Rafael Álvarez 'El brujo', qué gran actor se pierde el teatro

Rafael Álvarez 'El Brujo'./J.L.G.
Rafael Álvarez 'El Brujo'. / J.L.G.

Trajo a Cazorla su 'popurrí' 'Cómico' para deleite de sus incondicionales y ante un Teatro de la Merced lleno hasta la bandera

JOSÉ LUIS GONZÁLEZCAZORLA

Esta última semana del ciclo de Sala del Festival Internacional de Teatro (FIT) de Cazorla ha estado protagonizada por varias de las compañías que más han comparecido aquí en toda la historia de este evento. Primero fue La Zaranda, después Atalaya y, por último, Rafael Álvarez 'El Brujo'. Porque él en sí mimo también es una floreciente 'compañía' que ha subido numerosas veces al escenario del Teatro de la Merced y que, hasta ahora y en esta edición, ha sido el único capaz de llenarlo. Otra cosa es que, al contrario de lo que sucede con las dos primeras, a lo suyo se le pueda llamar teatro con absoluta unanimidad.

Esta vez, el cómico toxiriano trajo al FIT un show titulado 'Cómico' -valga la redundancia-. Un monólogo aparentemente improvisado de dos horas de duración con momentos desternillantes, otros muy brillantes y varios de un solemne aburrimiento. Como es lógico aventurar en cualquier soliloquio cuya duración se alargue más allá de la hora y media. Hubo tiempo, por tanto, para que el público escuchara a 'El Brujo', para que 'El Brujo' escuchara al público -en un diálogo de ida y vuelta- y, claro, para que 'El Brujo' se escuchara a sí mismo, coincidiendo con los minutos de mayor sopor.

Business

Evidentemente, se trataba de un espectáculo en cierta medida recauchutado porque, entre otros motivos, contenía fragmentos de monólogos que el público recordaba haber disfrutado ya sobre ese escenario. En su día lograron lo que este fin de semana: la carcajada de un teatro lleno hasta la bandera. ¿Qué aportaron de nuevo? Nada. De todos modos, Rafael Álvarez era muy consciente de que lo que hace es lo que quiere hacer y no lo importa en absoluto la crítica -buena o mala- que su trabajo propicie. Sin duda, en 'Cómico' son todo beneficios: un escenario casi vacío de elementos escenográficos, donde tan solo hay un sillón -que ni siquiera es suyo sino prestado por el propio ayuntamiento-, sin partenaires que cobren un sueldo y que hagan sombra al protagonista, y un texto en buena medida ya escrito, ensayado y representado decenas de veces.

Gran actor

Está claro que este cóctel supondría un fracaso asegurado para cualquiera de los protagonistas de 'El club de la comedia', pero no para el de Torredonjimeno. La razón está clara: es un actor como la copa de un pino. Se nota sobre todo cuando declama, cuando se atreve con los textos de Quevedo o Teresa de Jesús. Su voz profunda y su dicción revelan el pulido diamante que el negocio -el business, diría un anglosajón- nos niega para el verdadero teatro. Solo el que ha podido disfrutar de su brillo con textos de José Luis Alonso de Santos es capaz de valorar la verdadera medida de su valor. Por favor, ¡vuelve Rafael!.

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