Trabajar por amor a la buena música

Trabajar por amor a la buena música
ALFREDO AGUILAR

Los voluntarios del Festival, casi un cuarto de siglo al pie del escenario Son 35, los hay que empezaron el primer año en que el grupo se puso en marcha, y recién llegados, todos con la misma ilusión

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Por nuestra pasión realizamos acciones que en primera instancia no haríamos. Las aficiones son la válvula de seguridad de la vida corriente, y ofrecen razones para seguir adelante. Sentirse útiles, a la vez que disfrutar de una afición como la música, es lo que mueve a los 35 voluntarios del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, quienes prestan servicio a los asistentes tanto a los espectáculos del programa principal como a los del FEX. El más joven tiene 19 años, y los mayores superan la setentena. Pero a todos les une el afán común de disfrutar y hacer disfrutar a los demás durante los 17 días que dura el evento. El grupo de voluntarios fue creado en 1994, durante la etapa del compositor Alfredo Aracil al frente del evento, por lo que este año cumplen 24 siendo los cómplices eficaces, atentos y silenciosos de organizadores y público que acude a los espectáculos. De lo que el público requiere sabe mucho Dionisio Renedo, granadino que ha pasado 17 años siendo responsable de atención al espectador en seis de los principales teatros de Londres, en el mítico West End.

Jubilado la pasada primavera, aprovechó sus vacaciones para explorar las posibilidades de seguir colaborando en iniciativas culturales, y disfrutar de los mejores espectáculos que pasan por la ciudad. «En Londres vi 'El fantasma de la ópera', 'Mamma mia', 'Cats' y todos los musicales que han marcado una época. Aquí espero seguir viendo buenos montajes», comenta. Dionisio se 'estrenó' el pasado miércoles en el espectáculo de Gioco Vita en el Teatro Isabel la Católica, y como anécdota, cuenta que «empecé a decirle al público 'Welcome' y 'Your tickets, please', ja, ja, ja... Se me escapaba el inglés todavía».

Dionisio tiene una larga relación con el arte a sus espaldas, ya que estuvo al frente del Grupo de Bailes Regionales. «Unir mi pasión con este voluntariado, que entiendo básicamente como un hobby, ya que es completamente altruista, me encanta. El Festival es un gran evento, y merece la pena», comenta.

«Nosotros repetimos año tras año, porque esto engancha», dicen José Manuel y Pilar

Desde que la empresa Azafatas Alhambra se hiciera cargo de ellos, en 2012, la evolución de las solicitudes ha crecido, según Marisa Rodríguez, coordinadora de voluntarios, «porque en esta experiencia funciona mucho el 'boca a boca'. Si un voluntario tiene una experiencia positiva, su entorno participa de esa experiencia: su familia, sus amigos... Es por eso que cada año tenemos más peticiones».

Desde el primer año, Santiago Pérez forma parte del grupo. Este guía de la Alhambra se caracteriza por ser un alma inquieta, siempre presente en todos los 'fregados'. Y tiene decenas de anécdotas. «Recuerdo que tuve que atender a Michael Nyman. Mucha gente dice que es excéntrico, pero conmigo fue encantador», recuerda. «Me encontré a Anoushka Shankar en la Alhambra, y de forma espontánea, le hice una visita guiada. Fue muy amable, y me regaló un disco suyo», recuerda. «Somos embajadores de la cultura de Granada, y esa es una gran responsabilidad», añade. Ha trabajado con cuatro directores -Aracil, Gámez, Martínez y ahora Heras-Casado-, y de todos ellos destaca su preocupación por el bienestar de los voluntarios, aunque unos se hayan mostrado más cercanos que otros. «Cada uno tiene su forma de ser, pero todos nos han cuidado», asegura.

Los voluntarios reciben una completa formación previa al comienzo de su trabajo en el Festival

Los perfiles de los voluntarios no pueden ser más variados. Hay empresarios y funcionarios jubilados, antiguas empleadas de banca, camareros, estudiantes, y muchos músicos y bailarines, deseosos de ver de cerca las evoluciones de sus ídolos. Tal es el caso de Luna Maestro, llegada desde Barcelona, quien estudió piano y ahora sigue estudiando un grado internacional de danza. «Vine el año pasado a ver un espectáculo y me quedé prendada del ambiente del Festival. Un amigo me habló de ser voluntaria y este año me inscribí sin dudarlo», asegura.

También hay abonados de la OCG que prolongan el disfrute melómano dos semanas más, y quien, incluso, programa sus vacaciones para estar libre los días del Festival y ser voluntario. El trabajo es muy importante e intenso. Un espacio como el Teatro del Generalife acoge a 2.000 personas, y genera unos flujos humanos que requieren atención constante por parte del equipo técnico, de azafatas y de voluntarios. «Terminamos todos reventados, pero habiendo disfrutado mucho», comenta la coordinadora.

