Fouché, el señor de las tinieblas

Retrato de Fouché./
Retrato de Fouché.

La legendaria biografía que Stefan Zweig dedicó al maquiavélico ministro de la Policía de Napoleón vuelve a las librerías

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

La historia que cuenta este libro ocurrió hace 200 años, la obra fue publicada por primera vez hace noventa y su autor se suicidó hace 76. Y sin embargo, cada nueva reedición de 'Fouché. Retrato de un hombre político', una de las obras maestras de Stefan Zweig, que vuelve a las librerías de la mano de Acantilado, es un pequeño acontecimiento literario.

Joseph Fouché, lo sabe la historia, fue una de las claves de bóveda sobre la que se sostuvo la Francia revolucionaria y napoleónica. Feo, taimado, capaz de aliarse con todos y de traicionar a todos, República, Terror, Imperio y Monarquía, fue un Maquiavelo del siglo XIX que desplegó desde la Convención y después desde el Ministerio de la Policía todas las (malas) artes conocidas para conseguir permanecer siempre al lado del poder. Pero el volumen escrito por Zweig, intelectual imprescindible del periodo de entreguerras, lleva al personaje a otra dimensión: gracias al genio del escritor austriaco, el lector se siente en medio de la Convención, cree escuchar a Robespierre, vive los discursos de Napoleón. En pocos textos el periodo revolucionario crepita como en el de Stefan Zweig.

La biografía de 'Fouché' (subtitulada en sus primeras ediciones como 'Un genio tenebroso') se manifiesta en capas. La de arriba es la literaria: si se tratase sólo de ficción, ya valdría la pena, por la calidad de la prosa del autor, llena de hallazgos y de un lenguaje riquísimo (gracias también a la impecable traducción de Carlos Fortea). Más abajo está la pura narración de los acontecimientos que sacuden Francia desde 1789 hasta 1820. La siguiente es la política, en la que se aprecian las maniobras de unos y de otros, con Fouché siempre en el centro. Y en el corazón, la psicológica, la más difícil de encontrar y en la que Zweig se apunta el mayor de los éxitos.

Porque realmente 'Fouché' es un tratado de psicología, la disección de la mente de un político de discreto origen que, trampa tras trampa, acaba siendo temido incluso por Napoleón, el emperador más poderoso de su tiempo, que lo odia y sin embargo, no sabe qué hacer cuando no lo tiene junto a él. Mantener siempre la sangre fría, golpear a tiempo y mutar de color como un camaleón son las claves que ofrece Zweig para entender a su biografiado, del que escribe: «Sólo disfruta de una cosa en el mundo: del placer de la doblez, del ardiente estímulo y el excitante peligro del doble juego».

Nacido en Nantes en 1759, cura y profesor del seminario de Arras, en esta pequeña ciudad francesa conoce Fouché a Robespierre, y se empapa del amor por la política y su trastienda. Allí también detecta que el interés por el derrocamiento del régimen monárquico se extiende por el país y es elegido para participar en la Asamblea Nacional que acaba con la guillotina para Luis XVI, movimiento en el que juega un papel principal.

Pero pronto se ve que Fouché juega a nadar y guardar la ropa. Durante el Terror revolucionario se convierte en el 'Ametrallador de Lyon': masacra esta ciudad y a sus habitantes, acusados de querer rebelarse contra la Revolución. Pero se deja siempre una puerta abierta para, cuando cambie el viento (Zweig lo llama 'la veleta'), estar del lado del vencedor. En el caso de Lyon, la posibilidad de culpar de los crímenes a otro de los enviados de la Revolución.

Protagonista de las conjuras que acabaron con Robespierre en la guillotina, el Fouché de Zweig, convertido ya en ministro de la Policía del Directorio, pronto descubrirá que la posibilidad de seguir en el poder pasa por unirse al general que tomará el mando de Francia. «Y siempre los seres superiores se reconocen al vuelo», afirma el autor sobre su primer encuentro con Napoleón.

Su relación es un pulso entre gigantes. Sí, el emperador puede aplastar a su ministro de Policía, simplemente es uno de sus servidores. Pero desde el despacho ministerial Fouché ha ido tejiendo una red de espías y confidentes que le informan de las miserias del ser más poderoso del mundo, de manera que él también podría herirlo. Queda la 'conllevancia' entre ambos, narrada por Zweig de manera magistral. Ante el fusilamiento en 1804 del duque de Enghien, acusado de participar en un complot de los realistas para derrocar a Napoleón, Fouché acuñó una de las frases por las que ha pasado a la posteridad: «Fue más que un crimen, fue un error».

Al lado del emperador cuando conquistaba países, duque de Otranto, el segundo hombre más rico de Francia gracias al dinero conseguido en oscuros negocios durante su etapa civil, Fouché no duda, una vez más, en cambiarse de bando cuando las batallas comenzaron a perderse. Maniobra para devolver la Monarquía al trono y finalmente consigue poner la corona en la cabeza de Luis XVIII. Pero éste ya no se fía de él y lo manda al destierro, donde murió, pobre y humillado, en 1820. Durante un tiempo se le adjudicó un libro de memorias que no escribió, pero para ocupar ese lugar ya estaba la biografía de Zweig.

El escritor Stefan Zweig.
El escritor Stefan Zweig.

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