Muere la poeta granadina Mariluz Escribano

Escribano (sentada), con Ángeles Mora y Carmen Calvo, en la enrega del Premio Nebrija. / RAMÓN L. PÉREZ

Histórica catedrática de la UGR y columnista de IDEAL, ha fallecido este sábado a consecuencia de una enfermedad respiratoria

P. RODRÍGUEZ / J. A. MUÑOZ

La poeta Mariluz Escribano Pueo ha fallecido este sábado en Granada a los 83 años debido a las complicaciones derivadas de una enfermedad respiratoria, que padecía desde hace algún tiempo. A pesar de los problemas de salud, la escritora, histórica catedrática de la Universidad de Granada (UGR) y columnista de IDEAL, mantenía en los últimos años una vida cultural muy activa. Este mismo año había participado en el proyecto 'La Alhambra interpretada', para el que compuso un poema inédito.

Su última aparición pública tuvo como escenario el Festival Internacional de Poesía, donde, con su habitual humor, desgranó las bases de su poética y leyó 'Cuando me vaya', el último poema incluido en el que será, ya, su último libro publicado en vida, 'Geografía de la memoria' (Calambur). Igualmente, Escribano había sido objeto en el último año de diversos homenajes, como la concesión de la Bandera de Andalucía, y había obtenido el Premio Elio Antonio de Nebrija, entregado por la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en un entrañable acto que tuvo lugar en la sede de la Subdelegación del Gobierno.

Nacida en Granada el 19 de diciembre de 1935, su infancia estuvo marcada por el asesinato de su padre, el célebre profesor Agustín Escribano, a manos de las fuerzas franquistas en los primeros meses de la Guerra Civil. Aquella ausencia, a la que la escritora haría alusión constante en su obra poética, acercó a su familia a la de otras víctimas del conflicto, como los García Lorca, lo que la hizo una habitual de la Huerta de San Vicente en sus primeros años.

La inestable situación de la familia en Granada, perseguida por el régimen, obligó a la madre de Escribano, Luisa Pueo y Costa, sobrina del político regeneracionista y economista Joaquín Costa, a marcharse de la ciudad y exiliarse a Pedrosa del Príncipe, en Palencia. Allí se crió Escribano, que siempre mostró unas notables capacidades y una especial predilección por las letras.

Tras regresar a la capital nazarí, estudió Filosofía y Letras en la UGR, logrando en 1958 el premio extraordinario de la licenciatura. Su carrera como catedrática del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura estuvo jalonada de importantes investigaciones como las realizadas en el marco del Grupo de Investigación de Sociolingüística Infantil Andaluza o las relativas a Nicolás María López, un autor granadino al que hizo protagonista de su tesis y sobre el que publicó 'Antón del Sauce, vida y obra' en 1996.

Sin embargo, es la amplia tradición literaria oral de Granada la que marcó la temática central de su trabajo. La investigadora firmó publicaciones como 'Romancero granadino de tradición oral. Primera Flor' (1990), 'Retahílas infantiles de tradición oral' (1993), 'Juegos infantiles granadinos de tradición oral' (1994), 'Cancionero granadino de tradición oral' (1994), 'Romancero granadino de tradición oral. Segunda Flor' (1995), 'Adivinancero granadino de tradición oral: retahílas y trabalenguas' (1996) o 'Canciones de rueda. Danzas' (2003).

Poeta de la infancia

En paralelo a su actividad académica, Mariluz Escribano desarrolló una gran labor en el ámbito literario y cultural provincial. La granadina dirigió revistas como 'Extramuros' y ha continuado dirigiendo en los últimos años 'EntreRíos'. Además, fue colaboradora habitual de la sección de Opinión de IDEAL, un trabajo que recogió en publicaciones como 'Ventanas al jardín' (2002) o 'El ojo de cristal' (2004).

Como creadora, Escribano se adentró en géneros como la novela, con 'Papeles del diario de doña Isabel Muley' (1996), o el ensayo memorialístico, con 'Sopas de ajo' (2000). Sin embargo, fue su labor poética la que la erigió como una de las voces más importantes de las letras granadinas de las últimas décadas. 'Cartas de Praga' (1999), 'Memoria de azúcar' (2002), 'Los caballos ciegos '(2008) o 'Umbrales de otoño' (2013, ganadora del Premio Andalucía de la Crítica) son algunos de sus poemarios más recordados.

El libro 'El corazón de la gacela' y la antología 'Azul melancolía' fueron algunos  sus últimos proyectos poéticos. Con motivo de la publicación del primero, en 2015, Mariluz Escribano se reafirmó como una poeta «de la infancia» y aseguró que siempre tuvo el propósito de ser «diáfana» en su escritura. La pérdida de su padre, el esfuerzo materno, la alegría de la niñez, los paisajes de Palencia y Granada en que creció, la reflexión sobre la madurez, la belleza y el paso del tiempo son algunos de los ejes de una poesía calificada por Remedios Sánchez, profesora de la UGR y alumna de Escribano, como «una de las mejores aportaciones literarias del siglo XX».