«Mis libros tienen un largo periodo de incubación»

El escritor granadino Fernando de Villena./J.A.M.
El escritor granadino Fernando de Villena. / J.A.M.

Entrevista con Fernando de Villena, escritor, que hoy presenta sus dos obras más recientes, 'El cautivo de su paraíso' y la reedición de su clásico 'Por los barrios de Granada'

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Cuando, dentro de muchos años, se estudie la producción literaria de Fernando de Villena (Granada, 1956), quien lo haga descubrirá, como quien le entrevista a estas alturas de su productiva existencia, que es un 'ethos' donde caben tantas letras como ideas, tantas noches sin dormir como días luminosos. El escritor granadino presenta libros a pares. Calentito tiene 'El cautivo de su paraíso' (Evohé), una biografía de un inmueble, la casa que habitó Pedro Soto de Rojas en el Albayzín, descrita a través de los ojos que lo habitaron. Y, sin solución de continuidad, presenta también 'Por los barrios de Granada' (Port Royal), un paseo tan existencial como sentimental por los rincones de la que, con sus acciones, omisiones y traiciones, es la ciudad que eligió para vivir. Hoy, Día del Libro, pondrá de largo ambas obras en el Centro Artístico, a partir de las 20:00 horas.

Una casa contando su historia, qué pintoresco.

–Y además, una historia basada en hechos reales, con las licencias justas. Tuve la suerte de encontrarme con un trabajo de Antonio Gallego Morell, a quien Granada debe tanto, y que hizo un inventario de todas las personas a las que perteneció la casa que habitó Pedro Soto de Rojas. Esta es la base de 'El cautivo de su paraíso'.

¿Cómo es el Soto de Rojas que dibuja?

–Un buscador que intenta encontrar un sentido a la existencia.

Alguien que viviendo en el fasto de la corte se exilia.

–Vive un desengaño sobre otro. El primero, el amoroso. Para mí, Soto de Rojas es uno de los grandes poetas amorosos del Siglo de Oro. Su obra 'Desengaño de amor en rimas' es fantástica, y sigue lo que Luis Rosales denominó «sensibilidad garcilasiana». Antes de su periodo gongorino, tiene este, donde siente de forma distinta.

Soto de Rojas fue un gran observador de su siglo. ¿Sería hoy un ojo crítico con la realidad que vivimos?

–Sin duda. Era un paseante que describe tanto fiestas como lugares, y también pequeñas miserias, para contárselas a su amada. Vive una existencia literaria paralela a Henríquez de Jorquera, el autor de 'Anales de Granada': uno escribe en prosa, el otro en verso.

¿Por qué hemos dejado deteriorarse algunos de los edificios que han marcado nuestra historia literaria?

–Esta Granada es terrible. Tenemos reciente el asunto de Casa Ágreda, donde pernoctaba San Juan de Dios. Vivimos en permanente olvido, de los vivos y de los muertos. Fíjese el caso del fallecimiento reciente de Pepe García Ladrón de Guevara, quien vivió en la parte de atrás de la casa de Soto de Rojas, y aparece en el libro.

Tiempo

¿Cuánto tiempo le ha ocupado escribir este libro?

–Por una parte, toda mi vida, porque siempre he sido muy seguidor de Soto de Rojas, me interesa mucho el Barroco. Cuando fui joven, el Albayzín fue un descubrimiento increíble. Y cuando empecé a escribir mis primeros versos, a los 16 o 17 años, saber que en este barrio había vivido un gran poeta, homenajeado por Lorca, supuso una epifanía. Los libros, en mi caso, no se escriben en un tiempo concreto, sino que tienen un largo periodo de incubación. Si me pregunta por el periodo de transcripción material, han sido unos cuatro o cinco meses.

¿Por qué ese periodo de tiempo de olvido entre la desaparición física de Soto de Rojas y su recuperación por parte de Lorca?

–Sobre los poetas gongorinos cayó un velo de silencio, primero con los ilustrados y luego con Menéndez y Pelayo. Fue a partir de Rubén Darío cuando se reivindica de nuevo a Góngora, y luego con Federico.

¿Qué ha sido lo más difícil?

–Lo que más me ha costado ha sido recrear las posibles vidas de los inquilinos, aunque cada dato está cotejado y comprobado.

Háblenos ahora de 'Por los barrios de Granada', que presenta también esta tarde.

–Es un libro que recrea mis paseos por la ciudad, publicado originalmente en 1994. Puede parecer extraño, porque tiene una dimensión erudita, al recrear las referencias cultas que hay en Granada, como por ejemplo, el hecho de que Góngora se hospedó en la calle Osorio –hoy calle Gracia– cuando vino a Granada, o que en la calle Jardines vivió Álvaro Cubillo de Aragón, uno de los dramaturgos más interesantes del Siglo de Oro. En el 1994, lo editó Arguval, y se ha recuperado ahora, revisado, aunque no ampliado.

¿Cómo es, entonces, esta nueva edición?

–Un trabajo muy cuidado, incluyendo fotos muy interesantes. Ángel Moyano, de Port Royal, acerca la obra original a las nuevas generaciones. Para mí, es el mejor editor que ha tenido Andalucía en mucho tiempo.

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