Lord Byron, el primer artista pop, brilla en sus diarios

Lord Byron ataviado con un traje típico albanés en un retrato de Thomas Phillips datado en 1835./Archivo
Lord Byron ataviado con un traje típico albanés en un retrato de Thomas Phillips datado en 1835. / Archivo

Las confidencias del genial poeta derrumban el mito como depredador sexual del gran icono romántico. Escritos con «la espontaneidad del tigre», aparecen en una «modélica» edición en español que no existe en el ámbito anglosajón

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Lord Byron ha quedado como el icono romántico por excelencia y es el forjador del primer gran modelo de fama, el primer artista pop de un linaje que llega hasta David Bowie». Lo afirma Jordi Doce, editor de los 'Diarios' de Lord Byron (Galaxia Gutenberg). Con traducción, introducción y notas de Lorenzo Luengo, escritor que llevaba dos décadas buceando en los papeles de George Gordon Byron (1788-1824), rescata unos textos «desperdigados y maltratados» en una edición «modélica» para Doce. Una edición que no existe en el ámbito anglosajón y que «derrumba mitos y visiones legendarias que presentan al genial poeta romántico como un depredador sexual».

«La espontaneidad del tigre se nota en estos diarios, que destilan frescura, inmediatez y una ausencia de pedantería que no se da en su poesía», apunta Doce. Destaca «la sinceridad» de unos textos «que hacen contemporáneo» al sexto barón de Byron, un aristócrata revolucionario que, según Jaime Gil de Biedma, «encarna el oscuro impulso de la libertad y rebeldía nihilistas del espíritu moderno».

«Bello, descarado y talentoso, vivió deprisa y murió a los 36 años en Missolonghi, defendiendo en Grecia el ideal romántico, y dejó, casi, un bonito cadáver; si eso es posible después de que tres médicos incapaces te sangren con sanguijuelas», ironiza Doce. No duda en presentar al noble poeta, famoso en toda Europa y alabado por Goethe, como «la primera 'pop star', aunque usara otro lenguaje», y equipara «su no muy buena fama» a la de Mick Jagger o Lady Gaga.

«Su poesía ha envejecido un poco, salvo 'Don Juan', de modo que Byron sobrevive mejor en su prosa íntima, en estos diarios y en sus miles de cartas, que suman doce volúmenes», apunta Doce, que elogia la traducción y la edición de Luengo de 'Diario de Londres' (de noviembre de 1813 a abril de 1814), 'Diario alpino' (septiembre de 1816), 'Diario de Rávena' (enero-febrero de 1821) 'Diario de Cefalonia (junio de 1823 y febrero de 1824), además de 'Mi diccionario' y 'Pensamientos aislados'. «Son textos que encierran una biografía de gran eficacia psicológica, en los que vemos a un insolente, descarado y cínico Byron que se ríe de sí mismo y de los demás, a los que ridiculiza con un humor negro, cierto candor y contemplando el mundo con asombrosa lucidez e inteligencia», señala Doce.

Memorias abrasadas

Byron los escribió de forma deslavazada. Explica Luengo como los diarios aparecieron en los 70 y los 80 del siglo pasado «de forma fragmentaria» y como «se publicaron sin rigor editorial y muy pobremente en el Reino Unido». Se intercalaron en una biografía de Byron escrita por Thomas Moore, su «descuidado» albacea literario «que destruyó las memorias del poeta en las que quizá estuviera la versión original de unos diarios que Moore editó y censuró a a su antojo».

En el ámbito anglosajón no existe una edición parecida a la española. «Ofrece ese autorretrato de Byron que quizá apareciera en sus memorias quemadas y que fueron su fórmula para luchar contra la depresión», apunta Luengo. «Vemos a un Byron desconocido e íntimo y susurrante; como un Hamlet en su camerino antes de salir a escena, fuera de su mito, de la imagen desfigurada y exagerada que la historia ha construido sobre él».

Como las estrellas del rock «Byron era acechado en Londres o Suiza por los que hoy serían 'paparazzi', movidos por el morbo y los bulos sobre una vida licenciosa y libertina». Es cierto que una niñera lo inició en el sexo con 9 años, pero su deformante fama destacó su supuesto satanismio, -«te arrepentirás de haberte juntado con el diablo», le dijo a Anabella Milbanke el día de su boda- condenó su incestuoso amor por su hermanastra Augusta Leigh, del que nació su hija Medora, y su pregonada bisexualidad.

«En su vida sexual hay más leyenda que certezas, pero no fue un depredador sexual ni un Don Juan, mito al que dio la vuelta», dice Luengo. «Eran las mujeres quienes arrastraban a Byron. No era un mojigato, pero tampoco un crápula ni un vicioso. Sus diarios no son como las memorias de Casanova». «Sobre sus apetitos amorosos se ha exagerado mucho. Se relacionó con jóvenes efebos, pero no es cierto que Polidori o Pierce Shelley fueran sus amantes». «Sus confidencias derriban mitos sobre su promiscuidad y su figura, idealizada tras dos siglo de retratos distorsionados por el peso de la herencia victoriana».

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