La raíz granadina de Narciso Ibáñez Serrador

Chicho Ibáñez Serrador acompañado por el alcalde Pérez Serrabona /Torres Molina
Chicho Ibáñez Serrador acompañado por el alcalde Pérez Serrabona / Torres Molina

Los restos de su madre, la popular actriz Pepita Serrador, reposan en el cementerio de San José

AMANDA MARTÍNEZ

Rosas en la Alhambra para Pepita Serrador. La actriz dejó escrito que quería ser enterrada en Granada y su hijo cumplió con su última voluntad. El 5 de octubre de 1970 acompañó a los restos mortales de su querida madre, figura indiscutible del teatro, que había muerto en 1964.

En el funeral acompañaba a su padre, Narciso Ibáñez Menta, su hermana María Leonor Serrador y a Carmenza Rivero, amiga predilecta de la actriz. La ciudad estaba representada por su alcalde, José Luis Pérez Serrabona, y por un grupo de escritores y poetas granadinos que rindieron un homenaje póstumo a la actriz con una ofrenda de versos.

Chicho quiso entonces agradecer a la ciudad tan emotiva despedida con un artículo publicado en este periódico en el que cuenta su relación con Granada ciudad que conoció de la mano de su madre.

«Teniendo catorce años llegué por primera vez a Granada. Una mujer, cogiéndome de la mano, fue 'enseñándome a ver la ciudad. Con ella, desde niño, había 'aprendido a ver' muchas cosas. Esa mujer, aunque también era la primera vez que visitaba Granada, parecía conocerla de siempre. Había leído mucho, soñado mucho con esa tierra roja.

[...]

Tras la primera visita, raro era el año que con la compañía de teatro que ella encabezaba no pasásemos por Granada. A veces, nuestro administrador aconsejaba no ir a la ciudad [...] pero a ella no le importaba. Necesitaba ir a Granada. Vivíamos en un hotel situado en lo alto del monte de la Alhambra. Le gustaba perderse por los pequeños senderos y volver a encontrarse con sus viejos bancos solitarios y amigos, en los que leía o emborronaba cuartillas«.

La actriz Pepita Serrador
La actriz Pepita Serrador / IDEAL

Llego a conocer la Alhambra mucho mejor que cualquiera de sus guías.

Por ella supe de Falla y de Ganivet, de Villaespesa y de Washington Irving, supe de todos sus tópicos y de las verdades profundas que encierra Granada.

A medida que fueron pasando los años, el turismo invadió sus rincones solitarios, impidiéndole quedarse a solas consigo misma, sus libros y sus cuartillas. Buscando por el monte nuevos senderos descubrió el cementerio de San José. Un día me hizo acompañarla: «Verás, hijo: solo en Granada puede ocurrir que un cementerio, en lugar de estar envuelto en tristeza, esté cubiero solo por la nostalgia».

La carta larga y sentida, concluye: «En el cementerio de San José hay un nuevo y pequeño panteón. En la lápida solo está escrito: »Pepita Serrador, actriz«. Más abajo queda un espacio en blanco. Algun día contendrá otras tres palabras: »Y su hijo«

El 29 de enero de 1977, el popular director volvía a la provincia para descubrir, en una calle de la barriada de Santa Amalia de Atarfe, una placa de mármol con el nombre de su madre, Pepita Serrador. En el «bautizo» de la nueva vía, el alcalde, Alfonso Bailón Berdejo, justificó la decisión del Ayuntamiento como un homenaje a «esa gran mujer enamorada de Granada», e hizo público el cariño de todo el pueblo a Chicho y a su mujer, a quienes nombró hijos adoptivos del municipio.