'El sombrero de tres picos', empapado

Un momento del recital El Sombrero de Tres Picos que despidió el Festival anoche. /Alfredo Aguilar
Un momento del recital El Sombrero de Tres Picos que despidió el Festival anoche. / Alfredo Aguilar

La jornada de clausura del Festival, deslucida por culpa del mal tiempo

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGranada

Dicen que Felipe II justificó el desastre de la Invencible con la frase de que no mandó a luchar contra los elementos. Algo de eso ha podido decir nuestro director de Festival y en la sesión de anoche el director de la Orquesta Mahler porque nadie podía pensar que el agua, tan escasa y tan necesaria, iba a hacer su aparición de la manera más inoportuna. Había un lleno absoluto en el Palacio de Carlos V para escuchar el concierto que iba a ser la culminación de la presente edición del Festival. Mucha expectación porque en el año del 'Sombrero de Tres Picos' esta obra iba a ser la que clausurara el Festival. Antes del momento cumbre de la noche, la referencia a Igor Stravinsky con su Pulcinella y el estreno de la obra encargo del Festival, el concierto Alhambra, para violín y orquesta del compositor húngaro Peter Eötvös. Pero estaba claro que la meteorología nos iba a jugar una mala pasada o, para ser más exactos, dos o tres malas pasadas llevándose al traste el tan esperado Sombrero fallesco.

Se había llegado al final de la sesenta y ocho edición del Festival Internacional de Música y Danza de una forma especialmente significativa, con la culminación de un centenario que ha estado presente a lo largo de varias sesiones del Festival. Como es lógico nos estamos refiriendo al centenario de 'El sombrero de tres picos', obra clave en la producción de Falla, obra que ha sido tratada a lo largo de un importante congreso y que sigue siendo objeto de estudio y de conmemoraciones a lo largo del año. Como la presencia del 'Sombrero' en una noche de ballet en la que se rememoraba el estreno, pero además con la coreografía original, con los decorados y con los figurines que imaginara y plasmara Picasso y con toda una importante puesta en escena, amén de la presencia de una interesante exposición en el Centro Manuel de Falla. Elena García de Paredes y el catedrático Antonio Martín Moreno han sido piezas claves en buena parte de los estudios y trabajos conmemorativos.

Esta edición del Festival tenía como hilo conductor en algunos aspectos esta conmemoración tan entrañable para todo aficionado español. / Alfredo Aguilar

De modo que esta edición del Festival tenía como hilo conductor en algunos aspectos esta conmemoración tan entrañable para todo aficionado español. Y lo iba a hacer a lo grande, con la participación de la Orquesta Mahler y dirigida por el joven granadino, de trayectoria internacional, y director del propio Festival, Pablo Heras-Casado. Un fín de festival sumamente atractivo puesto que también se contaba con un estreno encargo del certamen granadino y con una referencia a un músico muy unido también a Falla como fue el ruso Igor Strawinski. Con todos estos mimbres el éxito final estaba asegurado y se culminaba una edición en la que ha habido cosas tan importantes como la semi representación de 'Las bodas de Fígaro', la presencia de María Joao Pires, la actuación de Schenbach al frente de la Orquesta de París con un Mahler inolvidable, sin dejar pasar ese detalle de romanticismo y belleza plástica que es 'Giselle en el Jardín del Generalife'. Pero la lluvia acabó con todas las ilusiones.

Nada hacía presagiar el fiasco final. Se ofreció una versión limpia y elegante de la Pulcinella de Stravinsky. Me empezó gustando el sonido y afinación de las trompas y los contrastes tan bien marcados por Heras-Casado, que tiene una mano izquierda que habla, que dibuja la música. Después creíamos que escucharíamos el concierto estreno. Pero cuando iba avanzada su interpretación, la lluvia hizo acto de presencia y hubo que suspender. Rato de espera para avisar por la megafonía que se volvería a interpretar este concierto en su totalidad. Para finalizar con Falla. Y así sucedió. Escuchamos la citada obra que recibe el nombre de nuestro monumento y en el que Peter Eötvös reflexiona, sueña, revive la Alhambra. Para ello cuenta con el violín como instrumento solista, bien utilizado por laviolinista Isabelle Faust. Existe un diálogo entre solista y orquesta, está bien estructurado pero me ha parecido algo premioso y, aunque el público ha demostrado entusiasmo, tengo que reconocer que no comparto el criterio mayoritario.

Buen trabajo compositivo pero debió buscar una mayor belleza, el gran soporte de la técnica queda un tanto incompleto. Muy bien la solista y excelente Heras-Casado, trabajando con todo detalle, muy riguroso. Después el gran acontecimiento: 'El sombrero de tres picos'. Pero empezamos escuchando el inicio y la danza de las uvas. Muy bien la orquesta y superior Heras-Casado entendiendo perfectamente la escritura de Falla. Pero ahí quedó todo porque la lluvia arreció y la noche de clausura quedó por fin pasada por agua. Una lástima.