La mayor cazadora de piojos del mundo está en Granada

Charo Montero creó en 2011 la primera empresa de España dedicada a quitar estos bichos de manera profesional. Hoy factura un millón de euros al año y ha hecho su primer cameo en el cine junto a Santiago Segura

Charo Montero, armada con los aspiradores de piojos que ha patentado. / Ramón L. Pérez
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Lo más importante es que no piensen en piojos: tengamos una lectura en paz. No piensen en esos diminutos insectos que se esconden en la cabeza como un incómodo asterisco en mitad de la novela. No piensen en piojos, no lo hagan, porque si no corren el riesgo de que su mano tome en control y termine en lo más alto de su coronilla, rascándose un silencioso picor que no se va. De hecho, el picor se moverá como si hubiera un bicho campando a sus anchas, brincando de pelo en pelo, agitando la colita. Lo malo del picor es que no lo podrán controlar, irá a más. Crecerá tanto, será tan molesto, les nublará tanto el juicio, que terminarán por pensar que tienen piojos. Y quizás sea verdad. Quién sabe. Quizás tengan piojos. En ese caso, no se preocupen, en Granada tenemos a la mayor cazadora de piojos del mundo. Y ella sabrá decirles.

Rosario –Charo– Montero (1971) tenía un problema: le picaba la crisis. En 2011, con la construcción herida de muerte, dedicarse al sector del mueble era una mala idea. Charo perdió su trabajo y tenía que reinventarse, así que le dio una vuelta a la cabeza: «¿Qué no había en este país que me pudiera dar de comer?», pensó. Entonces, un día, charlando con unos amigos sobre los piojos de sus hijos, vio una pequeña veta inexplorada: «Eso era lo que no había en España. Nadie quitaba piojos de manera profesional. Nadie se había preocupado». Así nació 'Kid & Nits' ('Niños & Liendres').

Ocho años después, aquella pequeña empresa ubicada en un rincón de Casillas de Prats se ha convertido en la mayor franquicia especializada en quitar piojos del mundo: 65 centros en España, cinco recién estrenados en Portugal y, en breve, uno en Luanda (Angola); más de 200 trabajadores y una facturación anual que ronda el millón de euros. «Somos los que más piojos quitan del mundo», sonríe orgullosa Charo.

Ir a 'Kids & Nits' es como entrar a la consulta de un dentista. La diferencia, claro, está en el equipamiento. «Al principio usábamos una máquina que inventó un americano. Conforme fuimos creciendo, decidimos crear nuestra propia patente y ahora tenemos la única máquina para despiojar del mundo homologada para uso humano». La máquina, que parece una nevera con dos mangueras, se llama 'Nitter', el 'terminator' de los piojos. A saber: «Tiene un sistema de expulsión de aire que deshidrata al insecto y, luego, un sistema de aspiración que recoge el residuo. Básicamente, mato al piojo y luego lo recojo». Un trabajo que a Charo no le gusta, le «flipa». «Me encanta. Me relaja muchísimo quitar piojos. Siempre me han gustado las manualidades y se parece en algo. Además, me gusta mucho charlar con las familias, te cuentan cada cosa...»

¿Cómo funciona el 'terminator' de los piojos?

En cada centro liderado por la granadina Charo Montero hay, al menos, tres profesionales. Cuando llega un caso nuevo, lo primero que realizan, de manera gratuita, es un diagnóstico para valorar si el tratamiento es necesario. Una vez que está verificado que sí, que hay piojos, es el turno de Nitter, el 'terminator' de los piojos. Primero, la máquina aplica aire a alta velocidad para deshidratar al insecto y a los posibles huevos, las liendres. Luego, con aire aspirado se retira el residuo. Por último, se repasa con liendreras profesionales. Una semana después, revisión para evitar que haya nuevos contagios. «Cuando viene una persona contagiada sugerimos que venga toda la familia», apunta Montero. Y sigue: «El proceso no reviste riesgo para el pelo ni para el cuero cabelludo, ni provoca otros problemas de salud. Está 100% garantizado y, como máximo, dura una hora».

