Un libro recupera la memoria del exilio de la familia Lorca

Reunión familiar en el jardín de la Huerta de San Vicente en 1934. Tica, a la izquierda, está en brazos de su madre, Concha García Lorca, hermana del poeta./ARCHIVO
Reunión familiar en el jardín de la Huerta de San Vicente en 1934. Tica, a la izquierda, está en brazos de su madre, Concha García Lorca, hermana del poeta. / ARCHIVO

Tica Fernández-Montesinos, sobrina del poeta, publica su segundo libro, que recuerda la estancia en Estados Unidos y el regreso en los 50 a la España franquista

PABLO RODRÍGUEZ

Sobre la cubierta del Marqués de Comillas, con la ría de Bilbao como testigo, el viejo Federico García hizo un último juramento. «No quiero volver a ver este ‘jodío’ país en mi vida». Lo cumplió hasta el final. Los huesos del padre del poeta andaluz más famoso de la historia descansan aún hoy, casi 80 años después, al otro lado del océano.

Aquel juramento marcó el inicio del exilio de la familia García Lorca. Vicenta ‘Tica’ Fernández-Montesinos, hija del alcalde de Granada, nieta y sobrina de Federicos, lo recuerda a sus casi 88 años en su segundo libro de memorias, ‘El sonido del agua en las acequias’, que acaba de publicar la editorial granadina Dauro dentro de su colección Biografías e Historias reales.

El volumen, al cuidado de Carmen Vélez, secretaria y amiga de Tica, continúa el relato donde lo dejó en aquellas famosas ‘Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra’ que editó Comares en 2011, con la marcha de la familia tras, como deja entrever la propia sobrina del poeta en las páginas, pactar con la dictadura «no hablar en absoluto sobre la tragedia que habíamos vivido».

Los recuerdos de Tica son reveladores de las dificultades que los allegados del poeta padecieron en ese tiempo. La subsistencia en los primeros años con el único sueldo de Isabel –profesora de Literatura en el New Jersey College primero y en el Sarah Lawrence College después–, los obstáculos para cobrar las rentas granadinas que el padre del escritor había dejado en manos de Pérez Serrabona o la complicada adaptación a una forma de vida tan distinta marcaron los primeros años de los Lorca al otro lado del Atlántico.

La herida de los asesinatos de Federico y Manuel, alcalde de Granada en el inicio del golpe militar, no cicatrizó con la distancia. Como revela Tica, entonces una adolescente, la familia tejió un tupido velo de silencio sobre lo sucedido que se extendió también sobre la obra del poeta. Es el hallazgo de un ejemplar del ‘Romancero gitano’ en el salón de la vivienda de los Lorca en Nueva York el que desencadena su primera aproximación al autor de Fuente Vaqueros. «Me pudo más la curiosidad y el interés, los cuales las obstinada prohibición familiar aumentaba, y me dispuse a leerlo aún sin permiso», cuenta sobre aquel momento.

Pero si por algo destaca ‘El sonido del agua en las acequias’ es por su propósito de ser ventana por la que contemplar aquella España que se perdió con la caída de la República y que, exiliada, se llevó consigo lo mejor de la cultura de la época. Por las páginas pasan figuras como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Américo Castro, Tomás Navarro Tomás, José Manuel Blecua, Ángel del Río o Joaquín Casalduero, muchos de ellos responsables de algunas de las páginas más brillante de las letras españolas y protagonistas de escenas tan emotivas como la realizada por el autor de ‘Cántico’, primer escritor de la generación del 27 que visitó a los padres del poeta en Milltown.

El regreso a España, en 1951, también es contado por Tica, que plasma los sentimientos encontrados provocados por la vuelta, así como el orgullo por el papel que la familia jugó en la resistencia cultural antifranquista. Su matrimonio, la reivindicación de la obra lorquiana y la configuración de los fondos que vendrán próximamente a Granada cierran las memorias de una Tica que, con elegancia, ajusta cuentas con «aquel ‘jodio’ país» del que se despidió casi 80 años atrás Federico García.

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