«En el próximo BluesCazorla vamos a darnos un buen homenaje; cumplimos 25 años»

Carlos Espinosa, en el centro, junto a Mario Olivares y Juan Francisco García. /J.L. GONZÁLEZ
Carlos Espinosa, en el centro, junto a Mario Olivares y Juan Francisco García. / J.L. GONZÁLEZ

«El 25 aniversario debe ser más una oportunidad para redefinir la marca que pensar en traer a nombre aún más grandes»

JOSÉ LUIS GONZÁLEZ CAZORLA.

Ha pasado un mes desde que finalizó la XXIV edición del Festival Internacional BluesCazorla. Se oyó el último acorde en la plaza de toros cazorleña y ya comenzó a fluir en la imaginación colectiva lo que pueda ser el 25 aniversario de este evento, esencial para la oferta cultural de la provincia de Jaén. Un cuarto de siglo que no siempre fue una fiesta de vino y rosas. Como suele ocurrir en estos casos, los primeros años fueron difíciles y, desde entonces hasta ahora, siempre hubo un cazorleño que se atrevió a enfrentarse a los molinos de viento para que aquella 'locura' se hiciera imprescindible en los veranos del 'mar de olivos'. Se trata de Carlos Espinosa, director de BluesCazorla desde el minuto 1 de su existencia, que ahora lidera desde Córdoba la exitosa empresa promotora Riff Producciones -nacida también en el municipio serrano- junto a Christopher Ortiz. Mirando ya de frente a ese hito que se avecina, Espinosa habló con IDEAL sobre la historia y el futuro de este festival.

-25 años no son nada, ¿o sí?

-Probablemente, si hubiera tenido que responder a esta pregunta en el 94, te habría dicho que era una eternidad y que no imaginaba cumplirlos ni en el mejor de los sueños, pero respondiéndola en el 2018 diría que no son nada, que han pasado volando y que parece mentira. Sí, aquí seguimos... y mejor que nunca.

-Mirando hacia atrás, a aquellos primeros años, ¿es selectiva la memoria y solo quedan fijados los momentos buenos?

-Afortunadamente la memoria siempre es selectiva y nos deja con buen sabor de boca. Creo que cada año que terminaba el 'Blues' yo decía que ese era el último. Resultaba complicado defender algo en lo que creías tú y un par de locos más, y lo de 'un par' es en sentido literal. Para muchos era una inversión absurda, para otros era molesto, y también había quien pensaba que tres grupos seguidos de blues eran insoportables o que venia gente muy rara... En fin, no deja de ser simpático ver cual es la opinión de todos ellos 25 años después y las medallas que algunos se cuelgan, pero te aseguro que hubo muchos momentos en que uno se veía demasiado solo para tirar de algo que, por aquel entonces, era más devoción que negocio. Menos mal que la persistencia siempre fue una virtud de la casa.

Sentimiento vs negocio

-¿Carlos y Christopher o Riff Producciones? ¿En BluesCazorla cuánto pesa el prurito de hacer algo grande en tu pueblo y cuánto el negocio?

-En primer lugar tengo que decir que Christopher, a día de hoy, es el 50% del BluesCazorla. Gracias a él conseguimos que los principales nombres del universo internacional del blues aterrizasen en Cazorla, empezando por Winter y terminado por Billy Gibbons. Su llegada a la organización del festival fue vital para su crecimiento; y de ahí, de aquella camaradería mutua, nació la que hoy día es nuestra forma de vida, Riff, una promotora que en los mismos parámetros de ilusión del BluesCazorla también nos ha dado momentos únicos. Pero te puedo asegurar que, para nosotros, el festival es nuestro hijo pequeño, con el que hemos crecido; nos debemos mucho mutuamente. Así que, creo que pesa mucho más nuestro pueblo que el negocio, sin ningún género de duda.

-Para Riff son ya muchos años produciendo giras para las grandes bandas e intérpretes nacionales e internacionales de la música. ¿Se han planteado alguna vez dejar que BluesCazorla camine solo?

