Entrevista

«El legado de Al-Andalus es esencial para no ver el islam como una amenaza»

Sahar Delijani (i) y Aleksandra Lipczak (d) han aprovechado su estancia en Granada para avanzar en la creación de sus próximos trabajos literarios./RAMÓN L. PÉREZ
Sahar Delijani (i) y Aleksandra Lipczak (d) han aprovechado su estancia en Granada para avanzar en la creación de sus próximos trabajos literarios. / RAMÓN L. PÉREZ

Las autoras reflexionan sobre creación y memoria tras pasar un mes de residencia en la ciudad con el programa Granada Ciudad de Literatura Unesco

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZ

Memoria y resistencia son cuestiones claves para Sahar Delijani (Teherán, 1983) y Aleksandra Lipczak (Legnica, 1981), las dos escritoras seleccionadas este año en el programa de residencias de 'Granada, Ciudad de Literatura Unesco'. Ambas, autoras de referencia en sus respectivos países de origen gracias a trabajos como 'A la sombra del árbol violeta' o 'Gente de la Plaza del Sol', culminan hoy una estancia que les ha permitido descubrir las huellas aún frescas de Al-Andalus, un «símbolo» que consideran imprescindible como ejemplo de coexistencia y respeto en estos tiempos en los que la cuestión identitaria domina los debates en Occidente. Sobre la pervivencia de la memoria, la resistencia frente al racismo y sus maneras de afrontar la actualidad desde la creación charlan con IDEAL en su despedida de una Granada de la que están muy agradecidas y que forma parte ya, reconocen, de sí mismas.

–Finalizan la residencia. ¿Cuesta decir adiós a Granada?

–Sahar Delijani: Sí. (Risas) Es una ciudad magnífica.

–Aleksandra Lipczak: Claro, claro. Da pena. Nos interesaba mucho el programa de residencias de la ciudad para escritores porque es una oportunidad perfecta para alejarnos de la vida normal y dedicarnos íntegramente al trabajo. Estamos muy agradecidas porque es un programa fantástico.

–¿Qué os interesa de la ciudad como escritoras?

–A: Es muy inspiradora en muchos sentidos. Al principio, lo que descubres es la belleza visual, que es un buen sitio para quedarse a crear; pero también cuenta con una vida cultural muy rica e interesante. Es increíble que haya tanta gente queriendo hacer cosas. Granada tiene una comunidad de escritores fascinante a pesar de tener un tamaño menor que Madrid o Barcelona.

–S: La escena me ha sorprendido. No sabía que había tantos poetas aquí. Siempre he estado rodeada de periodistas y escritoras, pero no poetas y me sorprende mucho cómo ven el mundo, cómo hablan. Me ha gustado muchísimo. Casi cada semana hemos visto que había eventos, lecturas... Hay mucha actividad.

–¿Os ha ayudado en la creación de vuestros próximos trabajos?

–A: Sí, precisamente el hecho de que la residencia estuviera en Granada era muy importante para mí. Mi próximo libro trata la historia de Andalucía. Me interesan las conexiones que aún permanecen entre Al-Andalus y el presente, cómo el legado andalusí puede ayudar a afrontar el desafío europeo en materias como la inmigración, la diversidad y los conflictos que conllevan. Descubrir la ciudad, ver que ese pasado está en las conversaciones ha sido fascinante también.

–Precisamente, sobre la conservación del legado andalusí. ¿Cómo puede ayudar la memoria a afrontar los retos del presente?

–A: Es interesante. Aún estoy tratando de descubrirlo. Creo que Al-Andalus funciona como una metáfora en Europa, incluso en el resto del mundo. Es un símbolo al otro lado del Mediterráneo y en América Latina. Creo que es importante recordar que lo árabe está también en la raíz de Europa, que el pensamiento generado por los árabes es una de las muchas fuentes de las que bebió la cultura europea. El legado de Al-Andalus es esencial para no ver el islam como una amenaza.

–Últimamente esto se ha convertido en algo habitual, en motivo de disputa.

–A: También aquí la relación con el pasado es muy compleja. He visto que a Santiago Abascal lo han estado llamando Cid Campeador estos días o que él mismo hablaba de 'reconquista'... El lenguaje es un arma de doble filo y en la memoria hay una parte positiva, pero también otras ideas bastante oscuras.

Actualidad

–Sea desde la ficción o la no ficción, sus obras conceden una gran importancia a cuestiones de actualidad. ¿Por qué?

–S: Es difícil no hacerlo. La actualidad no se puede ignorar cuando nuestro trabajo como escritoras o periodistas es contar. En mi caso, la memoria es un elemento importante y lo es porque estamos viendo que el pasado está repitiéndose de nuevo. Estos últimos días había mucha gente que decía que estamos volviendo a los años 30... Ver esto en Granada ha sido triste y sorprendente al mismo tiempo. Llegamos hace un mes y éramos muy optimistas con España. La veíamos como un punto de luz en medio de la oscuridad que rodea Europa y América. Este último fin semana, con lo ocurrido en las elecciones... Es como si esa oscuridad nos siguiera. No podemos escapar de ella. Automáticamente no puedo no pensar en lo que está ocurriendo e intentar entenderlo desde la escritura.

–El otro día, precisamente, participaban en un encuentro sobre identidad. ¿Qué papel está jugando este concepto ahora mismo?

–A: La identidad tiene demasiada importancia ahora. Su concepción como algo estable y esencial está haciendo mucho daño porque la gente no se imagina a sí misma como un ente fluido, creado por diferentes influencias incluso en lo genético, con partes de sangre de todo el mundo.

S: Coincido con ella. No sé cómo es el debate en Oriente, pero en Occidente la sociedad está obsesionada con la idea de identidad y, en mi opinión, es un debate que nos distrae de problemas más graves como la desigualdad económica o la pobreza.

–¿Hay medicina contra el exceso de preocupación por la identidad?

–A: Por supuesto, nos queda la resistencia. Hay cosas que ayudan a creer que el mundo no se acaba, que hay una esperanza. Ayer, por ejemplo, casi no hubo público joven en nuestro encuentro porque muchos participaron en la manifestación contra la ultraderecha. Eso es simbólico. Cada oscuridad identitaria viene acompañada de una resistencia viva y esto es algo que hemos visto en Polonia, en Estados Unidos y otras partes del mundo. Hay una esperanza.

–S: Creo que debemos ser más agudos, pensar las cosas como realmente son. Tratar de no ser tan distraídos ni viscerales. En eso es clave la cultura. La cultura construye precisamente la identidad y verla como un proceso de intercambio, que se ha formado con diferentes pedazos, nos permite entender que somos más símiles de lo que nos están intentando hacer ver.

 

Fotos

Vídeos