Días de lluvia y rock

Días de lluvia y rock
J. J. G.

El festival del Zaidín, a flote contra el viento y la marea

JUAN JESÚS GARCÍAGranada

Incompatibles, lluvia y rock nunca podrán vivir juntos, por más que la leyenda del festival de Woodstock tenga entre agua y barro sus mejores instantáneas. Allí medio millón de personas invocaron al cielo que parase de regar cantando a coro el 'Let the Sunshine In' (del musical 'Hair'), y parece que funcionó. También son legendarias las imágenes de los Rolling Stones en julio de 1982 cuando una tormenta descargó sobre las 60.000 personas que disfrutaban de su concierto, y ellos salieron hasta el borde del escenario cubierto para mojarse también, absolutamente solidarios con su gente; ya entonces la novedosa tecnología inalámbrica permitía hacerlo sin riesgos. Prescindir de cables permitió también a Roger Waters en Atarfe confirmar que el espectáculo nunca se puede detener, por más que el marrano volador no despegase y se convirtiese, convenientemente descuartizado, en un memorable suvenir de aquella noche de 'floyds' y paraguas. 091 chapotearon en el barro del albero cuando resucitaron en Granada, y por último, el tiempo de demora mientras se secaba la 'PA' tras un chaparrón fue aprovechado en su momento por un Andrés Calamaro para ir a una corrida de toros.

Más cerca en el espacio y el tiempo no es grato recordar el final de un modelo de festival que ahora mismo es el estándar de éxito, y que fue diseñado en Granada: el pionero Espárrago rock. En su 'exilio' jerezano, buscando nuevos y más amplios horizontes, el año 2000 sufrió la maldición de una decimo tercera edición, y eso que era la anterior. Un vendaval de agua y viento produjo no sólo una debacle artística y humana, enfangando a 17.000 espectadores, sino también económica, lo que llevó a la suspensión de pagos y la desaparición definitiva de la marca. Algo parecido ocurrió también con el Barbarian Rock, en Pinos Puente, en cuya primera y única edición sólo pudieron actuar unos imberbes Mago de Oz, antes de que rayos y truenos cayeran encima con absoluta profesionalidad natural. Y hace apenas medio año el Bull se salvó in extremis saliendo a flote en el último momento casi sin mojarse. Y sí, septiembre es un mes impredecible meteorológicamente hablando, y también lo saben en el festival del Zaidín, cuyos programas de 1990 y 1996 sufrieron los efectos de la 'gota gorda'. Meteoro que volvería a hacer de las suyas en mitad de la vigesimocuarta edición, cuando unas asustadizas hermanas Llanos (Dover) huyeron del escenario, mientras que un titánico Jorge Martínez, chorreando, solo en el escenario y desoyendo la señal de retirada de su manager, concluyó su actuación entre el insólito efecto visual de miles de gotas agua iluminadas como luciérnagas a su alrededor. Y es que ser ilegal a tiempo completo supone subvertir también las leyes de la naturaleza.

Zaidín 5 - Borrasca 0

Pero a pesar de un día poco apto para rocanrolear, todo estaba preparado en el tercer Zaidín para comenzar:»lo peor no es la lluvia, es más preocupante le aparato eléctrico» comentan en la producción, por el gigantesco esqueleto metálico que sustenta todo. Aunque lo peor de todo es, la disminución de asistencia. El primer frío húmedo de la temporada retrae al no estar los cuerpos acostumbrados todavía. Simplemente no apetece salir, mejor quedarse en casa y estrenar calcetines con un caldillo que entone. Y más si hay fútbol, por más que la selección española intente huir de la época del «A por nosotros oehhh!».

A media tarde en el Zaidín todo era fe, esperanza, y plástico, todos agarrados a esa predicción que decía que a primera hora las nubes darían tregua. Plásticos cubriendo todo el aparataje, secadores como bazokas evaporando el suelo y los horarios pasados por agua. La tarde de pruebas fue imposible y a la hora habitual de comienzo el equipo y los racimos de focos estaban secándose.

En la zona de camerinos los grupos esperaban concentrados la solución organizativa, y ellos solidariamente, antes de que un ERE se llevaran del cartel a los más débiles admitieron un notable recorte en los tiempos de actuación para que todos pudieran tocar, y un cambio de orden de forma que Hora Zulú quedaron en primer lugar...cuando se pudiera. El Zaidín no se rinde: Zaidín 5, Borrasca 0, pero con paciencia.

Como premeditadamente en la música ambiental sonaban Los Módulos con su proverbial «pienso que ya llega la hora, que dentro de un momento...» ...Tocaremos al fin, se podría añadir.

Lo mejor de tanta demora fue anoche que cuando por fin Hora Zulú subieron al encharcado tablero más de cinco mil personas los estaban esperando. Y es que los de Aitor Velázquez y Paco Luque (con Alex y Javi) son una banda 'grande'. Flanqueados por dos Hamsas árabes para señalar la denominación de origen, las letanías metálicas, de piezas 'hit' como 'Mis barraqueras', 'Tango', 'Agua de mayo' o 'Andaluz de nacimiento' fueron auténticos torpedos, más recitados que rapeados, y coreados con fervor por los cien primeras filas de espectadores. Espectacular salida para un Zaidín que venció a los elementos. A la hora del cierre de edición Eskorzo (recién llegados de Vigo) vendrían después, Sôber esperaban su turno, y los grupos escolta, Número Primo y Billymonkeys Rock pasaron a guardaespaldas ya de madrugada.

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