Poesía infantil, necesaria y cargada de presente

Ilustración de Sara Sánchez para 'Las gafas de sentir', poemario infantil de Vanesa Pérez-Sauquillo./Ed. Beascoa
Ilustración de Sara Sánchez para 'Las gafas de sentir', poemario infantil de Vanesa Pérez-Sauquillo. / Ed. Beascoa

«Versos y consolas no son enemigos», coinciden Mar Bengas y Vanesa Pérez-Sauquillo, poetas para lectores menudos

MIGUEL LORENCIMadrid

La sombra de Gloria Fuertes es tan alargada como confortable. Dos décadas después de su muerte, una nueva generación de poetas para lectores menudos transita la senda que ella roturó en la poesía infantil. Sin la enorme popularidad de su antecesora, voces como las de Mar Benegas, Vanesa Pérez-Sauquillo, Antonio Rubio, Rafa Ordóñez, Raúl Vacas, Beatriz Osés, Pedro Mañas, Ana María Romero Yebra, o Beatriz Giménez de Ory mantienen encendida la antorcha poética para los primeros lectores.

Una poesía «maltratada pero viva» según Benegas, y que sigue siendo «necesaria como el pan de cada día» y «un arma cargada de futuro», como escribió Gabriel Celaya, «pero sobre todo de presente», según Vanesa Pérez-Sauquillo, madre de tres hijos, narradora, poeta para adultos, jóvenes y peques, que ve en la poesía «una herramienta para ser feliz».

«De los más 80.000 títulos que se publican cada año, los infantiles y juveniles superan los 10.000, pero apenas cuarenta son de poesía», apunta Mar Benegas (Valencia, 1975), hiperactiva escritora, poeta viajera y de guardia como Fuertes, por cuyos talleres y recitales pasan cada año miles de críos.

Esa escasez no quiere decir que la poesía infantil sea un páramo. «Es un género maltratado, sí, pero muy vivo en la era digital, en la que lo tiene quizá más complicado, pero en la que los niños siguen disfrutando y reteniendo los poemas en sus cabecitas». «Todos disfrutan de la poesía cuando se aproximan a ella y no he encontrado a un solo crío, ni uno, que no le guste», asegura Benegas, autora de una veintena de poemarios, asidua visitante de escuelas, centros educativos y una de las más destacadas herederas de Gloria Fuertes.

«Se maltrata a la poesía infantil como a la poesía en general, que no es un género muy presente en nuestras vidas», apunta Benegas. «Hay demasiadas cargas en la vida académica, y las humanidades en general están maltratadas. La poesía, que por fortuna no sirve para nada más que para ella misma, no es una excepción. Esta alejada de lo que se ofrece a los jóvenes, ya que una vez que los niños entran en el dominio de la razón se la abandona», lamenta Benegas, capaz de poner a unos adolescentes conflictivos «a rapear con versos de Quevedo».

Público implacable

Más optimista es Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978) con hijos de seis meses, cuatro y seis años «que viven la poesía desde la primera nana». «El panorama no es tan sombrío», asegura esta autora de quince poemarios infantiles que debutó en el género en 2013. «La poesía sigue siendo minoritaria, es evidente, pero a diferencia de la de adultos en la infantil hay más igualdad y justicia. Los niños son un público implacable. Les gusta o no un poema al margen de quien sea el autor», plantea. «La conexión entre el niño y la poesía es inmediata: por su cosmovisión mágica, por la asociación sinestésica de palabras, el gusto por el disparate y el asombro. La musicalidad de los poemas, a la que se acostumbran desde que nacen -Sana sana, culito de rana...Cinco lobitos...-, les satisface y ayuda mucho», explica.

Reconoce Pérez-Sauquillo que se publican pocos títulos, «pero la contrapartida es que hay muchas ediciones y fantásticos poetas como Rafa Ordóñez o Ana Merino, y editores que hacen un trabajo excepcional». Cree, como Benegas, que el poema tiene su oportunidad frente a la tiranía digital. «Hay tiempo para todo y espacio para todos los soportes. Las nuevas tecnologías son buenas plataformas literarias. Crean formas de arte que no existían antes y pueden combinarse muy bien con la poesía. Son un nuevo campo abierto a la experimentación y la imaginación. La tabletas y las consolas no son enemigos de los versos. Pueden ser aliados de la educación y la diversión casando palabra e imagen», dice.

Tampoco cree Benegas que el poema haya perdido la batalla frente a los seductores artilugios digitales. «Hay tiempo para todo. Metemos a los niños en la rueda productivista cada vez antes y no dejamos tiempo para compartir poesía en voz alta. Si los críos tienen una actividad placentera en familia, la preferirán a las consolas. Pero si entran solos en ese narcótico de la pantalla será más difícil atraparlos con un poema», dice. «Versos y tecnología son compatibles si dejamos espacio.

El poema siempre tiene su oportunidad frente a la consola y hay miles de fórmulas para divertirse con el lenguaje, que es una parcela de poder que utiliza el poder, y debemos ofrecer a los niños herramientas para defenderse», concluye la autora.

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