«La mejor literatura sobre Granada está en la poesía y el microrrelato»

Andrés Neuman y Álvaro Salvador (dcha.), ayer en el Ateneo de Granada. /PEPE MARÍN
Andrés Neuman y Álvaro Salvador (dcha.), ayer en el Ateneo de Granada. / PEPE MARÍN

Andrés Neuman rastreó anoche las huellas de las ciudades en sus libros de la mano de Álvaro Salvador

EDUARDO TÉBARGranada

Las ciudades -según las enseñanzas de Italo Calvino- son lugares invisibles. Las novelas de Andrés Neuman se desarrollan en rincones reales de Buenos Aires, Madrid, Tokio, Nueva York o París. También en arterías de capitales imaginarias, como Bariloche o Wandernburgo. Y en todas ellas hay algo de Granada. El escritor barbado, siempre tan ameno, ágil y ocurrente, lo confesaba anoche en una sala llena de la Biblioteca de Andalucía. Invitado por el Ateneo de Granada, y por tanto por uno de sus maestros, Álvaro Salvador, Neuman señaló que la mejor literatura sobre Granada «ha sido cantada desde la poesía, los cuentos o los microrrelatos de Ángel Olgoso».

«Granada es un gran tema: pide a gritos una novela épica», interpelaba Salvador, el 'profe' que leía con paciencia la narrativa del Andrés imberbe que daba sus primeros pasos en la facultad de Hispánicas. Neuman era entonces un bicho raro: en los noventa, todos los estudiantes eran aspirantes a poetas. Hasta para experimentar con las drogas había que repasar el manual de Baudelaire, con su mal floreado, o Rimbaud, que invitaba a pasar una temporada en el infierno. «Aquel entorno me transformó como narrador. Es curioso que incluso las novelas más líricas de Muñoz Molina sean las que escribe en Granada», reflexionó el premio Alfaguara en 2009 por 'El viajero del siglo'.

Argentino de nacimiento y granadino del BUP en adelante, Andrés Neuman redescubrió la lengua madre al pisar el instituto. «Llego y me relaciono de otra mera con el español. Encendía Canal Sur y escuchaba un andaluz inventado en Sevilla. El ibérico de Granada no es el central que suena en la televisión nacional. Una locura, vaya», reveló. «De ahí que casi todas mis novelas incluyan un traductor o a un personaje que no se maneja bien con el idioma del sitio en el que se encuentra», añadió el autor de 'Fractura'.

¿Y la novela total sobre Granada? ¿Dónde hay que buscarla? El bonaerense apuntó a la figura de Justo Navarro y a títulos como la reciente 'Petit París', en la estela de 'Gran Granada', 'El alma del controlador aéreo' o 'La casa del padre', con sus escenas en calle Elvira o el Paseo del Violón. «Justo Navarro se ha acercado más a Granada cuando ya no vive aquí, sino en la británica Nerja, que es el opuesto cultural de Granada. Aquí el inglés se escucha de pasada, pero allí se vive», meditó Neuman. Ya lo decía Machado: se canta lo que se pierde. Precisamente, fue Justo Navarro quien presentó el primer libro de Andrés, hace dos décadas, en La Madraza. «Es la primera vez que presento a un escritor de verdad», afirmó.

Una anécdota: el presentador de la velada inspiró un personaje -Álvaro Urquijo- de 'El viajero del siglo', la obra que encumbró a Andrés Neuman. En la novela, que cuenta la estancia de Hans en la figurada Wandernburgo, situada entre Prusia y Sajonia, se filtró la vivencia de Neuman en la diminuta calle Escutia, en el Realejo: una de las más diminutas de Granada. «Se halla entre Santiago y Molinos. Me sirvió para tomar conciencia de que las calles aparecen y desaparecen. Sin ser una novela sobre Granada, Granada está en 'El viajero del siglo'».

Salvador, en cambio, vislumbró Granada en 'El resplandor' de Kubrick. «¡Todas esas fantasmagorías se podían asociar con esta ciudad!», exclamó el poeta de La Otra Sentimentalidad. «Hay dos tipos de novelas: las de viajes y las de asedio. Esto es así desde Grecia. Desde 'La Ilíada' y 'La odisea'», advirtió Neuman, que buscó un retiro budista cerca de Órgiva para foguearse como escritor posadolescente. «La novela resultó ilegible, pero la experiencia fue espléndida», compartió. «'Bariloche' la elaboré en la facultad, cuando ya llevaba ocho años en Granada. Se produjo un fenómeno doble. Por un lado, mi inmersión en la Granada profunda, por el Albaicín. Por otro, mi necesidad de trasladarme a Argentina literariamente en la distancia. Era otra época, antes de que todos tuviéramos internet en casa. En la reedición, revisé los lugares a través de Google Maps con una neurosis digna de Juan Ramón». Según Neuman, «las ciudades no son callejeros, sino lugares para buscarse a uno mismo».