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Generoso Pitingo

Su propuesta mestiza fue muy aplaudida por el público de Granada que acudió al Manuel de Falla

Pitingo, brazos abiertos y mirada al frente, durante su actuación en el Auditorio Falla. /RAÚL CONSTAN
Pitingo, brazos abiertos y mirada al frente, durante su actuación en el Auditorio Falla. / RAÚL CONSTAN
JORGE FERNÁNDEZ BUSTOSGRANADA

Antonio Manuel Álvarez Vélez, conocido como Pitingo, que en caló significa 'presumido', ocupó la velada del miércoles en el auditorio Manuel de Falla, enmarcado en los Encuentros Flamencos de Granada, en un concierto que duró casi tres horas. Al cantaor onubense le gusta hablar y una buena proporción del tiempo empleado fue para contar anécdotas, departir con el público y lanzar mensajes como un predicador en los que proclamaba la igualdad, el respeto y la multiculturalidad como leitmotiv de sus propuestas musicales. No en vano venía arropado, además de Víctor Tomate, como guitarra flamenca, bajo, guitarra y violoncelo eléctricos, batería y caja, trompeta y el coro de góspel Factory Oficial que sonó de lujo y dio sentido a su propuesta.

Pitingo navega entre el flamenco y el soul; cada vez menos flamenco; cada vez más 'soul man'. De hecho las aproximaciones al cante ortodoxo, soleá, granaínas o bulerías, estuvieron faltas de pellizco, por decirlo de alguna manera. Sus incursiones afroamericanas en cambio (unas más que otras) sonaron a gloria con su sentimiento y torrente de voz. Nos extraña por ejemplo en piezas como el clásico mexicano 'Cucurrucucú paloma' en versión de Caetano Veloso, derrochaba control y energía mientras en los temas flamencos no siempre llegaba.

Rescató algunos temas de su trayectoria, pero sobre todo quiso presentar su séptimo y último trabajo discográfico 'Mestizo y fronterizo' en su gira 2018, donde pasa del castellano al inglés y del flamenco al soul con toda naturalidad, añadiendo además un acento bajo-andaluz y un eco gitano madrileño que le hace único. Sus originales 'soulerías' protagonizaron la primera parte de un concierto tácitamente dividido en tres partes, diferenciadas por algunos temas de su banda sin él presente. Entre sus nuevos temas sonaron 'Imagen', soleá con letra propia dedicada a John Lenon y a Mario Escudero, que terminó con el 'Imagine' del cantante británico; 'Soul Man', el primer sencillo del disco que grabara con el maestro Sam Moore; 'Killing me softly with his song'; el blues conseguido de Ray Charles 'Georgia on my Mind'; 'Proud Mary'; 'A puro dolor', que recordó a Operación Triunfo; o 'Guantanamera'.

En el tercer bloque se acordó de Enrique Morente, diciendo que se dedicó a la música gracias a sus consejos y lució un chaleco con el nombre del maestro confeccionado por Aurora Carbonell. Con fondo marcial, como si fuera un himno, cantó 'Estrella' iniciada por su hijo Manuel, de seis años, cantando fuera del escenario, pues confesó que era celoso de su intimidad y no quería mostrar al niño «como si fuera 'la Pantoja'». Remató el tango morentiano con el estribillo en inglés secundado por el trío de voces africanas. Con algún éxito más y una sonrisa de oreja a oreja terminó Pitingo su generoso concierto, una propuesta mestiza que fue aplaudida durante bastantes minutos y la satisfacción cómplice de los asistentes.

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