Jaén y la honda huella de los iberos

Yacimiento de Puente Tablas en el término de Jaén capital. /LIÉBANA
Yacimiento de Puente Tablas en el término de Jaén capital. / LIÉBANA

Cerca de 600 yacimientos e importantes hallazgos sustentan su incuestionable relevancia

ANTONIO ORDÓÑEZJAÉN

La importancia de la huella ibera en la provincia es algo indiscutible, avalada por los cerca de 600 yacimientos, y por la singular relevancia de muchos de los hallazgos que allí se han encontrado. Un patrimonio que ha servido para crear ese interesante y provechoso producto turístico, como es el 'Viaje al tiempo de los iberos', que impulsa la Diputación Provincial de Jaén, con la Junta de Andalucía y Ayuntamientos, entre otras instituciones, y que gira en torno a una civilización apasionante que no deja de ofrecer sorpresas en la provincia.

Jaén es pieza clave en la comprensión de la historia de los íberos y parada indispensable para ahondar en el conocimiento de la misma. Con 545 yacimientos, ningún otro territorio aglutina tan ingente patrimonio arqueológico de esta época, destacando además su riqueza, que abarca desde arquitectura militar, religiosa y civil; con escultura, orfebrería, etc. Pero, ¿qué supuso esta civilización?, ¿qué fue lo más destacable de la misma?, ¿cómo se constituía? o ¿cuáles son los principales enclaves de la provincia?

¿Quiénes fueron los íberos?

Se identifica como cultura ibera el periodo histórico de la Edad del Hierro, etapa localizada entre el siglo VII y el siglo I a.C. En términos étnicos la población que caracterizó esta cultura es la misma que desde el Neolítico ocupó el territorio andaluz, por lo que ha de descartarse que los pueblos íberos llegaran con su cultura ya configurada procedentes de África o de Asia. No obstante, hay grandes diferencias entre las diferentes fases que caracterizaron el desarrollo de la Cultura Ibérica, lo que es normal para un periodo de siete siglos de historia. Desde un punto de vista tecnológico y económico, los íberos produjeron el instrumental agrario y las armas en hierro, fabricaron cerámica a torno y dieron un fuerte impulso a la agricultura cerealista incorporando el molino rotatorio. También desarrollaron la arboricultura (almendro, vid, el olivo y los frutales) como nueva estrategia agraria. Desde el punto de vista social y político era una sociedad aristocrática, lo que ya venía gestándose desde los inicios de la Edad del Bronce; una sociedad basada en el linaje extenso, es decir un grupo de parentesco unido por antepasados comunes.

La cultura íbera era urbana porque la identidad del grupo se fijaba a partir del lugar de residencia de los linajes, los oppida, grandes o pequeños centros urbanos (según el poder del linaje) que mostraban el poder aristocrático con impresionantes fortificaciones. En el interior se diseñaron trazados urbanos con calles paralelas y perpendiculares y casas ordenadas en manzanas y levantadas con zócalo de piedras, paredes de adobe y tapial y cubiertas de barro, caña pues no conocían la teja. Una de las ciudades que mejor se conocen en Jaén es el oppidum de Puente Tablas. Los iberos se enterraban en necrópolis bien organizadas junto a los oppida. A partir del siglo IV las necrópolis íberas eran el espacio funerario del linaje y mostraban tanto en la construcción de la tumba como en los ajuares funerarios las diferencias sociales entre los príncipes y sus clientes. Los íberos usaban el rito de la incineración y junto a las cenizas enterraban ajuares que reflejaban el estatus social de la persona y sus creencias. Los santuarios también son los espacios donde los íberos conectaban con sus creencias y con las divinidades. En la provincia, hay santuarios importantes, entre los que destacan el de la Cueva de la Lobera en el municipio de Castellar, lugar sagrado donde se han recuperado un gran número de exvotos de bronce.

