El patio de los Mármoles se transformó en Versalles

Forma Antiqva, en el Hospital Real.
/RAMÓN L. PÉREZ
Forma Antiqva, en el Hospital Real. / RAMÓN L. PÉREZ

JOSÉ A. LACÁRCEL GRANADA

El patio de los Mármoles del Hospital Real, con su serena belleza, con su elegante trazado, invitaba a una velada grata, a una velada para disfrutar. Además, la temperatura estaba ayudando porque anoche estábamos alejados de ese calor sofocante que, entre las venerables piedras del patio de los Mármoles, parece acrecentarse. Por el contrario, una grata sensación nos producía bienestar y preparaba suficientemente el ánimo, dispuesto a pasar un buen rato de música.

Para ello se contaba con la actuación del grupo Forma Antiqua que había triunfado en la mañana del sábado en la iglesia del Monasterio de San Jerónimo, tal y como nos contaba en su jugosa crónica nuestro compañero Andrés Molinari. Y los miembros de Forma Antiqua no nos defraudaron lo más mínimo, yo diría que el concierto se nos hizo corto, tan contentos estábamos con lo que se estaba desarrollando sobre el escenario. Forma Antiqua había preparado un programa que titulaba Les Scaramouches, farsa, sátira, tragedia y comedia en la noche francesa. Como estamos, afortunadamente, disfrutando de estas espléndidas muestras de la cultura francesa, acudimos con una buena dosis de ilusión y el resultado ha sido cuando menos muy gratificante.

El programa
Obras de Prokofiev y Shostakovich .
Los artistas
Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky. Valery Gergiev, director. Sergei Khachatryan, violín .
El ambiente
Palacio de Carlos V. Domingo, 1 de julio. Lleno .
El programa
Obras de Marin Marais, Lully, Couperin, Leclair y Corette.
El ambiente
Patio de los Mármoles del Hospital Real. Casi lleno.
Cova. Recital de arias censuradas en su época. Centro Cultural CajaGranada. 22
00 horas.
'Il barbiere di Siviglia'. Proyección de laproducción del Teatro Real. Plaza Ciudad de los Cármenes. 22
00 horas.
María Terremoto. Cante. Huerta de San Vicente. 22
00 horas.
Manuel Liñán. 'Nómada'. Teatro Isabel la Católica. 22
30 horas.
Pierre Hantaï. Clave. Centro Cultural Manuel de Falla (Sala B). 22
30 horas.

La sombra de Scaramouche como motivo, como hilo conductor de toda la noche musical. Uno, la verdad, casi creía que podría ver a Scaramouche, enmascarado, con la espada en una mano y la mandolina terciada sobre el pecho, descender acrobáticamente, desde una de las galerías del Hospital Real, deslizándose por una escala que se apoyaba en las nobles columnas del patio. Pero aunque esto no era posible sí hemos tenido una compensación a nuestro juego imaginativo, con ese paseo por la corte de Luis XIV. Resulta que el patio de los Mármoles se convirtió, gracias al embrujo de la música, en los salones de Versalles y entre los venerables muros del recinto renacentista español, han sonado y de qué eficiente forma, aquellos aires de danza, que dieron vida, que dieron lustre a la sofisticada corte del Rey Sol. Las músicas de Lully, que tanto escribió para Luis XIV, que fomentó las indiscutibles dotes de danzarín que poseía el rey, la música de quien fue amigo y maestro del monarca, Lully, junto con la de Marin Marais, la de los grandes Couperin, JeanMarie Leclair, Michel Correte. Todos ellos nos han trasladado a los salones y a los jardines de aquel Versalles de ensueño que fue la morada y mudo testigo del esplendor de un rey amante de la cultura, fervoroso de la danza, enamorado de la música.

Hemos tenido la suerte de escuchar un grupo especializado en música antigua, en este caso barroca, de un nivel muy alto. El director y clavecinista es Aarón Zapico y con él han tenido legítimo protagonismo Alejandro Villar y Guillermo Peñalver, como flautas, Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, violines, Antonio Clares, viola, Jorge Muñoz, contrabajo, Ruth Verona, violonchelo, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca y David Mayoral, percusión. Perfectamente conjuntados, con un interesante criterio selectivo a la hora de elegir el programa, la noche se ha deslizado plácida y gratamente y el público, que no llenaba el recinto, ha saboreado un concierto donde el buen gusto y la delicadeza han sido premisas importantes, cauces adecuados por donde ha sabido discurrir el programa. Se ha cuidado el sonido, se ha cuidado la fidelidad al espíritu y a lo escrito por los grandes barrocos franceses -Lully, aunque de origen italiano era de vocación francesa- se ha buscado la autenticidad y la pureza, no persiguiendo otra finalidad que la del trabajo bien hecho. Han sido buenos músicos y han estado en buenos músicos.

No puedo ni quiero silenciar la gran aportación al buen éxito del espectáculo de la encantadora Natalia Huarte, sobria, graciosa, espléndida en el decir y en el actuar. Ella ha desgranado con gracejo y donaire textos de Madame de Sévigné, de Marguerite Duras, de Molière, de Louise Labé y Joyce Mansour. Ella ha hecho la selección y le ha dado vida. La idea original y la selección musical ha sido de Aarón Zapico. La sombra de Scaramouche y de Luis XIV y los grandes músicos, ha sobrevolado el mágico recinto del Hospital Real. Y nosotros hemos estado allí para disfrutarlo.

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