Cyrano pasa sin sorpresas por el FIT de Cazorla

Un momento divertido de Cyrano./
Un momento divertido de Cyrano.

José Luis Gil encarna con solvencia al inmortal personaje en la adaptación de Carlota Pérez Reverte y Alberto Castrillo-Ferrer

JOSÉ LUIS GONZÁLEZCAZORLA

Cuando un clásico pasa por el FIT Cazorla, el experimentado público del Teatro de la Merced siempre espera la excelencia, no tanto por su especial preferencia hacia el teatro del Siglo de Oro sino, más bien al contrario, por su interés en otros conceptos teatrales. Porque hay que decir que, aunque autor y temática no sean españoles -el primero siquiera es coetáneo pues Edmond Rostand escribió esta obra a finales del siglo XIX-, si beben de aquel teatro que universalizaron Lope de Vega o Calderón de la Barca.

Pero 'Cyrano de Bergerac' no se queda anclado en aquellas sátiras y comedias que, aunque brillantes en la rima y muy apetecibles de leer, resultan hoy sobre el escenario algo banales y tan simples en su trama como un culebrón venezolano. Y es que en el siglo XXI parece que solo se recurre a ellas para mayor gloria de los actores que las interpretan o para quienes se resisten a dar cancha a la contemporaneidad y las vanguardias en el arte. A los autores de nuestro tiempo, en definitiva.

Cyrano se proyecta en el tiempo para hablarnos del eterno imperio de la belleza sobre la inteligencia, de los prejuicios socialmente aceptados, del uso de la razón para oponerse al poder establecido, de la maldad y la injusticia intrínsecas que imperan en todas las guerras... Pero, sobre todo, nos habla del amor verdadero; de aquel que se ofrece sin esperar nada a cambio. De esa infinita generosidad que tan solo puede brotar de un corazón como el suyo.

Todo ello en medio de una atmósfera de comedia que complementa una obra inmortal. Y, como toda obra inmortal, muy difícil de interpretar sobre un escenario. Sobre todo, ese poderosísimo personaje central, el hombre de la nariz prominente, Cyrano. José Luis Gil lo encarna de un modo solvente, dada su larga experiencia teatral -aunque sea más popular por su personaje en la serie televisiva 'La que se avecina'-. Lo mejor en su interpretación en su magnífica dicción y su voz imponente, que evidencia nada más entrar en su primera escena en medio del patio de butacas. También se nota muy estudiado su movimiento escénico, sobre todo en lo que se refiere a los duelos con el florete, bastante bien resueltos gracias a la labor del maestro de esgrima Jesús Esperanza. Si algo habría que achacar a este Cyrano de José Luis Gil es su físico. Cyrano es feo, sí, pero también muy poderoso y, ya sea por la propia estructura física del actor o por errores en su caracterización, no termina de tan creíble a la vista como lo eran el Julio Núñez del Estudio 1 de TVE o el Gerard Depardieu del cine.

Resto del reparto

El resto del reparto se comporta a la altura de su protagonista. Sobre todo la extraordinaria Rocío Calvo, que se introduce en varios personajes -siempre con esa bis cómica tan especial que la caracteriza- para arrancar la sonrisa del público casi en cada una de sus intervenciones. También resultan muy bien encauzados los otros personajes protagonistas, interpretados por el también televisivo Alex Gadea, Ana Ruiz, Ricardo Joven o Joaquín Murillo.

En cuanto a la escenografía se refiere, resulta algo pesada y rígida, salvo en la escena del balcón, que queda enmascarada por una lona floreada. Además, las proyecciones se antojan un recurso fácil aunque eficiente para ofrecer la atmósfera necesaria a cada escena. En esa tarea resulta esencial un diseño lumínico tan bueno como el que arropa este montaje.

En definitiva, el aplauso final del público premió el buen trabajo de conjunto para un espectáculo más en la historia de este festival.

 

Fotos

Vídeos