En el rato que pasamos en la sede granadina de 'Kids & Nits' el bullicio es constante. La media está en 150 clientes al mes. Sin embargo, la gente no habla de ellos. «Recuerdo que cuando abrimos, una vecina le dijo al casero del local que investigara cuál era mi negocio, porque la gente, cuando llegaba a la puerta, miraba a los lados y solo entraba si no había nadie. Ahora está más normalizado. Nosotros siempre decimos lo mismo: tienen piojos la gente simpática, los que tienen amigos. No hay nada de lo que avergonzarse». Porque sí, antes de que busquen una razón social o demográfica o étnica, tomen nota: los piojos son bichos democráticos. No van asociados a la falta de higiene ni a la pobreza. «Tenemos desde bebés de meses hasta abuelas de 80 años –explica Montero–. Mientras haya pelo, da igual la edad. El piojo no busca carnet de identidad, no ve la fecha de nacimiento ni la cartilla del banco. No distingue entre rubios ni blancos ni morenos ni nada. Sólo pelo». Entonces, ¿cómo conseguir que tu empresa se conozca y, al mismo tiempo, acabar con el estigma del piojo? Aquí es donde entra Santiago Segura.

'Padre no hay más que uno'

'Kids & Nits' es la franquicia con más centros para quitar piojos del mundo. Y es, también, la única que ha protagonizado un cameo en el cine. Resulta que en la última película de Santiago Segura, 'Padre no hay más que uno', los piojos juegan un papel protagonista. Ya saben que Segura, un desastre de padre que dice que controla las tareas domésticas pero en realidad no ha puesto una lavadora en su vida, se tiene que encargar de cuidar a sus cinco hijos porque su mujer, la madre, se marcha de viaje. Uno de los episodios por los que tendrá que pasar la familia es, claro, lidiar con los piojos. Y ahí entran Charo y su centro de Madrid.

«Nos propusieron salir en la película. Me mandaron el guion y, desde el principio, me di cuenta de que Santiago Segura se había puesto en los zapatos de un padre de un niño con piojos. Luego me enteré de que lo había pasado en casa. Trata el tema con naturalidad, con simpatía, con gracia. Dijimos que sí». La mañana en la que Charo viajaba a Madrid para asistir al rodaje en el centro de Serrano (hay cinco franquicias en la capital), habló con la productora. «Poníamos el centro, las máquinas, la marca... ¿no podíamos salir nosotros?, pregunté. Y nos dijeron que sí. De hecho, yo soy la que atiende al niño protagonista. Fue divertidísimo». En el anecdotario del rodaje queda que uno de los niños que sale en la escena descubrió allí mismo, para su propio asombro, que tenía de verdad piojos.

Charo y parte de su equipo con Santiago Segura y Luna Fulgencio.

Este cameo en toda regla forma parte del enorme historial que atesora Charo. Al parecer, los piojos dan mucho juego. Hace poco, por ejemplo, fue una abuela a tratarse. Estaba muy contenta. Decía que de pequeña sus hermanas y sus primas siempre se reían de ella porque era la única que no tenía piojos. «Te vas a morir porque no te quieren ni los piojos», le decían. Cuando se enteró de que tenía piojos llamó orgullosa a sus pocas primas que le quedan y les dijo que las que se iban a morir eran ellas. O el hipster que pasó por el centro porque tenía piojos en su enorme y perfecta barba puntiaguda. «Le dijimos que no –ríe Montero, colorada–, que no hay piojos en la barba. Sólo en la cabeza. En la barba lo que puede haber son ladillas...»

Bueno, ¿qué? ¿Les sigue picando la cabeza? ¿Se rascan sin remedio? ¿No pueden parar de hurgarse los pelos, uno a uno? ¿Acaban de descubrir que su mano sube a frotar, otra vez, esa preciosa melena con la que juguetea al viento? Vaya, qué lástima. A ver si van a tener piojos. Esta vez –ya era hora– nos toca sonreír a los que no nos pica nada de nada. ¡Ja!