Puente Tablas

Como se ha indicado, la provincia atesora numerosos enclaves de interés que se estructuran a través del proyecto 'Viaje al tiempo de los iberos', que impulsa la Diputación Provincial de Jaén. En la capital se encuentra la ciudad fortificada de Puente Tablas, yacimiento que a lo largo de sus treinta años de investigación ha evidenciado su gran valor patrimonial a través de una amplia ocupación humana del lugar, desde la Edad del Bronce hasta época Islámica, pero la fase más importante es el período ibérico, principalmente el siglo IV a.C. En esta ciudad fortificada ibérica se puede conocer cómo vivían los íberos del Alto Guadalquivir, contemplar una de las más potentes fortificaciones con más de 300 metros conservados. El visitante puede entrar a la ciudad caminando por donde en su día lo hicieron los antiguos pobladores del oppidum y atravesar la conocida Puerta del Sol.

Tumbas Toya y Hornos

En el centro histórico de Peal de Becerro se puede visitar el Centro de Interpretación de las Tumbas Principescas de Toya y Hornos, donde el visitante puede comprender cómo entendían los íberos el mundo de la muerte y los ritos funerarios. La cámara sepulcral de Toya es el mejor ejemplo de la arquitectura funeraria ibérica de nuestro país. Su cronología la incluye dentro de la cultura ibérica de principios del siglo IV a.C. La Cámara de Toya se localiza a unos 5 kilómetros en dirección a la aldea de Hornos. La estructura arquitectónica de la cámara tiene una planta cuadrangular y su interior se divide en tres naves longitudinales, la central tiene la única puerta de acceso a la construcción. Las dos naves laterales, a diferencia de la central, están divididas en dos espacios cada una de ellas; el primero, a modo de antecámara, comunica en ambos casos con la nave central. El ajuar de la cámara, que no se excavó con métodos sistemáticos, fue recuperado en parte, es característico de un príncipe ibérico y su familia, y de él destacan las ruedas de un carro guerrero y las magníficas cráteras griegas.

Cerrillo Blanco

Cerrillo Blanco es uno de los lugares más emblemáticos de la cultura ibérica, pues es un ejemplo único de una necrópolis de inhumación. Datada en el siglo VII a.C., en esta necrópolis fue enterrado en el siglo V a.C. el impresionante conjunto escultórico más importante de toda la cultura ibérica. En el sitio arqueológico y en su centro de visitantes se desvelan las claves para comprender este grupo escultórico y el significado de la muerte en el mundo ibérico. Es un túmulo funerario de época tartésica (s. VII a.C.) con 24 sepulturas individuales en fosa y 1 megalítica en la que se enterraron dos individuos. Hacia el s. V a.C., se enterró en zanjas cubiertas con grandes losas, un conjunto escultórico ibero destruido de forma intencionada. Tanto por la cantidad de piezas (1400 fragmentos aproximadamente), como por su calidad artística es el más importante de la escultura ibérica. Este conjunto narra la historia de cómo un grupo de aristócratas se hicieron poderosos y llegaron a gobernar la importante ciudad de Obulco en Porcuna.

Cueva de la Lobera

La Cueva de la Lobera es un santuario rupestre de entre los siglos IV y III a.C., que sorprende por su posición estratégica, ya que fue límite de un importante territorio donde las gentes acudían periódicamente a rendir culto a los dioses. En este increíble yacimiento se recuperaron numerosos exvotos que hoy puedes contemplar en su Museo del Santuario Ibérico de Castellar.

Ciudad fortificada de Giribaile

Giribaile se localiza en la confluencia de los ríos Guadalimar y Guadalén, en el término municipal de Vilches. El área arqueológica ocupa una posición destacada en el extremo de una meseta interrumpida por una fortificación de tipo barrera que le sirve de límite y, a la vez, de acceso principal a la ciudad ibérica.

Puede ser considerado, con sus 18 hectáreas, uno de los poblados ibéricos más grandes de la provincia de Jaén. En el enclave arqueológico se puede visitar distintos restos, desde un santuario prehistórico, pasando por un poblado ibérico, un cenobio o eremitorio paleocristiano o visigodo y un castillo almohade, todo ello rodeado de bellos paisajes entre olivar y sierra.

Muralla Ciclópea Ibros

Se trata de uno de los monumentos prehistóricos más célebres de la provincia de Jaén. Una gran construcción, formada primitivamente por un recinto cuadrangular que rodeaba el perímetro del poblado del que hoy sólo conservamos una esquina de 12 y 13 metros de largo.

Sus enormes sillares están ensamblados sin mortero y poseen unas dimensiones de 3,60 metros de longitud por 1,70 metros de ancho.

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