón.

Fotos

Vídeos