Lazos

Tantas horas de trabajo en común han dado lugar, incluso, a la aparición de parejas, algunas de las cuales han llegado a casarse. «Muchas veces, al ver los perfiles, uno se da cuenta de que hay personas que van a congeniar. Y congenian», afirma divertida Marisa Rodríguez. Hay quienes repiten año tras año, porque reconocen que «esto engancha», tal y como aseguran José Manuel Inclán y Pilar Llorente, dos de los voluntarios más veteranos -20 años él, 19 ella-. «Ambos somos muy melómanos, nos inscribimos con mucha ilusión; siempre nos hemos sentido fenomenalmente tratados, y el público es muy amable con nosotros», aseguran. Como anécdota, ambos recuerdan la de un espectador que se quedó extasiado mirando la luna en el Generalife, y acabó en uno de los estanques, completamente empapado. «Le secamos como pudimos», recuerda José Manuel.

Los hay que son grandes cronistas, como Luis. Cristina y José Luis son hermanos y músicos. Candela, de Sevilla, estudia en el Conservatorio. Jaime es historiador del arte. Marina toca el clarinete. Víctor también es músico. Manuela estudia danza. Sofía trabaja en Marketing y Comunicación. Lucía ha sido voluntaria en campamentos y este año da el salto por primera vez... Cada uno de ellos tiene su propia historia. Hasta 35 distintas, nada menos. Y no sólo proceden los voluntarios del mundo humanístico, también hay físicos y científicos, porque la música también tiene mucho de ciencia, y qué decir del trato con los humanos, el cual, bien perfeccionado, supone uno de los logros científicos más importantes de la historia de la civilización.

Las condiciones para ser voluntario son muy sencillas: ser mayor de 18 años; si es posible, hablar idiomas -estamos ante un Festival Internacional, no lo olvidemos-, y tener disponibilidad durante los días del evento, asistiendo a un mínimo de diez espectáculos. A ello debemos añadir que hay que traer 'buen rollo': «No es tanto la formación, es la forma de ser, el espíritu de sumar para que todo salga bien», comenta Marisa.

El proceso para ser voluntario se inicia, pues, con el envío del currículo. Tras recibirlo, se hace una preselección de los candidatos en una entrevista, y a partir de aquí se organizan los turnos y cuadrantes, un auténtico trabajo de dimensiones orientales. Carlos V precisa 11 personas, 16 el Generalife, el Patio de los Aljibes o el de los Arrayanes precisan cuatro cada uno de ellos, los espectáculos del FEX requieren dos como mínimo... Allí se les puede ver, fácilmente identificados con su polo rojo y sus pantalones y zapatos negros.

Sus funciones

«Los voluntarios complementan la acción de los responsables de seguridad y control de accesos, y el de las azafatas», comenta Marisa Rodríguez. Y reciben una formación muy completa en charlas previas a la celebración del evento, que abarcan aspectos tan diversos como las acreditaciones, prevención de riesgos laborales, el protocolo a seguir con las personas de capacidades diversas, la evacuación o el uso de desfibriladores. Y es que la salud de los asistentes es uno de los temas más cuidados en el Festival, que cuenta, como es preceptivo, con ambulancia de emergencias y sanitarios durante todo el desarrollo de los espectáculos y el tiempo inmediatamente posterior Cualquier voluntario dispone de toda la información disponible en torno al Festival, el plano de asientos, y está dispuesto para resolver casi cualquier duda que se le plantee al espectador.

Desde una hora antes del inicio del espectáculo, los voluntarios están listos para actuar allí donde se les demanda. A veces, viven situaciones complicadas, como cuando alguien llega tarde y echa la culpa de su retraso al voluntario, o cuando alguien, a pesar de la prohibición de grabar los espectáculos, se empeña en llevarse un recuerdo en formato vídeo... «Ahí, siempre, les decimos, con el máximo respeto y cariño, las normas que rigen en el Festival», comenta la coordinadora.

Cándido Caparrós, arquitecto, y José Antonio Romera, profesor en la Escuela de Arte, se incorporaron al equipo hace cuatro años. Cándido afirma que «los espacios donde se desarrolla el Festival invitan al disfrute. Luego, conocer a los artistas, contemplar los instrumentos, algunos valiosísimos, con los que tocan, es una experiencia increíble». La noche del pasado jueves, José Antonio estuvo en la mesa de la entrada del Carlos V, en la mesa de los programas. Todo estaba en su sitio, todo preparado para el disfrute de los miles de personas que, año tras año, acuden al evento cultural más emblemático de la provincia de Granada.

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