«La exposición a las pantallas va camino de convertir la miopía en una pandemia»

Sánchez-Ramos, antes de la conferencia que ofreció ayer en Granada./JORGE PASTOR
Sánchez-Ramos, antes de la conferencia que ofreció ayer en Granada. / JORGE PASTOR

Celia Sánchez-Ramos, especialista en prevención de la visión | Con casi 500 patentes relacionadas con la protección de la vista en su haber, ofreció ayer una charla en Granada

Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

La investigadora Celia Sánchez-Ramos, candidata a los Premios Príncipe de Asturias en 2011, ofreció ayer una conferencia en el auditorio de la Caja Rural de Granada -en el marco de la programación 'Mujeres inventoras, la Historia desconocida'- sobre los daños que produce en la visión el abuso de las pantallas digitales. Una voz más que autorizada para abordar un tema convertido ya en problema de salud pública. Sánchez-Ramos ha desarrollado casi quinientas patentes sobre protección y visión de la salud. Entre ellas, una lente para ojos sin cristalino tras una operación de cataratas o un dispositivo lumínico instalado en el techo de los coches, fuera del campo visual del conductor, que propaga una luz difusa que no molesta ni distrae.

-Empecemos situando a los lectores ante la magnitud del problema. Los españoles pasamos más de seis horas delante de pantallas. ¿Existe relación entre esta sobre exposición y la prevalencia de determinadas enfermedades asociadas a la visión?

-Claramente sí. Hay mayor irritación conjuntiva, inflamación de párpados, se sufren cataratas cada vez más jóvenes, ojos enrojecidos y lo más grave de todo, afectación de la retina. Es un problema que hay que atajar y conocer. Hay que ser conscientes de que estamos expuestos cada año a unas 5.500 horas de luz y esta luz de las pantallas es, además, muy energética.

-¿Qué características nocivas tiene esta luz para el ojo?

-La emisión de fuentes de luz led, blanca, que llevan todos estos dispositivos, tienen una mayor cantidad de luz azul. Esta parte del espectro es diez veces más energética que la parte roja. La energía que sale de las pantallas es mayor que la que sale de un libro cuando estamos leyendo. Además, en el caso de las pantallas es luz emitida, mientras que en un libro es reflejada. Se calcula que se multiplica por cinco la entrada de luz en los ojos. Con el agravante de que la mácula forma parte del sistema nervioso central y procesa muy bien la información. Además, el daño que se hace en esa zona no tiene a día de hoy capacidad de recuperación. Todo lo que ocurra ahí provoca daños serios a corto, medio y largo plazo.

-¿Hay sensibilidad por parte de los fabricantes de este tipo de dispositivos para mitigar este problema, que va claramente 'in crescendo'?

-Desde hace dos años se han empezado a implementar aplicaciones que disminuyen la luz azul durante la noche. No hemos de olvidar que esta luz se acumula a la que ya tenemos en el ambiente, la solar o en espacios interiores donde hay fuentes de luz que ya son energéticas. El problema está en la composición de la luz, en la calidad de la luz, que debe tener una intensidad determinada para hacer el menor daño posible.

-¿Es igual la incidencia de esta luz en un niño o un joven que en una persona mayor?

-Este tema me preocupa mucho. Los niños y los menores de 25 años no tienen aversión a la luz, se la tragan toda. Mientras que una persona con más de cuarenta años sí que experimenta y expresa que le pican los ojos y que «esto no puede ser bueno» o «veo más borroso». En los experimentos ponemos a los jóvenes a leer una tablet a tope de brillo durante cuatro horas, y del cero al diez nos dicen que tienen cero molestias. Hay que controlar el tiempo, bajar la intensidad y eliminar el azul con protectores de pantalla en gafas, lentes de contacto o sobre la propia pantalla.

-¿Cuántas horas de exposición son las recomendables?

-Los menores de cuatro años, nada o como máximo quince minutos, aunque no sea muy popular. Porque hasta los 48 meses de vida no se ha terminado de constituir bien el ojo. A mí me gusta poco que jueguen porque la interacción les hace que estén más atentos y parpadean menos. Es preferible ver unos dibujos en la tele. Los medianos, máximo dos horas. Y los mayores no debemos sobrepasar la franja de entre las cuatro y las seis horas. Y siempre con descansos cada dos horas. El problema son los dispositivos portátiles que tienen que competir con la luz del sol.

-Lo que está claro es que, de continuar por los mismos derroteros, los ópticos se van a forrar en los próximos años...

-De seguir así, la miopía va a aumentar a niveles de pandemia porque se está forzando mucho la visión en distancias cercanas. Lo que quiero transmitir es que estamos abusando de un órgano que nos importa muchísimo sobre todo cuando nos damos cuenta de que está fastidiado. La visión se cuida muy poco hasta que empezamos a ver borroso, manchas... entonces nos preguntamos qué está pasando aquí.

-Hay temas sanitarios que, quizá por el impacto que tienen sobre la economía, entran dentro de la agenda política. Algo tan sensible como no ver bien ¿debería ser uno de ellos?

-Sí debería serlo y en uno de los primeros lugares. El uso de las nuevas tecnologías no puede ser indiscriminado. Introducimos, por ejemplo, las tabletas en los colegios sin saber cuánta exposición tendrán los niños el resto del día. Utilizamos estos dispositivos más tiempo y durante más años porque vivimos más. La medicina preventiva se vende mal, pero es el secreto de que haya una mejor salud visual y en el resto órdenes. Hay que tener en cuenta la dependencia que supone el no ver.