Salonen y la Philarmonia ponen el broche de oro al Festival de Música y Danza de Granada

Cierre de lujo en el Carlos V con música de Beethoven y Wagner y la batuta de Salonen al frente de la Philharmonia Orchestra./ALFREDO AGUILAR
Cierre de lujo en el Carlos V con música de Beethoven y Wagner y la batuta de Salonen al frente de la Philharmonia Orchestra. / ALFREDO AGUILAR

El Festival despide su 67ª edición a lo grande con el empaque especial del director finlandés y la unión de los genios de Beethoven y Wagner

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

Creo recordar que fue hace treinta años cuando vino a Granada, por primera vez, el entonces muy joven director finlandés Essa-Peka Salonen. Es cierto que el nórdico causó una impresión buenísima. Era ya un director bastante cotizado, a pesar de su juventud, y se le auguraba una carrera brillante. Como así ha sido. Otra segunda vez estuvo en Granada, pero en esa ocasión no tuve la suerte de escucharlo.

Anoche volvió al palacio de Carlos V en plena, en espléndida madurez, con autoridad, con ese gran empaque especial que tienen los directores con carisma. Ruego perdonen el empleo de esta palabreja que tantas veces usamos sin ton ni son, y que no es precisamente de mi preferencia. Pero bueno, el Festival en esta su sesenta y siete edición, ha decidido finalizar a lo grande con una orquesta de tanta importancia, de trayectoria tan brillante como es la Philarmonia Orchestra, con un director como Salonen y con la participación de una mezzosoprano tan interesante como la estadounidense Michelle De Young.

Y un programa sumamente atractivo, nada menos que unidos en la noche granadina dos astros rutilantes de la composición: Beethoven y Wagner. Dos conceptos, dos personalidades tan diferentes en el mundo de la música, con sólidos criterios propios que imponen sin ningún complejo, con la plena seguridad que da el saber que están acertando.

Noche de clausura que tenía un hálito especial por los compositores, por el programa, por los intérpretes. En el capítulo orquestal un momento especialmente esperado después de la brillante participación de los músicos rusos de la Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Noche cálida donde las haya y no solamente en lo climatológico, sino en la emoción que viene siempre emparejada ante un programa y unos intérpretes con los que el público se siente especialmente feliz. Como no puede ser menos. Unidos en el programa Beethoven y Wagner. Unidos en el programa la Heroica y Brunilda del Ocaso de los Dioses. Ahí es nada.

Y en una noche casi mágica se entremezclan los conceptos de héroes y dioses heroicos. Mucho más que mitología germana. Ya sabemos la génesis de la Heroica y la decepción beethoveniana ante la megalomanía. Un héroe que no lo era tanto queda apartado y surge la referencia a Prometeo, fácilmente identificable. Sigfrido desciende río abajo y Brunilda expondrá sus emociones, sus sentimientos en una concepción estética única. Dos colosos alemanes, dos genios enlazados en un programa de clausura, inteligentemente trazado y brillantemente realizado.

Maravillosa Tercera Sinfonía

Me alegra mucho poder escribir que ha sido una noche de gran altura musical. Por el programa y por la brillante actuación de los intérpretes. Empecemos con la Tercera Sinfonía. Una maravilla dentro del contexto estético de Beethoven. Es la Sinfonía que podemos considerar de la ruptura con los esquemas anteriores. Es el Beethoven más auténtico, intenso, apasionado. Sinfonía formidablemente estructurada, con un primer movimiento que los vieneses consideraron demasiado largo.

Hoy se nos hace corto. Con una estructura tradicional, a pesar de la mayor longitud. Con la aparición de esa marcha fúnebre, plena de solemnidad, donde la tristeza casi deja paso a la majestuosidad de unas melodías

sabiamente combinadas y apoyadas en un alarde de sabiduría armónica. Un tercer movimiento, donde las trompas -qué afinadas estuvieron- cobran protagonismo y el cuarto lleno de una serena belleza, casi plena de optimismo. Ante esta obra genial Essa-Peka Salonen estuvo francamente bien, conjugando de forma admirable los planos sonoros, resaltando todo lo que hay que destacar en la exposición de una obra tan rica y densa. El tempo que utilizó Peka-Salonen fue muy personal, muy efectivo. Hizo valer su buen criterio y los resultados fueron francamente buenos.

La Philarmonia Orchestra es un conjunto espléndido, con una buena cuerda y con un metal poderosísimo, una madera brillante y dúctil. Un conjunto excelente, donde también los timbales estuvieron a la altura del protagonismo que les da Beethoven. Era el comienzo de una noche que resultó especialmente hermosa, donde la mejor música fue servida por unos excelentes intérpretes.

Un Wagner espléndido

Y eso fue aún más completo, si cabe, en la segunda parte donde Wagner fue el gran protagonista. Hombre egocéntrico, altivo, pero de una calidad excepcional, requiere intérpretes que estén a su altura. Essa-Peka Salonen estuvo, a mi juicio, excepcional, obteniendo el máximo rendimiento de una orquesta que anoche estuvo en estado de gracia. Formidables las trompas, con una gran musicalidad la cuerda que ha brillado poderosa., con una percusión espléndida y con unas maderas de riquísimo timbre.

Los fragmentos elegidos de Die Götterdämmerung, con ese amanecer y viaje de Sigfrido por el Rhin, con la inmolación de Brunilda, con toda la excepcional carga musical, con todo lo exigente de tan complicada y hermosa partitura, tuvieron al intérprete afortunado en el director finlandés. Pletórico, formidable en la planificación que hizo de las obras a interpretar. Sonó un Wagner espléndido, formidable y contó con la buena colaboración de la mezzo Michelle De Young que supo cantar con dramatismo, con pasión e intensidad, unos fragmentos que son terriblemente exigentes.

Cantante, orquesta y director, fueron capaces de trasladarnos al mágico, mitológico mundo de Wagner, al concepto estético de su creación a la riqueza incomparable de sus páginas orquestales, donde se exige todo y lo hermoso es cuando, como en esta ocasión, los intérpretes son capaces de dar todo lo que se les pide.

Momento brillantísimo, broche de oro de esta edición del Festival. No cabe la menor duda de que Essa-Peka Salonen supo conquistar de nuevo al público granadino, poniendo toda su enorme calidad como director, sobrio, conciso, pero tremendamente eficaz, con un concepto de la musicalidad que enamora. Con él una orquesta, vuelvo a repetir excelente y una estupenda mezzosoprano. Enhorabuena.

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