Un Granada Sound que sabe a doblete

Un Granada Sound que sabe a doblete

Iván, Ferreiro, Morgan y una triunfal Zahara redondearon anoche la octava edición del festival, que bate su récord de asistencia con más de 25.000 personas cada día

EDUARDO TÉBARGranada

En el instante de rematar esta crónica exprés, Zahara se erige en reina del Granada Sound al ritmo discotequero de 'Hoy la bestia cena en casa', previa al calambrazo de León Benavente. Si un festival con semejante denominación ha de mirarse en el espejo de una trayectoria, ninguna más oportuna que la degustadora de mandarinas de Úbeda. Una artista que a principios de año petaba la Industrial Copera, la sala de hechuras mayores del circuito granadino, pero que la década anterior tocaba para audiencias de cinco o seis oyentes en La Tertulia y en el desaparecido Pícaro. Anoche brilló enfundada en traje de astronauta, repartiendo polvo de estrellas. El equipo de fútbol había sellado una velada épica, histórica, y en el Cortijo del Conde ocurría más o menos lo mismo.

A diferencia de los últimos años, el Granada Sound tuvo su epicentro definitivo en la periferia, en la Carretera de Córdoba. Algo ha cambiado y se notó este sábado. El fin de semana del gran desembarco de turistas con voracidad musical en la ciudad no contó con su correspondiente extensión en los establecimientos de 'Granada Ciudad del Rock', donde eran habituales los conciertos en pequeño formato. Una oportunidad perdida para un tejido importante, el del pequeño comercio, donde se forman las partículas de eso que este festival proclama en su nombre. Y eso que en esta edición, la octava, se ha batido el récord, con más de 25.000 personas cada día y una amplia representación de visitantes de Madrid, Barcelona y Valencia. ¿La excepción? El 'showcase' de León Benavente a mediodía en Discos Bora Bora. A su lado, El Bar de Eric animaba a entrar en calor en la calle Escuelas de cara al evento desde el jueves, pero sin música en vivo…

«¿Para cuándo una imitación de Martí Perarnau IV por parte de Joaquín Reyes?», preguntaba Cecilia, procedente de Valencia, ayer a las siete y media de la tarde, entre murmullos sobre la siesta que Messi se estaba echando en Monachil. La amenaza de lluvia era entonces del cincuenta por ciento. Y se quedó en eso: en el temor de un aguafiestas no consumado. Fuera del Cortijo del Conde, presencia policial y chequeos de la Guardia Civil: se disuadía la tentación de beber en la acera.

La banda sonora de la escena la ponía Perarnau, un artista pop que, tras quedarse solo al frente de Mucho, opta por funcionar con la lógica de un Dj. Así fue su 'show', en el arranque de la segunda jornada del Granada Sound. Una sesión de electro de andar por casa con, eso sí, más de una pulla política dispensada en ácido clorhídrico. «La tecnología nos hará libres», profetizaba Borja, reflexivo en la zona VIP. Perarnau Cuarto, que toca u compone con compañeros de cartel como Iván Ferreiro o Zahara, se ha aplicado el cuento en el particular regreso al futuro de '¿Hay alguien en casa?'.

Broche de madrugada con León Benavente

Al borde de las doce y media de la noche, León Benavente seducían a más de 25.000 personas en la Carretera de Córdoba con una interpretación casi teatralizada de su reciente 'Amo', pieza sombría de cadencia rotunda que invita a imaginar a un Gainsbourg con chupa de cuero en los ochenta o un Lavilliers pecaminoso tras ingestas de New Order. La exbanda (ahora emancipada) de Nacho Vegas coloreaba la madrugada con la poética 'Como la piedra que flota', otra joya de su tercer y flamante álbum, 'Vamos a volvernos locos'. Abraham Boba y los suyos arrollaban definitivamente con 'La Ribera'. Acres, cáusticos, afilados de pluma leonina y crisis de los cuarenta. Aguardaban aún los tirantes tabernarios de La M.O.D.A. y su fraseología inflapechos. Era el broche de oro para un Granada Sound netamente español. Una cita que valió como radiografía del estado del pop alternativo en este país. Ahora, a por la novena.

Una de las gozadas del Granada Sound es la diversidad, los bandazos. Si Mucho empezaba con hedonismo vitriólico, Morgan protagonizaban el primer escenario tumultuoso de la tarde defendiendo la antorcha de la raíz americana. Rock, soul, folk, góspel, funk… Todo en batidora y vitaminado entre teclas electrizantes. Imaginen a Adele con The Band, pero en plan 'made in Spain'. Magnetismo que se abre paso a martillazos, con el empuje de la garganta de Carolina de Juan. Embriagadora, agazapada tras el piano en el extremo izquierdo, su voz arenosa y repleta de matices embelleció un cielo que contenía la tormenta en ese 'Another road (gettin' ready)'. Lo más próximo al desmelene fue el final, cuando Nina bailó descalza, con su vestido rojo, como en una instantánea de Woodstock.

Pero había quien buscaba un punto de canallería. En la carpa de dj's se reciclaban viejos himnos del 'infraunderground', del 'electroclash'… Y a un palmo, la magnífica puesta en escena de los también madrileños Rusos Blancos. 'Bailando hacia el desastre', su cuarto álbum, relató un negro futuro que consiste en hacerse mayor. Pop danzarín y elegante elaborado por y para treintañeros. Deleite de textos irónicos en unos supervivientes de cuando el 'indie' era 'indie'. Con imagen y dispuestos a divertir.

El término medio lo planteó a continuación Anni B Sweet. La malagueña, ya granadina metropolitana adoptiva, se ha reinventado tras su conversión al castellano en su 'Universo por estrenar'. Los encuentros allá (en Londres) y aquí con James Edward Bagshaw, líder de Temples, han dado frutos. Evanescente, Ana ha redimensionado sus sonoridades retrofuturistas y su filiación neopsicodélica. Cual Tori Amos gatuna, de vez en cuando arañó ('Buen viaje'). Y brindó con unos «amigos muy amigos, de los que he aprendido un montón». Eran Lori Meyers, con los que cantó la añeja 'Dilema', una añeja obra maestra pop de los de Loja. Momento para enmarcar.

Otro acierto del Granada Sound ha sido la agilidad con la que se han alternado los escenarios gigantes. Iván Ferreiro cumplía el ritual de insertar versos del 'Diecinueve' de Maga en su cierre en alto con 'Turnedo' mientras Zahara asomaba con la sintonía de 'Expediente X' para arramblar al compás de 'David Duchovny'. Imposible contabilizar la cantidad de veces que el gallego ha actuado (y triunfado) en Granada. Una costumbre que inició a la par que su carrera en solitario, con llenos que empezaron a ser habituales en la sala El Tren en 2005.

Arropado por secundarios de lujo (Pablo Novoa, Ricky Falkner, su hermano Amaro), a los que introdujo en clave de 'rave', Ferreiro puede tocar mil veces la misma canción de forma distinta (reformuló de nuevo su 'Años 80' de tiempos de Piratas). Su plasticidad se agradece, sorprende. Lo que no cambia nunca es el pegamento de su éxito: un timbre vocal con patente de corso, roto, aniñado, de ampulosa afectación. Las canciones de Iván dignifican la resaca. Messi, toma nota.