«Tan reprobables son las dictaduras de izquierdas como las de derechas»

Enrique Krauze./
Enrique Krauze.

El pensador mexicano reflexiona sobre la historia de los populismos y su nueva irrupción en el siglo XXI en 'El pueblo soy yo'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En 2005, mucho antes de su explosión definitiva de la mano de Trump y el 'brexit', Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) ya advirtió de que el mundo se encontraba en puertas de una nueva ola de populismos. Fue entonces cuando el escritor, historiador y pensador mexicano elaboró un decálogo para detectar el populismo que sigue plenamente vigente y también cuando empezó a publicar artículos y ensayos sobre el asunto en cuestión. Estos textos aparecen ahora en forma de libro, 'El pueblo soy yo' (Debate), una mirada actualizada al fenómeno de masas que marca la política contemporánea.

«El populismo es el hechizo entre el pueblo y el líder por encima de las leyes», explica Krauze, director de la revista 'Letras libres'. «En su etapa moderna, el populismo nació en Argentina con el peronismo, pero siete décadas después, en pleno siglo XXI, tenemos esta irrupción sorprendente», agrega el autor.

A su juicio, fue el venezolano Hugo Chávez el primero de los nuevos caudillos y también el ejemplo que siguieron partidos populistas como Podemos en España, del que el liberal Krauze no tiene la mejor de las opiniones. «Sus miembros son políticos de cubículo, creadores de maquetas ideales de la sociedad que están intoxicados de teoría y nunca han visto el mundo real. ¿Cuántos especialistas en el mundo obrero nunca han visto a un obrero? ¿Y cuántos críticos con las empresas nunca han conocido una empresa y no saben lo que es pagar un sueldo?», se pregunta.

Sobre todo el libro sobrevuela la idea de que la democracia es un sistema «benditamente imperfecto» y «frágil», siempre acechado por la demagogia, el paso previo a la dictadura. «Y la historia del siglo XX, con el comunismo y el fascismo, nos ha demostrado que tan reprobables son las dictaduras de izquierdas como las de derechas. Todas oprimen a sus pueblos y acaban trayendo una estela de muerte. Algunos distinguen entre dictadores malos y no tan malos porque rodean a estos últimos con la legitimidad de la revolución social, pero todos deben saber, como decía Lord Acton, que 'el poder absoluto corrompe absolutamente'», argumenta Krauze.

El populismo tiene muchos tentáculos, y el autor cree que uno de ellos es el nacionalismo, como sucede en Cataluña. «Entiendo perfectamente la sensibilidad de Cataluña y de otras regiones por defender su identidad y también entiendo el amor por su cultura, su territorio y sus tradiciones, pero cuando esto deriva en una forma de voluntad de poder y de afirmación política, se convierte en el nacionalismo, y esto es siempre negativo», opina Krauze. «El nacionalismo es la afirmación del 'nosotros' sobre el 'ustedes', una segregación, un rechazo al otro y, finalmente, el empobrecimiento de todos, como se vio en Quebec. Las culturas se enriquecen con el contacto exterior, no se contaminan», asevera.

El último capítulo del libro de Krauze está dedicado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que el escritor compara con el emperador romano Calígula. «Sólo podemos encontrar antecedentes de Trump en la 'Vida de los Césares', de Suetonio. Albergo el temor de que en el ADN de Trump está el totalitarismo, algo que podemos detectar en su admiración por líderes extranjeros como el filipino Duterte o en sus buenas palabras hacia el norcoreano Kim Jong-Un. Y más allá: temo que Trump pueda llevarnos a una guerra porque la salida natural de este tipo de regímenes es desatar guerras», concluye.

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