Juicio a vuelapluma de una edición mejorable

Bailarines del Real Ballet de Flandes. /ALFREDO AGUILAR
Bailarines del Real Ballet de Flandes. / ALFREDO AGUILAR

La incalificable espantada del tenor polaco Piotr Bezcala antes de la sesión del viernes supuso un serio revés para nuestro Festival

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

A la hora de enjuiciar un Festival, a la hora de hacer un balance general, hay que tener en cuenta varios aspectos. Fundamental resulta que sepamos distinguir entre la buena calidad habitual de los conciertos, como acontecimiento puntual en cada jornada de la muestra musical, y otro aspecto muy distinto el enjuiciamiento global del certamen tal y como venía anunciado. No se trata ahora de la crónica puntual de los conciertos celebrados, sino de lo que ha sido la programación total del Festival granadino, de cómo se ha planteado, de las reacciones que el programa como tal suscitaba, con una visión amplia, total, de lo que ha sido esta edición en la que el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, cumplía los sesenta y siete años de existencia. Lo cual no está nada mal ya que significa una reiteración en la consolidación de nuestra principal muestra, de nuestro más importante acontecimiento musical.

Este año precisamente el Festival estrenaba director. Después de la muy importante etapa que protagonizó Diego Martínez, se producía el relevo encarnado en la figura de un joven músico granadino, pero que tiene una proyección internacional consolidada y del que se espera realice una importante labor. Me estoy refiriendo, lógicamente, a la figura de Pablo Heras-Casado que ha debutado como director de la muestra granadina y que ha ocupado también el podio de director orquestal en dos sesiones del Festival: en la inaugural y en la del pasado viernes , en esta ocasión al frente de la OCG en cuya funciòn debía haber intervenido como gran figura el tenor polaco Piotr Bezcala, cuya incalificable espantada supuso un serio revés para nuestro Festival. Bueno, incalificable no, sí que es muy calificable su vergonzosa actitud a la que no nos referiremos más. Se palió el desaguisado con la presencia de un digno y buen pianista recomponiéndose el programa. Me imagino que Bezcala -por otro lado magnífico tenor- no pisará jamás el escenario granadino y, de paso, bueno sería que tampoco apareciera por ninguno de los escenarios españoles,o pero dado nuestro carácter acomplejado ante todo lo de fuera, no creo que este deseo mío se vea satisfecho.

Comentábamos el otro día con mi compañero Andrés Molinari, lo importante que es tener un grupo como residente en nuestra ciudad. Reconozco que ha sido un acierto y me congratulo en ello. También celebro que volvamos a la política de estrenos. La música es algo vivo, no solamente pieza de museo, y tenemos que conocer lo que se hace en el momento actual. Lo eterno en la música, siempre debe estar presente en lugar de honor, en lugar preferente, pero también es muy necesario que se brinde la oportunidad de escuchar y de que se estrenen obras actuales. Lo que hace falta es que las mismas tengan la calidad y el interés suficiente como para poder ser asumidas en las programaciones habituales. Es un reto y celebro muy sinceramente que se apueste por ello.

Dentro de un tono medio discreto ha brillado con verdadera luz propia la Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, así como su excepcional director Valery Gergiev. Dos noches antológicas, dos noches de categoría, dos noches en las que la Música con mayúscula brilló en todo su esplendor. Llamó poderosamente la atención la formidable cuerda de la orquesta, la belleza de su sonido, la categoría de los instrumentos de viento, la capacidad interpretativa de que dieron muestra en dos programas íntegramente rusos. No cabe duda que ha sido el gran acontecimiento del Festival.

Feliz regreso

Como también resulta muy estimable la presencia, tras treinta años de ausencia, de Essa-Peka Salonen al frente de un conjunto solvente como es la Philharmonia Orchestra y con atractivo programa. Mención especial merece el gran clavecinista Pierre Hantaï que, sin embargo, atrajo poco público. El resto de la programación revistió un interés y un buen resultado puntual pero lo he encontrado, de salida, menos definitivo para la elaboración de un gran Festival. Personalmente tengo que destacar la formidable versión musical que nos ofreció en el Patio de los Mármoles, el grupo Forma Antiqua y la para mí muy memorable actuación del Ensemble Aedes en el Monasterio de San Jerónimo.

En el capítulo de la danza relativo interés el del Royal Bllet Flanders y gratas actuaciones de la Compañía Nacional de Danza y los solistas de la Ópera de París. Merecido triunfo el de María Pagés. Y una serie de actuaciones, más o menos interesantes, pero sin llegar al nivel de las dos que hemos destacado de los músicos rusos.

Pienso que ha sido un festival de transición y esperamos mucho más de futuras ediciones. Pienso que Heras Casado -que estuvo a muy buena altura como director orquestal- tiene condiciones e ideas para consolidar la importancia del Festival granadino. No es fácil pero tengo la esperanza de que él sabe cómo tiene que enfocarlo y estoy seguro que podremos ver -D.m.- muchas y buenas ediciones de nuestro querido Festival. Le deseo toda la suerte del mundo y que brille tanto en la gestión como lo está haciendo en el podio.

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