-Aunque tenga 25 años puede resultar paradójico, pero no creo que pueda caminar solo. Quizás, con la inercia de este tiempo tendría impulso para aguantar en manos menos expertas algunas ediciones más, pero sería complicado. Para explicarlo bien y no quedar de arrogante, la criatura es nuestra y sabemos donde aplicarle los mimos; es una labor artesanal, de puro convencimiento, de hacer fieles a la causa. Que nadie crea que los grupos nos llaman para rogarnos venir aquí, hay una labor pedagógica en cada negociación, con cada artista; convencerlos de que quizás en otros sitios les van a pagar más, pero que aquí les vamos a tratar mejor, que van tocar delante de un público que les respeta por encima de modas, y sobre todo en una ciudad que esta empapada por el milagro del blues. Y, no me preguntes por qué, pero todos acaban encantados, algo que solo se consigue sabiendo las teclas que uno debe tocar, pero sobre todo porque soy el primero que cree en lo que les dice. Es la experiencia que queda tras haber compartido cama y mesa durante tantos años. Aunque eso no quita que algún día tengamos que separarnos, es ley de vida; pero seguro que cuando ese momento llegue será de mutuo acuerdo y sin abogados peleando la custodia.

-En todo este tiempo, ¿cuál ha sido su relación con el Ayuntamiento de Cazorla, con el que siempre han ido de la mano?

-Por supuesto ha sido de absoluta complicidad. Quizás en las primeras ediciones los aliados en las corporaciones eran más minoritarios, pero durante los últimos años hemos llegado a un punto de confianza y respeto que hace que todo fluya con honestidad y a favor de obra, del festival. Hemos creado un equipo en el que cada uno tiene clara su responsabilidad y lo que cada julio nos jugamos. Creo que ambas partes nos sentimos muy cómodas.

-Si tuviera que elegir el mejor y el peor momento vivido, ¿cuáles serían?

-Muchos buenos y muchos malos. El mejor fue ver a Koko Taylor, ya muy frágil, convertida en una reina al pisar el escenario. Aquello fue memorable. Disfrutar a una artista como ella, cantando en la Plaza de Toros y dando su último aliento por puro amor a la música, es uno de los momentos más mágicos y generosos que he vivido no solo en el festival, también en mi profesión. El peor momento los pasamos en la novena edición, cuando por un cumulo de mil circunstancias casi nos quedamos sin artistas; no había piano para la pianista, un grupo tuvo un accidente en la furgo a dos horas de llegar, otro perdió el vuelo y el que quedaba no tocaba si no llegaban sus platos de batería, que iban en la furgo accidentada. Es decir, a una hora de abrir puertas no teníamos nada. Aquello fue duro, pero lo salvamos.

El sueño por cumplir

-¿Qué sueño quedó en el tintero porque por cuestiones económicas o de intendencia no fue viable?

-Pues mira, creo que esto nunca lo hemos contado, pero por una carambola nos entró la oportunidad de cerrar a Ray Charles. Creo que fue en el 2002. Tocaba en Europa y tenia libre el fin de semana de Cazorla; estaba cerrado, pero en el último minuto nos asusto el cache que nos pedía, que por cierto tampoco era disparatado teniendo en cuenta los que pagamos hoy en día. Nos entro el pánico y lo descartamos. El alcalde, por aquel entonces era José Luis Díaz, seguro que lo recuerda... y también lo lamenta.

-La próxima edición no será, por supuesto, una edición cualquiera. ¿Con qué idea la preparan?

-Con la de una fiesta, como lo fue el 20 aniversario; para disfrutarla, para recoger los frutos de estos años y para gozarla en todos los sentidos. Es un milagro y lo merecemos, así que vamos a darnos un buen homenaje. 25 años no se cumplen todos los días.

-Sé que es difícil tan pronto pero, ¿podría adelantar alguna sorpresa?

-Sí es difícil, sobre todo porque aunque tenemos muchas ideas, debemos conciliarlas con el Ayuntamiento. Creo que es buen momento para reinventar el propio concepto, pensar en otros espacios, en otros formatos. El 25 aniversario debe ser más una oportunidad para redefinir la marca que para pensar en traer a nombres aún más grandes. Seguro que estos llegaran, no tengo duda, pero creo que ahora debemos darle una vuelta a toda la parte de producción y espacios. Ahí es donde debemos mejorar. Porque aún nos quedan fuerzas, somos jóvenes... 25 años no son nada.

Fotos

Vídeos