Música de cámara junto al Salón de Embajadores

El cuarteto de cuerda Meta4, anoche en el Patio de los Arrayanes de la Alhambra./ALFREDO AGUILAR
El cuarteto de cuerda Meta4, anoche en el Patio de los Arrayanes de la Alhambra. / ALFREDO AGUILAR

El grupo finlandés Meta4 interpretó obras de Fanny Mendelsssohn, Saariaho y Schumann, en el Patio de los Arrayanes

ANDRÉS MOLINARIGranada

Interesante concierto del grupo Meta4, con una primera parte trabada por la reivindicación de la mujer compositora, y una segunda, más para la galería con un clásico del género. La música de cámara asoma por primera vez a la programación de este 68 festival de Granada por la puerta grande, y en el lugar privilegiado de la Alhambra que es el Patio de los Arrayanes, en el que la noche juega a ensueños de leyenda, el sonido, por suerte esta vez no mixtificado por altavoces, juguetea con arcos, mirtos y atauriques, y la luz, aunque sea eléctrica y a veces se vaya, crea sobre el agua quieta acechanzas preciosas de los hombres y de sus cosas.

El cuarteto Meta4 formado por Antti Tikkanen, violín; Minna Pensola, violín; Atte Kilpeläinen, viola y Tomas Djupsjöbacka, violonchelo, es un conjunto finlandés de fama internacional. Comenzó la noche con una rareza: el cuarteto de 'La hermana de Mendelsshon', Fanny, que vivió ensombrecida por el brío, la elegancia y la fama de su hermano, sobre todo de sus cuatro sinfonías, que oímos una correcta, aunque algo pálida versión de la tercera, por la OCG, el día en que se inauguró este festival. Ahora la música de Fanny, que indudablemente sueña lejanamente a Hamburgo y a la casa judía de los Mendelsshon, estaba en otras manos. También era otro género. Más cercano, más concreto, menos descriptivo de geografías ni de periplos.

Delicadeza femenina desde el primer acorde, preciosos encuentros de los cuatro instrumentos en una misma nota, algo de frialdad finlandesa en el pronto y cierta confusión sonora en la romanza, que fue corregida a tiempo por el grupo, en el allegro molto vivace. Corrección más que preciosismo.

La mujer y la muerte

No. No se trata del célebre cuarteto de Schubert, al que yo le he cambiado el título. Se trata de una compositora finlandesa, la segunda mujer de la noche, dándonos a conocer, para mí por primera vez en vivo, una obra sobre los difuntos y la tierra que los acoge y los desvanece. Kaija Saariaho es una veterana compositora ártica que ha tocado todos los géneros, desde la ópera hasta la música electrónica pasando por los esquemas más tradicionales de la música de cámara. Terra Memoria posee otra versión para orquesta de cuerda, pero como cuarteto guarda toda su espiritualidad y reconcentra el sentimiento de meditación y recogimiento que empapa toda la obra.

El cuarteto estelar de la noche dibujó ondas de languidez, pizzicatos como latidos casi apagándose, hilos de sonido que se desvanecen como nuestras vidas, un réquiem sin texto. Comienzo y final casi inaudibles, del silencio venimos y al silencio vamos. Notas largas escuetamente decoradas con vibratos en piano, repeticiones como salmodias. Luego un asomo de caos, sin olvidarse de la repetición que es alma y vida de la pieza, y un diálogo en fuga entre cuerdas graves y leves. Bellísimo sonido que, gracias a la interpretación de Meta4 nos reconcilia con la música contemporánea. Se notó el paisanaje entre autora e intérpretes.

Clásico para un monumento

El cuarteto de cuerda debe ser plato obligado de un Festival que se precie. Y la nueva lectura cada año de las partituras clásicas, la mejor oferta que puede incrustar en su programación. Si además lo hace en un monumento como la Alhambra, junto en su corazón simbólico, la noche puede ser completa.

Para el tercer cuartero de cuerda de Robert Schumann, escrito en la tonalidad de la mayor, el conjunto dispuso su mejor intención. Había que evocar aquel año 1842 en el que el atormentado compositor alemán se dedicó casi por entero a la música de cámara. Para ello el conjunto finlandés corrigió su frialdad del principio, se hizo algo más meridional. Tres de ellos en pie en una coreografía imposible para el chelo. Tratando de ser cercanos, con su camisa de flores y sus pantalones ajustados. Más escorados hacia lo académico que hacia lo creativo, más hacia lo escrupuloso que hacia lo sublime. Mejores momentos: ese 'agitato' con sordina o el final, tan apasionado.

Escuchamos dieciséis cuerdas bajo el pórtico de siete arcos, como siete notas de una escala que se encarama por la torre de Comares, haciendo música hasta convertirse en dueña de la noche y grato recuerdo para el Festival.